0.- Presentación
"El
derecho que tiene cualquier profesor a no perfeccionarse, acaba exactamente
dónde comienza el derecho de los alumnos a tener el mejor profesor que esperan
de él"
FERNÁNDEZ PEREZ, M.
1992
Si consideramos que
la prioridad fundamental de cualquier Equipo Directivo reside en servir y ayudar
a que los alumnos se eduquen. Y si entendemos que la educación es un proceso
permanentemente inacabado en el que se cruzan y se relacionan procesos de
enseñanza-aprendizaje por un lado y procesos de orientación-desarrollo por otro,
no cabe duda de que su papel va muchísimo más allá que el de simples gestores o
administradores de recursos.
Frente a
concepciones burocráticas y autocráticas de la función directiva, las prácticas
cotidianas en nuestros Centros y las necesidades de nuestros alumnos y de la
Comunidad, demandan modelos organizativos de intervención educativa en los que
además de los criterios epistemológicos que fundamentan el curriculum, se
preste una mayor atención a elementos psicológicos, pedagógicos y sociológicos.
Nuestros alumnos son personas en permanente proceso de desarrollo, y como
personas, frente a cualquier rutina de subordinación de éstas a la organización,
habrá que invertir la óptica y poner los fines en su lugar: es la organización
la que tendrá que adaptarse a las necesidades de los alumnos y no a la inversa,
como sucede en los modelos rutinarios, por tanto, atender a la diversidad de
nuestros alumnos es un objetivo de primer orden. Paralelamente, en un mundo
cambiante dominado por el productivismo, el consumo, la insolidaridad y la
depredación de los recursos naturales, la fundamentación sociológica del
curriculum, va también mucho más allá que cualquier orientación que proporcione
una nueva ley para el sistema educativo, en este sentido atender a las
dimensiones éticas y estéticas de los seres humanos y concretarlas
transversalmente en nuestras prácticas, también resulta un objetivo de primer
orden.
Desde
estos objetivos, los Equipos Directivos tendrán que convertirse en impulsores y
dinamizadores de cambios e innovaciones pedagógicas, y es en este punto en
el que aparece un ámbito que resulta esencial: el de la evaluación de todos los
elementos, productos y procesos que intervienen y se generan en la práctica
educativa. Y es esta la razón que justifica la presencia de un Módulo de
Evaluación en un Itinerario de Formación de Equipos
Directivos.
Aunque
es la primera vez que abordamos el presente tema en una oferta formativa de esta
naturaleza, y será la experiencia compartida de los participantes, la que
determine la validez y utilidad de la misma, hemos creído conveniente que el
Módulo, quede estructurado, en principio, en torno a cuatro bloques o
sesiones:
1ª.- La
Evaluación: Análisis de una práctica.
2ª.- Concepto de
Evaluación: hacia una práctica superadora.
3ª.- El problema
de los Contenidos y los Instrumentos.
4ª.- La
Evaluación compartida o como práctica
intersubjetiva.
Cada uno
de estos bloques contendrá elementos ilustrativos que serán aportados por el
ponente, elementos formativos y de reflexión que aportarán todos los
participantes y por último convergencias prácticas o posibles prioridades de
intervención en los procesos reales.
Esperamos que el
esfuerzo que por nuestra parte hemos realizado por ofrecer esta aportación,
sirva para mejorar nuestras prácticas cotidianas y focalizar la atención en
nuestros alumnos, sobre la base de que son personas en proceso de crecimiento en
una sociedad, hoy más que nunca necesitada de respuestas
éticas.
Camas(Sevilla) a 18 de Marzo de
1.995
Fdo.: Juan Miguel Batalloso
Navas
1.-
La
Evaluación:
análisis
de una práctica
"...El
actual sistema de evaluación ha hecho posible la instalación del profesor en una
situación falsa, en la que le es posible sentirse con autoridad, con prestigio y
con poder (respetado y psicosocialmente seguro) en virtud de que tiene que
emitir su juicio sobre los alumnos. Mientras no se desarraigue esta falsedad
funcional que tergiversa la mayoría de las relaciones humanas y objetivas de la
dinámica escolar, los cambios educativos pensables habrán ignorado la raíz más
concreta de todas las resistencias a la metodología educacional de nuestro
tiempo..."
(FERNANDEZ PEREZ,
M.1986)
La práctica de la Evaluación, bajo su apariencia de
simplicidad, rigor y objetividad, es en realidad una práctica compleja,
contradictoria, dogmática y
patológica.
Práctica
compleja (HARTNETT y NAISH. 1976) porque inciden en ella multitud de variables:
si las ciencias sociales y de la conducta todavía no han sido capaces de dar una
explicación definitiva de las motivaciones de los actos humanos, ¿pueden
las prácticas de evaluación determinar con objetividad lo que un alumno
sabe y lo que desconoce? ¿que hay detrás de cada nota en un examen? ¿un proceso
de aprendizaje significativo y relevante o la recitación memorística de lo que
viene en el libro?. Práctica compleja también porque presupone la selección de
unos contenidos y unos medios: cuando respondemos a los qués y a los cómos,
estamos optando por una determinada concepción de los hechos educativos y
estamos atribuyendo una finalidad a las prácticas evaluadoras, ¿para qué
evaluamos? ¿para cumplimentar un deber burocrático que se corresponde con una
función selectiva? ¿o para ayudar a que nuestros alumnos aprendan y se eduquen?.
Y por último la evaluación es una práctica compleja porque es una actividad en
cuya realización están implicadas varias operaciones que van desde la
adquisición y elaboración de información hasta la emisión de juicios y la
adopción de decisiones (GIMENO SACRISTAN.
1992).
Es
también la Evaluación una práctica contradictoria porque participa de las
contradicciones existentes en las Instituciones educativas (SANTOS
GUERRA.1993): teoría-práctica, conservar-transformar, medios-fines,
diversidad-uniformidad, democracia-autoridad, educación-instrucción, valor de
uso-valor de cambio... Teóricamente la Evaluación es una actividad que consiste
en recoger información para emitir un juicio con el fin de tomar decisiones
(TENBRIK. 1981), prácticamente, ¿cuántas decisiones de orientación,
recuperación y ayuda se toman? ¿qué hacemos cuando conocemos perfectamente
el diagnóstico?. Teóricamente la Educación debe formar a ciudadanos para que
ejerzan de manera crítica en una sociedad axiológicamente plural, la libertad,
la tolerancia y la solidaridad (LOGSE), prácticamente ¿sirve la evaluación para
ejercer la libertad y la solidaridad? ¿son justas, participativas y solidarias
nuestras evaluaciones? ¿Qué aprenden realmente nuestros alumnos cuando son
evaluados?...
La
rutina de las prácticas evaluadoras tiene como objeto el alumno, como medio
el examen y como fin la calificación selectiva expresada cuantitativamente.
La evaluación del Centro, del Profesor, del Curriculum, de la misma
Evaluación, no es una práctica habitual en nuestras escuelas y al
parecer vamos a continuar así: ¿se puede cambiar el Sistema Educativo
y la Educación sin cambiar la Estructura Organizativa y la
Profesionalización del Profesorado?. La prácticas evaluadoras están
enfermas, su patologización (SANTOS GUERRA. 1990) no sólo procede de la
creencia de que es posible la objetividad en la Ciencias Sociales,
sino también de la función selectivo-competitiva de los Sistemas
Educativos y sobre todo, de esa tendencia a simplificar y a convertir en
rutina los actos humanos que en los profesores se traduce en la inclinación a
enseñar, no con los métodos que nos han predicado, sino con los que
nos han enseñado (FERNANDEZ PEREZ.
1989).
Complejidad,
contradicción y patologización como características de las prácticas de
evaluación se relacionan entre sí y se complementan con un elemento
aglutinador: el dogmatismo. No hay rutina que perdure sin que esté fundamentada
en dogmas y en el caso de la Evaluación podríamos hablar de la Evaluación al
Final: cuando evaluamos lo hacemos siempre al final del proceso, cuando ya
es imposible reconducirlo para mejorar. También existe por ejemplo el dogma de
la recuperación: las dificultades y los errores de aprendizaje, se presupone que
los recupera y los subsana siempre el alumno por su cuenta, sin la intervención
del profesor. O el dogma de que no es posible una Evaluación Democrática que
eduque paralelo a aquel que dice que "sólo es el profesor y sólo él el que tiene
el poder inapelable de evaluar y de calificar de acuerdo con los criterios que
él y sólo él determina".
En
resumen: si queremos conocer y verificar el tipo de educación que se hace en una
institución basta con que observemos el tipo de Evaluación que se practica. O
dicho de otro modo: no hay cambio educativo posible si no se aborda con rigor, a
fondo y en forma, las prácticas de evaluación.
rvvvvvr
2.- La
Evaluación: concepto
"...El
discurso técnico es solamente apropiado para pensar sobre como actuar de la
manera más eficaz para alcanzar determinados objetivos preestablecidos. La
enseñanza requiere especialmente un discurso práctico que nos sirva para pensar
sobre cómo actuar, de modo que puedan desarrollarse los valores éticos con los
que estamos comprometidos en nuestra actividad
pedagógica..."
(PEREZ GOMEZ, A.I.
1992)
Evaluación y valoración son términos
semánticamente iguales. Evaluar consiste en determinar el valor de
algo: de un objeto, una acción, un proceso o un acontecimiento, etc..., En
consecuencia cualquier pretensión de objetividad estará siempre mediada por
los criterios, por el objeto,
por los instrumentos y por las finalidades.
La importancia de la
evaluación depende obviamente del objeto o proceso que se evalúa que si en
nuestro caso es la educación y los sujetos, objetos y procesos que intervienen
en ella, de facto la evaluación se transforma en un acto educativo, es decir, en
una acción orientada a la mejora, a la ayuda y facilitación de los procesos de
enseñanza/aprendizaje y de orientación y
desarrollo.
Lo que ha ocurrido es
que el término "Evaluación" se ha vulgarizado y ha
quedado reducido a la asignación de notas y calificaciones a los alumnos, de
aquí que para profundizar en él sea necesario preguntarse por "el Qué, el Para
qué, el Cómo y el Cuándo evaluar". (COLL. 1983). En este sentido la
LOGSE da una respuesta nueva cuando en su artículo 62.1.- señala
que "La
evaluación del sistema educativo se orientará a la permanente adecuación
del mismo a las demandas sociales y a las necesidades educativas , y se
aplicará sobre los alumnos, el profesorado, los centros, los procesos educativos
y sobre la propia Administración".
No puede decirse que haya un
concepto claramente precisado y estable de lo que el término Evaluación
significa. De la numerosa bibliografía que hay al respecto, los distintos
autores ponen el énfasis en unas u otras dimensiones y así surgen distintas
concepciones que con carácter de ilustración
señalamos:
T La evaluación es un proceso
dirigido a determinar hasta que punto los objetivos educativos han sido
conseguidos mediante la acción intencional de la enseñanza y los programas
curriculares. La evaluación se encarga de verificar que cambios de conducta
observable se han producido en los alumnos. (TYLER.
1950)
T El objetivo de todo evaluación es
su utilidad, su propósito no es otro que el de aumentar la eficacia en la administración de los
programas. En este sentido hay que distinguir entre evaluación como proceso de emitir juicios de valor y evaluación
como conjunto de procedimientos para recoger y analizar datos que aumenten la
posibilidad de demostrar el valor
de alguna actividad social, por lo que desde esta consideración la evaluación se
hace como un proceso de investigación científica que requiere ser diseñado y
planificado adecuadamente. (SUCHMAN. 1967) (CRONBACH.
1978)
T Evaluar significa ayudar a las
audiencias a observar y mejorar lo que están haciendo, para lo cual es necesario
evaluar los antecedentes, las operaciones y los resultados
("evaluación
centrada el cliente"),
y para esta actividad no bastan los tests y exámenes, ya que si el interés se
centra en el cliente, es necesario utilizar una diversidad de métodos, puesto
que las pruebas de exámenes no proporcionan toda la información que se precisa
para ayudar a los alumnos a mejorar su aprendizaje. (STAKE.
1975)
T La evaluación en sentido amplio
consiste en emitir un juicio, obteniendo para ello la información necesaria, en función de
unos criterios, con objeto de tomar
una decisión sobre todos los elementos y procesos educativos (DE KETELE. 1980)
(TENBRIK.1981)
T La evaluación tiene una naturaleza
epistemológica cargada de valor y de significado ideológico ya que supone emitir
juicios y tomar decisiones en función de unos criterios u otros, por tanto es un
proceso que básicamente consiste en comprender lo que sucede para rebasarlo
o superarlo (STENHOUSE. 1984)
T Las decisiones y los procesos de
que consta la evaluación no son neutrales, sino que están cargados de ideología
política, y consecuentemente de
fundamentos éticos, así puede hablarse de evaluación burocrática, autocrática y
democrática. (McDONALD. 1975)
T Evaluar consiste en identificar,
obtener y proporcionar información útil y descriptiva, acerca del valor y el
mérito de las metas, la planificación, la realización y el impacto de un objeto
determinado, con el fin de servir de guía para la toma de decisiones, solucionar
los problemas de responsabilidad y promover la comprensión de los fenómenos
implicados. (STUFFLEBEAM. 1985)
T La medición de aprendizajes
instructivos o intelectuales de los alumnos no es evaluación. Evaluar es sobre todo
valorar los elementos materiales y humanos, así como los procesos que se ponen
de manifiesto en la relación educativa. En este sentido la Evaluación supone
considerar funciones (¿para qué), objetos (¿qué), metodología (¿cómo?) y
momentos (¿cuando?). (ROSALES. 1988)
De estas ideas se desprende que el concepto de evaluación se ha
construido históricamente y ha estado ligado la evolución de las funciones que
cumplen las instituciones educativas en la sociedad y en el mercado de trabajo
pasando en su devenir por varias etapas (GIMENO SACRISTAN. 1992), etapas que por
otra parte se solapan y conviven unas con
otras:
1) Evaluación
como Calificación:
es la forma de evaluar más tradicional y más extendida que consiste en un
procedimiento simple de asignar notas mediante la utilización de exámenes con
puntuaciones más o menos sencillas. Su función es evidentemente selectiva,
jerarquizadora y sancionadora y su instrumento exclusivo son los exámenes o en
terminología más eufemística, los controles.
2) Evaluación
Objetiva:
la concepción positivista de la ciencia junto a tendencia psicométrica hacen que crezca el interés por medir de
forma "objetiva" el rendimiento de los alumnos y así aparecen los tests de
rendimiento estandarizados, de función fundamentalmente
diagnosticadora que proporcionan abundante información cuantitativa sobre
alumnos, grupos, centros y poblaciones.
3) Evaluación
Operativa:
el modelo operacional-conductista de Tyler consistente en considerar los efectos
educativos únicamente como cambios de conducta observables (objetivos
operativos), hizo que la evaluación consistiera en buscar aquellas técnicas
operativas y objetivas que identificaran con precisión y exactitud los cambios
operados, y así aparecen las pruebas objetivas y los tests criteriales en los
que cada parte de una prueba va dirigida a la comprobación de la consecución de
un objetivo.
4) Evaluación
Cualitativa:
cuando se incorporan los enfoques ambientalistas y ecológicos en educación y se
pone de manifiesto la complejidad empírica e ideológica de las decisiones
educativas, así como el doble eje enseñanza/aprendizaje y
orientación/desarrollo que configura todo proceso educativo, la
evaluación comienza a entenderse también como un proceso por el que se obtiene
información de muchas fuentes para valorar el aprendizaje, o un aspecto
específico del mismo, el desarrollo personal o las capacidades de un alumno;
información que se utiliza para tomar decisiones educativas antes, durante y
después de la acción evaluadora con el fin último de mejorar productos y
procesos.
En conclusión puede decirse que el concepto de evaluación hace referencia
a un proceso sistemático, continuo e integral que puede describirse en cinco
rasgos que hacen referencia a:
1) Un
sentido
Sentido consistente en describir aquello que los sujetos hacen, explicar
por qué lo hacen, comprender e interpretar sus acciones así como las variables o
factores que las determinan con el fin último de mejorar la propia acción así
como los resultados de la misma: el sentido total de la evaluación consiste en
describir, comprender, explicar y mejorar las prácticas educativas (SANTOS
GUERRA. 1992)
2) Un
objeto
Un objeto que tiene varias dimensiones: lo que el alumno hace, aprende y
desarrolla; lo que el profesor programa, ejecuta y evalúa; lo que el centro
proyecta, organiza y realiza; lo que el curriculum proporciona, enseña y
orienta. Dimensiones que tienen
aspectos y así por ejemplo para la dimensión alumnos podemos evaluar aspectos de
desarrollo (capacidades de comprensión y expresión, habilidades sociales,
capacidades de juicio y valoración, sistema de orientación personal,
actitudes,etc.,) o aspectos de enseñanza (conceptos y procedimientos) o de
la dimensión profesor podemos evaluar igualmente aspectos de
enseñanza/aprendizaje (programación, metodología didáctica, evaluación...)
o de orientación/desarrollo (relación con los alumnos, clima de aula, autoestima
profesional...). De este modo tanto dimensiones como aspectos pueden evaluarse
desde diferentes perspectivas: podemos evaluar a los alumnos desde la
perspectiva de los propios alumnos (autoevaluación), o al profesor desde la
perspectiva de los alumnos, o el sistema educativo desde la perspectiva de sus
administradores o de sus clientes. En suma: el objeto de la evaluación puede ser
múltiple y diverso.
3) Una
función
Función que puede ser diagnóstica, sumativa y formativa. Diagnóstica si
describimos y explicamos lo que falla o el estado del objeto sin
proponer medios terapeúticos; sumativa si únicamente detallamos los
resultados o los productos finales sin explicarlos ni proponer medios para
su cambio; formativa si la evaluación se ocupa de intervenir en la acción, y
en el mismo proceso educativo para
reconducirlo y por consiguiente forma parte del mismo programa de
intervención educativa. También podría hablarse de función
psicosocial si la evaluación está dirigida a incrementar la motivación, activar
la energía del grupo o analizar el clima psicosocial. Y evidentemente la
evaluación tiene también funciones burocráticas o
credencialistas, cuando está dirigida a seleccionar a individuos y a mostrar quien y como se
ejerce la autoridad y dónde reside el poder.
4) Un
método
Como conjunto de acciones dirigidas a señalar criterios, seleccionar
procedimientos y utilizar las
técnicas más convenientes para recoger toda la información que permita mostrar
evidencias para después en su momento,
aplicar recursos para la mejora. Método que necesitará instrumentos que
permitan concretar cada una de sus
secuencias.
5) Unos
momentos
Momentos que básicamente consistirán en recoger información, explicarla e
interpretarla y en último lugar tomar decisiones educativas para de nuevo volver
a reiniciar el proceso. La evaluación en este sentido es siempre continua,
permanente y formativa: acción educativa o intervención didáctica(1); obtención
de información o recogida de datos(2); análisis e interpretación de datos(3);
nueva acción educativa o intervención didáctica(4). Obviamente estos momentos
dependerán de la función y del objeto ya que por ejemplo en el caso que la
función sea burocrática todo el proceso finaliza en el segundo
momento.
rvvvvvr
3.- Tipos
de Evaluación
"...la
evaluación será continua e integradora, aunque diferenciada según las áreas y
materias del currículo... ...continua en cuanto estará inmersa en el proceso de
enseñanza y aprendizaje con el fin de detectar la dificultades en el
momento en que se producen, averiguar sus causas y, en consecuencia adaptar las
actividades de enseñanza y aprendizaje... ...el carácter integrador de la
evaluación exige tener en cuenta las capacidades generales establecidas en
los objetivos de la etapa, a través de las expresadas en los objetivos de las
distintas áreas o materias... ...la evaluación tendrá también un carácter
formativo, cualitativo y contextualizado, es decir, estará referida a su
entorno y aun contexto concreto de enseñanza y
aprendizaje..."
(Orden 1.02.93. BOJA nº 21 de 25.02.93)
Los distintos tipos de evaluación siempre dependerán del tipo de función
o finalidades que hayamos asignado a la misma, así como también del tipo de
instrumentos y así hablaremos de evaluación, continua, integral, formativa,
cuantitativa y cualitativa.
3.1.- Evaluación
Inicial-Diagnóstica
Cuando a comienzos de cada curso escolar o al principio del desarrollo de
cada unidad didáctica analizamos el bagaje de conocimientos, actitudes,
características que los alumnos poseen, con el fin de que a partir de su
situación podamos intervenir con nuestra acción educativo-didáctica para iniciar
un nuevo proceso de enseñanza/aprendizaje, entonces, se dice que estamos haciendo evaluación
inicial o diagnóstica. La finalidad de la misma no es otra que la de comprobar
el estado de la cuestión del alumno para que con posterioridad podamos diseñar
nuestros programas, unidades, actividades e intervenciones, adaptándolos a las
necesidades detectadas, de aquí que este tipo de evaluación se conozca también
con el termino de evaluación de necesidades.
Obviamente, el diagnóstico en sí no tiene ningún sentido si no es para
que con él obtengamos la información necesaria para conocer los prerrequisitos
y los conceptos previos que los
alumnos poseen antes de una nueva intervención, en este sentido el diagnóstico
permite tomar decisiones de adaptación curricular. En términos clínicos o
experimentales, este tipo de evaluación es equivalente a lo que se conoce como
pruebas pretest. En la práctica este tipo de evaluación requiere garantizar
posibilidades de adaptación del curriculum por lo que éste deberá tener la
suficiente flexibilidad para que así se puedan adoptar las modificaciones
oportunas.
Generalmente, este tipo de evaluación plantea un conjunto de dificultades
en la tarea cotidiana del profesorado. En primer lugar movidos por nuestro
interés por la eficacia y la simplicidad a veces damos por supuesto que los
alumnos poseen todos los conocimientos y capacidades que en niveles anteriores
han debido adquirir y así en esa
creencia objetivamos nuestro diseño curricular en base a un alumno abstracto y
normotípico que en la realidad no existe, con lo cual si se le añade la ansiedad
que todos tenemos por cumplimentar el programa, al final sucede que sólo un
pequeño grupo de alumnos es el que únicamente nos sigue en nuestra intervención
didáctica, es decir, una evaluación inicial que no sea lo suficientemente
descriptiva y continua para cada nuevo proceso de intervención, no podrá
contribuir eficazmente a la mejora. Otro segundo grupo de problemas hace
referencia al hecho de que las dificultades detectadas pertenecen a otras áreas
de las que nuestra intervención no es responsable, por lo que obviamente es
aconsejable que este tipo de evaluación deben desarrollarla todos los profesores
del Equipo Docente de una manera coordinada y unitaria, con criterios comunes e
instrumentos coherentes y colectivamente
asumidos.
Por último y si lo que se pretende es garantizar la atención a la
diversidad o a las necesidades educativas individuales y/o especiales, este tipo
de evaluación es indispensable y así lo señala específicamente la Orden de
Evaluación anteriormente señalada en su artículo
quinto:
"Al
comienzo de la Educación Secundaria Obligatoria, partiendo de la
información disponible en el Centro acerca de la escolarización y del
proceso de aprendizaje seguido por el alumno o alumna durante la Educación
Primaria y, en su caso, de la información obtenida a través de la aplicación de
distintos instrumentos de evaluación, los profesores y profesoras llevarán a
cabo una evaluación inicial de los alumnos y alumnas para detectar el grado de
desarrollo en aspectos básicos del aprendizaje y de dominio de los contenidos
conceptuales, procedimentales y actitudinales de las distintas áreas. Dicha
evaluación inicial será el punto de referencia del equipo educativo para la toma
de decisiones relativas al desarrollo del
currículo"
3.2.- Evaluación
Sumativa-Final
La evaluación sumativa es la que tradicionalmente hemos venido aplicando
en nuestros centros y consiste simplemente en aplicar al final de un período de
tiempo determinado o del desarrollo de un una o varias unidades didácticas una
serie de pruebas o exámenes con objeto de comprobar los resultados de
aprendizaje que supuestamente se espera que los alumnos deben haber
conseguido.
Su función es predominantemente selectiva. Consiste en colocar al alumno
en un lugar determinado en relación al grupo, en considerarla como criterio de
promoción o de adquisición o no de la
titulación.
Es final porque con ella se finaliza todo el proceso de
enseñanza/aprendizaje y en consecuencia no hay posibilidad de reconducir el
proceso ni de adoptar medidas de refuerzo, apoyo o adaptación curricular. En
este sentido se entiende que es el alumno por sí mismo el único que debe hacer
lo que considere más conveniente para recuperar sus dificultades. La
recuperación consiste en volver a aplicar otro instrumento sumativo después de
un determinado período sin que el profesor haya intervenido, por lo que su
separación del proceso es total: de hecho se considera que el profesor ya ha
hecho su trabajo y ahora es el alumno el que tiene que hacer el suyo, enseñanza
y aprendizaje no forman parte de un mismo proceso (POSTMAN.
1973).
Aunque para los profesores este tipo de evaluación aparece como natural y
única posible, dada su sencillez y simplicidad, las dificultades que para los
alumnos presenta este tipo de evaluación son variadas, tanto por razones
internas como externas.
Externamente este tipo de avaluación se basa casi siempre en los exámenes
como instrumento exclusivo de valoración. Examen en el que el profesor tiene
todo el poder. El profesor es el que lo diseña, lo pondera, lo corrige y lo
puntúa, y a su arbitrio queda la posibilidad de que el examen pueda ser revisado
o no por los alumnos. Obviamente, el tipo de aprendizaje que genera este tipo
evaluación es de bajo nivel, en cuanto que
se estudia exclusiva y ansiosamente para aprobar; por el contrario
aprendizajes significativos de alto nivel que se generarían con un tipo de
evaluación formativa son más difíciles de obtener. También habría que señalar
que la práctica exclusiva del examen, hace que el éxito escolar dependa de que
los alumnos aprendan o no los ritos de la evaluación y en este sentido la
relación costo/beneficio desaparece: puede ocurrir que alumnos que se han
esforzado, fracasen en los exámenes como consecuencia de patologías conocidas,
como serían el estrés, la ansiedad,
los bloqueos, la concentración de todos los exámenes en un corto espacio de
tiempo, etc..., o también lo contrario, que alumnos con habilidades adquiridas
por entrenamiento sepan situarse con un pequeño esfuerzo y aprobar el examen,
utilizando para ello cualquier recurso a su
alcance.
Internamente los exámenes plantean los problemas que cualquier
instrumento de observación basado en criterios y puntuaciones
presenta.
En primer problema es el de la selección y la coherencia del contenido a
evaluar. Cuando se diseña un examen, obviamente se escogen unos contenidos y
unas actividades que el profesor cree más representativas de las intervenciones
que ha desarrollado, es decir, realiza un muestreo del contenido, y cuando se
realiza un muestreo sin que los sujetos conozcan los criterios aparecen los
factores aleatorios: si de diez temas sólo sale uno en el examen puede haber
alumnos, aunque la probabilidad se muy escasa, que aprueben aunque sólo se hayan
estudiado un tema y puede igualmente que un alumno suspenda aunque se hay
esforzado nueve veces más que el otro. Paralelamente a estos factores aleatorios
que surgen como consecuencia del muestreo del contenido, están los problemas de
la coherencia del mismo con el tipo de actividades que se han desarrollado en la
clase: si los alumnos no han estado entrenándose convenientemente en el mismo
tipo de actividades que el examen le pide, obviamente fracasará y en la práctica
ocurre que también los profesores seleccionan y priman un tipo actividades, o un
tipo de preguntas determinado, con lo que de nuevo aparece el azar o
sencillamente la incoherencia.
Otro segundo problema es el de la validez y el de la fiabilidad, es
decir, que el examen sea capaz de medir realmente lo que se pretende con él, que
con sus preguntas o items pueda realmente obtenerse una fotografía de los
resultados y de las adquisiciones realizadas por los alumnos. Y por otra parte
que pueda garantizar la constancia de los resultados cuando varían las
circunstancias de aplicación, y que sus resultados no estén sujetos al
cansancio, la fatiga, el estrés o a cualquier otra variable extraña tanto del
examinando como del corrector.
Y por último y tal vez el problema de efectos educativos y éticos más
destacables son los relativos a la indefensión ante las decisiones de puntuación
en que a veces se encuentran los alumnos, decisiones que cuando el profesor
adopta son en la práctica, casi siempre inapelables. Podría decirse que el
examen sacraliza el rito que permite mostrar quien tiene el poder, quien lo
ejerce y cuáles son las condiciones de su distribución . El examen en suma, de
una herramienta que debería servir para mejorar los resultados, o simplemente
para describir sucintamente una pequeña realidad, puede llegar a convertirse en
un instrumento de vigilancia y de castigo. (FOUCAULT,
M.)
3.3.- Evaluación
Formativa-Continua
La evaluación formativa o continua es la que tiene como objeto, tal y
como señala la Orden citada, determinar y/o detectar las dificultades que se
producen en los procesos educativos (enseñanza/aprendizaje y
orientación/desarrollo) al mismo tiempo que se señalan las medidas de refuerzo,
recuperación y adaptación para que esas dificultades sean subsanadas. En este
sentido este tipo de evaluación es al mismo tiempo diagnóstica y
terapéutica.
Siguiendo
una metáfora ya clásica (SANTOS GUERRA. 1988) "cuando el cocinero prueba la
sopa, entonces estamos haciendo evaluación formativa y cuando la prueba el
cliente entonces hemos realizado
evaluación sumativa". A este tipo de evaluación se le denomina también procesual
o integrada (ROSALES. 1988) en cuanto está caracterizada por:
T Aplicarse dentro del propio
proceso didáctico o de intervención educativa y a lo largo del
mismo.
T Centrarse en el apoyo y en
las medidas de ayuda para que los alumnos superen sus dificultades o simplemente
desarrollen sus capacidades por otros
medios.
T Dirigirse al
perfeccionamiento de la propia acción didáctica, en cuanto que las dificultades
que se detectan pueden ser debidas
a factores de programación o secuenciación, diseño de las actividades,
intervención directa del profesor, al clima de la
clase...etc.,
T Realizarse de forma continua,
constante o con frecuencia, de modo que puedan apreciarse tanto las
dificultades, como los efectos de las medidas de adaptación y
recuperación.
Hasta aquí, resulta evidente que este tipo de evaluación tiene una
potencialidad educadora superior a cualquier sobre todo porque permite las
ventajas de aprovechamiento, perfeccionamiento y reconducción del proceso
educativo, atendiendo en principio a todos los factores que intervienen en él.
Sin embargo su puesta en práctica por el profesorado, entraña no pocas
dificultades (GIMENO SACRISTAN. 1992).
Un primer grupo de dificultades derivan de la escasez de tiempo y de
posibilidades del profesorado: una evaluación de estas características requiere
necesariamente de una revisión más particularizada y específica de las
producciones y actividades individuales que desarrollan los alumnos y por
consiguiente muchísimo más tiempo que las rutinas habituales, sobre todo cuando
los grupos de alumnos sobrepasan la veintena, y por otra parte, cuando la
organización horaria de los centros de Secundaria se estructura en porciones de
tiempo muy cortas.
Un segundo grupo de obstáculos se origina como consecuencia de la
confusión que se produce cuando el término "evaluación continua" se entiende
como una suma de evaluaciones sumativas continuas y como una amenaza
sancionadora para volver a controlar contenidos que fueron tratados en el
pasado. En este sentido hay que señalar que evaluar continuamente los
aprendizajes no significa estar haciendo controles o exámenes continuamente que
después se suman y se promedian para obtener la calificación final, sin
intervenir para nada en el proceso con medidas de refuerzo o de adaptación.
Tampoco la evaluación continua es creer que una vez desarrollada una unidad
didáctica haya que almacenarla con todos sus detalles en la memoria a largo
plazo y pueda ser utilizada en cualquier momento revalidando los aprendizajes y
usándola como mecanismo sancionatorio. La evaluación continua por tanto no es la
rutina controladora para mantener a los alumnos en alerta permanente, sino que
su función educativa es doble: ayudar a resolver las dificultades de aprendizaje
que se plantean a diario y facilitar que los alumnos aprendan
significativamente, es decir, asimilando contenidos que tengan un alto poder de
transferencia y de funcionalidad.
Dicho con otras palabras (GIMENO SACRISTAN. 1992) :si la enseñanza y el
aprendizaje son inseparables, la evaluación continua o integrada requiere la
unidad entre intervención didáctica
y la evaluación y en consecuencia es en el mismo proceso de aprendizaje donde la
forma de trabajar y las realizaciones de los alumnos tienen que ser observadas y
rectificadas inmediatamente para rectificar su forma de proceder. Del análisis
de los ejercicios que corrientemente se realizan en clase se pueden extraer todo
tipo de informaciones". Lo que ocurre en la práctica docente más extendida es
que el modelo de intervención es lineal, transmisivo y dirigido a una supuesta
mayoría de alumnos tipo (explicación del profesor; ejercicios de aplicación y
examen) y en este modelo es imposible hacer evaluación continua tal y como aquí
la entendemos, es decir, si no hay tiempos para la observación del trabajo
directo de los alumnos en clase no podremos intervenir, de ahí las dificultades
antes señaladas.
Paralelamente este tipo de evaluación exige una estrecha coherencia entre
el tipo de actividades programadas en la intervención y el tipo de instrumentos
utilizados para la evaluación. Difícilmente podremos evaluar formativamente la
capacidad de expresión oral si las
actividades diseñadas no suponen el ejercicio de esa capacidad y los
instrumentos para la evaluación no requieren el ejercicio de la misma. Esta
coherencia requiere instrumentos que proporcionen información más descriptiva y
explicativa que la simple cuantitativa, por lo que la información no puede
reducirse a un simple número ya que la función del número no es la de explicar
ni la de describir, sino simplemente la de contar, seleccionar y clasificar.
Obviamente una evaluación de este tipo requerirá informes en los que se oriente
a los alumnos sobre las decisiones más convenientes que deben adoptar para
subsanar sus dificultades.
Por último y siguiendo a Gimeno Sacristan (1992. pág.
393)
"La
evaluación continua tiene coherencia pedagógica sólo si la entendemos desde la
perspectiva informal con fines formativos, realizada por los profesores dentro
de las prácticas habituales de trabajo y de seguimiento de tareas, en un clima
de fluida comunicación donde es posible conocer directamente al alumno sin tener
que aplicarle exámenes desligados del trabajo normal para comprobar sus
adquisiciones, carencias, posibilidades, etc.., ...consiste en una actitud
investigadora atenta a la complejidad del aprendizaje, para apreciar tanto
sus productos como los procesos que llevan a ellos y los factores que
condicionan a ambos. Entendida de este modo entra a formar parte de la enseñanza
individualizada y de lo que se ha denominado tradicionalmente pedagogía
correctiva, como un tratamiento adecuado al alumno"
4.- Las
fases del proceso
Si el concepto de evaluación lo hemos establecido como proceso continuo,
integral y sistemático que necesita dotarse de un sentido, un objeto, unas
funciones, unos métodos y unos momentos su puesta en práctica sigue una serie de
fases (GIMENO SACRISTAN. 1992):
|
FASES
DESCRIPCION | ||
|
1ª |
DIMENSIONES:
delimitación o acotación del campo, realidad u objeto a
evaluar. |
Determinar
el ¿Qué evaluar?. Alumnos. Profesores. Centro. Proyectos (Curricular,
Tutorial). Equipos... |
|
2ª |
ASPECTOS:
selección de aquellos aspectos o características de cada
objeto o campo
delimitado. |
¿Qué
vamos a evaluar de los alumnos?: Capacidades de desarrollo. Contenidos de
aprendizaje (conceptos, procedimientos, actitudes).
Intereses. Habilidades sociales, de estudio. Motivación. Actitudes...
¿Qué vamos a evaluar del Centro?: Proyecto Curricular. Plan de Orientación
y Acción Tutorial. Funcionamiento de Equipos y
Organos... |
|
3ª |
PERSPECTIVAS:
determinar los criterios, patrones, juicios, acuerdos,
agentes que van a tenerse en cuenta o van realizar la
evaluación. |
¿Quién
debe realizar la evaluación? ¿Qué criterios se van a utilizar para cada
aspecto del objeto señalado? ¿Qué esperamos de la evaluación? ¿Cuál
es el referente? |
|
|
1) RECOGER INFORMACION: determinar el tipo
de información e instrumentos. 2) ELABORACION y ANALISIS DE LA
INFORMACION 3) INTERPRETACION y
JUICIOS |
¿Qué
datos vamos a obtener y para qué? ¿Qué instrumentos voy a utilizar ?
¿Cómo y cuando se van a utilizar? ¿Cómo
se van a ponderar los datos? ¿Qué articulación van tener para que el informe sea
simple y de fácil interpretación? ¿Cómo se va proceder para la
valoración? ¿Qué
realidad explícita e implícita ponen de manifiesto los datos? ¿Qué causas
se aprecian? ¿Representan progreso y mejoras? ¿Qué dificultades o
carencias? |
|
|
|
¿Cómo
se van a ponderar los datos? ¿Qué articulación van tener para que el informe sea
simple y de fácil interpretación? ¿Cómo se va proceder para la
valoración? |
|
|
|
¿Qué
realidad explícita e implícita ponen de manifiesto los datos? ¿Qué causas
se aprecian? ¿Representan progreso y mejoras? ¿Qué dificultades o
carencias? |
|
4ª |
EXPRESION
de RESULTADOS y DECISIONES |
¿A
quién va dirigido el informe? ¿Cómo se va expresar para que sea de
interpretación fácil? ¿Qué medidas son necesarias para mejorar
productos y procesos? |
|
5ª |
RETROALIMENTACION |
Qué,
quién, cuándo y cómo se van adoptar las medidas para mejorar y cómo
se van a evaluar las mismas. |
5.- La
Evaluación de los Contenidos
"La
evaluación es un auténtico filtro del curriculum real. Cuando el curriculum se
especializa y lo imparten varios profesores a un mismo grupo de alumnos, cobra
otra relevancia adicional. En un estilo individualista, donde cada profesor
decide por su cuenta, ese filtro curricular es peculiar para él y puede llegar a
plantear al alumno exigencias incoherentes entre sí y hasta
contradictorias"
(GIMENO SACRISTAN. 1992)
Desde una concepción tradicional y transmisiva de la educación, la
finalidad fundamental de la misma consiste en hacer que los alumnos aprendan un
conjunto de conocimientos que son los que se consideran indispensables para su
integración en la sociedad. El contenido aquí es considerado como un fin en sí
mismo y en consecuencia el profesorado es un simple ejecutor o transmisor de
decisiones que el sistema administrativo, los expertos y las editoriales han
tomado por él. Su papel se reduce a encontrar las formas, los métodos y las
soluciones más adecuadas para que ese contenido sea aprendido e interiorizado
por los alumnos (GIMENO SACRISTAN. 1988). Igualmente el papel de los alumnos
consistirá en tragar de la forma menos dolorosa posible y al menor costo los
contenidos que le han prescrito, asimilación que tendrán que realizar mediante
el ejercicio interminable de exámenes.
En el otro extremo y desde una concepción radicalmente constructivista
del aprendizaje (COLL. 1992), por la que el conocimiento se construye y
reconstruye partiendo de los conocimientos previos, de las motivaciones, de las
expectativas, de la actividad y de la interacción social, los contenidos de la
enseñanza ya no pueden ser considerados como un fin en sí mismos, sino
exclusivamente como un medio para que nuestros alumnos desarrollen capacidades
cognitivas, sociales, de comunicación etc.. Desde esta óptica se dotan de gran
vigor algunos de los principios que ya en la década de los veinte formulaba el
movimiento de la Escuela Nueva: motivación, actividad, individualización,
socialización e interdisciplinariedad. Obviamente aquí el papel del profesor
ya no puede reducirse al ejecutor
de contenidos propuestos por otros, ni tampoco puede ser el transmisor de lo que
se considera como conocimiento verdadero, su función consiste en facilitar y
estimular la creación de situaciones de aprendizaje, para que los alumnos sean
los que por si mismo desarrollen sus capacidades, de ahí la importancia de los
procedimientos de "aprender a aprender". El papel de los alumnos también cambia:
ya no tiene que tragar las disciplinas ni llenar su cabeza de conocimientos sin
significación, su trabajo consiste en desarrollar estrategias y tácticas que le
permitan ampliar sus esquemas conceptuales y establecer nexos de transferencia y
funcionalidad con otras disciplinas y con lo que ocurre en la vida
cotidiana.
Aunque el problema del papel que juegan los contenidos en la enseñanza,
así como el de su selección está en permanente debate, lo cierto es que la LOGSE
desde un análisis de la realidad no exento de voluntarismo y de intervencionismo
psicopedagógico (GIMENO SACRISTAN. 1992) viene a plantear un modelo curricular
que asume desde la apertura y la flexibilidad la necesidad de los
contenidos, en cuanto que considera
que los "contenidos designan el conjunto de saberes o formas culturales cuya
asimilación y apropiación por los alumnos y alumnas se considera esencial para
su desarrollo y socialización", por lo que la intención explícita de enseñar
contenidos no puede ser rechazada ya que todo depende de "que contenidos se
intenta enseñar y sobre todo de cómo se enseñan y cómo se aprenden" (COLL.
1992). En suma, los contenidos siempre serán los instrumentos para que los
alumnos hagan puedan poner en marcha simultáneamente los procesos de
enseñanza/aprendizaje y los procesos de orientación/desarrollo.
Este papel de los contenidos como favorecedores del desarrollo y de la
socialización ha permitido considerar que al inscribirse en una cultura concreta
están dotados de valores, en cuanto que ofrecen elementos de compresión y
explicación de la realidad, es decir, generan actitudes que proceden tanto del
contenido explícito en sí, como del implícito o referido a las variables y
factores que intervienen en la relación de interacción pedagógica. En otras
palabras: pueden ser considerados como productores de actitudes, tanto si se
consideran como medios, como si se consideran como fines. Al mismo tiempo, los
contenidos hacen referencia también a la cultura semántica, al conjunto de
significados que es necesario poseer para poder explicar y comprender la
realidad, y en este sentido están formados por datos, hechos, conceptos,
principios, teorías: no es posible construir teorías más explicativas sin la
interiorización y asimilación de conceptos. Y por último los contenidos suponen
también procedimientos, recursos, operaciones, tecnologías que hagan posible
describir la realidad: sin procedimientos no es posible construir y
reconstruir
conceptos.
Dicho de otro modo y desde la tradicional taxonomía de Bloom, los
objetivos de la instrucción son una gama de objetivos de recuerdo, comprensión,
aplicación, análisis, síntesis y
evaluación, y en consecuencia cuando exigimos de nuestros alumnos actividades
exclusivamente de recuerdo, estamos únicamente estimulando el nivel más
bajo del conocimiento, por el contrario cuando facilitamos las actividades de la
gama completa estamos activando su propio
desarrollo.
En definitiva, lo que aquí pretendemos plantear es que si desde la
selección, diseño y evaluación de
contenidos, no somos capaces de integrar al mismo tiempo conceptos,
procedimientos y actitudes, difícilmente llegaremos más allá del
memorismo.
5.1.- La
evaluación de hechos y conceptos
No cabe duda de que los hechos y datos no tendrían ningún sentido si no
fuera porque son necesarios para la construcción de conceptos. Los datos
adquieren significado cuando poseemos conceptos con potencialidad para
interpretarlos. Sin embargo mientras que los datos o hechos se adquieren de
forma memorística y utilizando recursos pasivos, repetitivos y externos al
aprendizaje, los conceptos se adquieren de una forma singular, son el resultado
de la interiorización y de la construcción personal y por tanto su aprendizaje
requiere una orientación más autónoma y activa (POZO. 1992). Como la práctica
nos muestra, resulta muchísimo más difícil recordar datos inconexos e
incomprensibles que hacerlo cuando estos están integrados comprensivamente en un
concepto, y así mientras que para los hechos, el aprendizaje es fundamentalmente
memorístico, para los conceptos tendrá que ser necesariamente comprensivo y
significativo en consecuencia no pueden enseñarse ni evaluarse igual, los hechos
que los conceptos.
Tal como señalamos en el cuadro adjunto, las condiciones y/o
recomendaciones para la evaluación de los hechos y conceptos, tendrán que ser
obviamente idénticas a las condiciones para su enseñanza y aprendizaje ya que la
evaluación es parte de ese mismo proceso.
5.2.- La
Evaluación de procedimientos
Los procedimientos son "conjuntos
de acciones ordenadas, orientadas a la consecución de una
meta"
(DCB), es decir se componen de tres elementos (POZO. 1992): de un objetivo , o
meta, de unas acciones y de un orden de las mismas. Mientras que los contenidos
conceptuales hacen referencia a los conocimientos o al saber (homo sapiens), los
procedimientos pueden ser considerados como técnicas, se refieren al saber hacer
(homo faber). Como es obvio, un procedimiento es más o menos complejo en función
del número de acciones u operaciones de que está compuesto, así como del orden o
secuencia de las mismas, así por ejemplo hacer una suma sería un procedimiento
sencillo o simple, paralelamente
hacer un mapa conceptual sería un
procedimiento más complejo en cuanto requiere operaciones y habilidades más
numerosas. En este sentido cuando hablamos de destrezas o habilidades nos
estamos refiriendo a procedimientos sencillos y cuando hablamos de métodos o estrategias
estamos señalando procedimientos más complejos. Al igual ocurre con la
distinción entre algoritmos y heurísticos: un algoritmo es una secuencia
invariante de acciones u operaciones que hay necesariamente que respetar para
obtener un resultado determinado, por el contrario un heurístico es una
secuencia variable de acciones diversas para obtener un resultado
indeterminado.
A veces los contenidos conceptuales se confunden con los contenidos
procedimentales, porque en la práctica de la actividad de aprendizaje estas
dos dimensiones de los contenidos van unidas. En este sentido la distinción que
hacemos es puramente pedagógica, sin embargo podemos diferenciarlos a la hora de
su planificación educativa, así podríamos hablar de verbos conceptuales como
recordar, analizar, conocer, enumerar o de verbos procedimentales como
construir, realizar, utilizar, evaluar, planificar,
etc.,
Los principios a tener en cuenta para su evaluación se derivan de los que
se han seguido para su enseñanza y aprendizaje y así serían los siguientes:
(POZO. 1992. Pág. 123-131)
1) La
imitación de modelos. Mediante la observación del profesor o de un alumno
expertos, se trata de que el alumno perciba e interiorice con claridad la las
acciones y la secuencia que componen el procedimiento objeto de enseñanza. En
este sentido, lo primero que el alumno debe conocer son los pasos o acciones que
componen el procedimiento así como su orden. Una primera evaluación inicial
sería comprobar si el alumno posee este conocimiento y es capaz de aplicarlo al
mismo modelo propuesto para su enseñanza.
2) Aplicación del
procedimiento a otras situaciones o modelos muy similares utilizando
reflexivamente la secuencia de pasos memorizada en la etapa anterior. Si por
ejemplo pretendemos enseñar a nuestros alumnos a hacer mapas conceptuales,
consistiría en proponer otros textos o contenidos muy similares para su
ejecución.
3) Automatización
del procedimiento y aplicación a cualquier otra situación. Transferir el mismo y utilizarlo en situaciones en las
que hay varios procedimientos implicados y que es necesario utilizar para
obtener un resultado. Así por ejemplo el algoritmo de la división requeriría la
combinación de los algoritmos de la suma, resta y multiplicación o el
procedimiento de hacer resúmenes requiere el de la combinación de los de
identificación y discriminación de ideas principales y
secundarias.
En la práctica lo que ocurre a veces es que los profesores no nos paramos
lo suficiente en los procesos y así debido a las premuras de tiempo o a la
suposición de que los alumnos manejan a la perfección operaciones simples, damos
por bien ejecutados procedimientos que han seguido una secuencia errónea porque
sólo observamos el resultado final, o por mal ejecutados procedimientos que
habiendo seguido una secuencia exacta de acciones no han producido el resultado
esperado por problemas de falta de atención o despiste. Por ello que sea muy
importante, a la hora de evaluar los procedimientos, la necesidad de señalar las
fases del proceso de realización y no observar exclusivamente los resultados
finales o dicho de otro modo: la necesidad de que el profesor observe
detenidamente el proceso de ejecución del procedimiento que el alumno
está aprendiendo.
5.3.- La
evaluación de actitudes
Si hasta ahora el terreno más seguro en el que nos hemos movido los
profesores ha sido el de los contenidos conceptuales y procedimentales, no cabe
duda de que la aparición de la nueva dimensión curricular de las actitudes ha
supuesto para nosotros dosis más o menos considerables de inseguridad. Nuestro
común hacer estaba presidido por la utilización de procedimientos de evaluación
sencillos y sin complicaciones, sin embargo cuando surge la necesidad de evaluar
las actitudes, necesidad burocráticamente mediada, se han producido al menos dos
contradicciones prácticas importantes. La primera de ellas consiste en que la
preocupación por la evaluación de esta nueva dimensión del curriculum no se ha
visto acompañada por una preocupación explícita por su enseñanza: de pronto
todos queremos evaluar actitudes cuando no hemos programado intencionalmente
nuestros diseños curriculares para enseñarlas. La segunda es que sin darnos
cuenta nos estamos instalando en una concepción rutinaria, sancionadora y
sumativa de la actitud: reducimos el problema de su evaluación a describir el
positivo o negativo interés o motivación que nuestros alumnos expresan por las
tareas escolares, sin analizar los factores o las causas que determinan tal
estado de actitud, análisis que nos permitiría actuar educativamente para su
enseñanza.
Aparte de estas dos contradicciones, existen otro tipo de dificultades de
carácter conceptual e instrumental: el concepto de actitud es complejo y se
resiste a una definición operativa, en su enseñanza intervienen variables que
resultan muy complicado controlar, variables que van desde la propia
personalidad del profesor, hasta el tipo de cultura escolar dominante, pasando
obviamente por la naturaleza y el tipo de interacción y relación del profesor
con sus alumnos en el aula y por la determinación del contexto sociofamiliar.
Esta complejidad hace que su evaluación también sea difícil, sobre todo cuando
queremos hacer una evaluación integrada que considere todas las dimensiones del
contenido.
En cualquier caso hay que aceptar que las actitudes pueden y deben ser
objeto de enseñanza y en este sentido habría que considerar para su aprendizaje
algunas precisiones.
1ª) Las actitudes como
tendencia a percibir la realidad o actuar sobre ella, tienen un componente
cognitivo y sociocultural en el que las lógicas sociales dominantes juegan un
papel de primer orden. Las actitudes se orientan por valores y los valores se
concretan en modelos personales: resultará muy complicado, por ejemplo, enseñar
actitudes de solidaridad cuando en los modelos sociales dominantes enseñan todo
lo contrario o no será posible estimular actitudes críticas si desde el aula los
alumnos no tienen la oportunidad de expresarse críticamente sobre su propio
contexto.
2ª) Las actitudes obtienen
la energía de componentes emocionales, sentimentales y afectivos, por tanto si
la relación educativa no permite la interacción, la comunicación, la expresión
de sentimientos, el conocimiento mutuo, la estimulación de la autoestima,
tampoco será posible su enseñanza. En este sentido la función tutorial juega un
papel fundamental, tanto en su enseñanza como en su
evaluación.
3ª) La única forma de
conocer la existencia de las actitudes es mediante la observación de la persistencia de conductas. Las
actitudes se expresan en conductas, y el aprendizaje de conductas, además de
estar basado en modelos, requiere la realización de la misma, es decir, si no
facilitamos a nuestros alumnos la asunción gradual de compromisos individuales y
colectivos con su correspondiente reflexión sobre los mismos, tampoco podremos
ni enseñar actitudes ni evaluarlas.
4ª) Sabemos que las
actitudes pueden enseñarse por refuerzo, mediante premios y castigos, por
modelado y mediante el ejercicio e internalización, no obstante todos los
procedimientos para su enseñanza únicamente son eficaces cuando existe un
adecuado grado de coherencia entre medios y fines. En este sentido si el medio
para la corrección de las dificultades de aprendizaje consiste en acentuar los
errores sobre los aciertos, no será tampoco posible enseñar actitudes de
autonomía o de capacidad para afrontar eficazmente los problemas, y es aquí
donde las evaluaciones y atribuciones que el profesor realiza sobre sus alumnos
o sobre un grupo adquieren una tremenda importancia: la catalogación inicial de
un alumno como malo porque comete errores o de un grupo como insoportable porque
hay un subgrupo de revoltosos, acaba por convertirse en
final.
Consecuentemente con lo anterior la enseñanza y al mismo tiempo la
evaluación de actitudes habrá que realizarla utilizando los siguientes
procedimientos:
1) Mediante la
observación externa y contrastada por todos los profesores del Equipo Docente de
conductas, que hayan sido objeto de enseñanza, intencionalmente programada y
colectivamente asumida por el Equipo. Resulta, en este sentido imposible,
fomentar actitudes, cuando no existe un consenso básico del Equipo de Profesores
sobre su enseñanza.
2) Mediante la
observación interna y participante, es decir, realizando autoevaluación,
facilitando que los propios alumnos se observen a sí mismos; reflexionen
individual y colectivamente sobre sus conductas; analicen las razones que los
mueven a obrar de una determinada manera; valoren sus acciones individuales y
grupales y establezcan compromisos graduales que puedan permitirles equilibrar
su autoconcepto y fomentar su autoestima. Como es lógico esto supone utilizar
técnicas de trabajo en grupo, actividades de dinámica grupal y en general
cualquier recurso que facilite la
comunicación.
3) Utilizando
instrumentos de observación y medida, como podrían ser los cuestionarios, las
escalas de estimación, las escalas de diferencial semántico.
etc..
Como puede fácilmente observarse, ninguno de estos procedimientos son
posibles si el clima existente en el aula, no está presidido por la sinceridad,
la confianza y el respeto mutuo, al mismo tiempo que se ha programado por el
Equipo Docente una intervención orientadora y
tutorial.
6.- Instrumentos
de Evaluación
Dependiendo del enfoque que se adopte en la evaluación así tendremos
necesariamente que optar por unos instrumentos u otros (PEREZ GOMEZ. 1983).
Si el enfoque que adoptamos es cuantitativo-positivista los instrumentos estarán
basados en objetivos operativos con aparato estadístico y dosis más o menos
abundantes de sofisticación tecnológica (fiabilidad, validez, correlación...).
Por el contrario si el enfoque es cualitativo, es decir, están dirigidos a
comprender, a interpretar y a captar las singularidades de los procesos para
intervenir en ellos, los instrumentos además de ser más variados serán más
descriptivos, ya que no interesarán tanto los productos
finales.
6.1.-
Analisis
de documentos y producciones
Analizar los documentos es simplemente conocer las producciones escritas
de los sujetos que intervienen en el proceso educativo. La finalidad es
comprender lo que hacen alumnos, grupos, profesores, seminarios, equipos
docentes, equipos directivos, etc..., desde la observación de los materiales
escritos.
Para los alumnos analizar los documentos significa conocer sus
expedientes académicos y psicopedagógicos si los hubiere y en general todos sus
trabajos escritos. En este sentido resultan de mucha utilidad los llamados
"Diarios
de Clase",
o registro de todas las actividades desarrolladas por los alumnos en la clase,
así hablamos del diario de materia, del diario del grupo o tradicional y no
menos útil cuaderno rotatorio del grupo; del diario personal y de los variados
cuadernos de vocabulario, de prácticas o de los conocidos ficheros de
Freinet.
Para los profesores podrían señalarse especialmente las programaciones de
aula, el diseño de sus unidades, las adaptaciones curriculares, los recursos,
los propios instrumentos de evaluación, los diarios de observación de los
alumnos, el libro de tutoría, etc...,.
Estos documentos generalmente no son compartidos ni intercambiados, es
decir, no son objeto de análisis
intersubjetivo en los seminarios y equipos docentes. La tradición consiste en
que este tipo de documentos se formalizan en la Jefatura de Estudios, y se
informalizan en la práctica diaria, con lo cual la discrepancia entre lo que se
dice que se hace y lo que realmente se hace es manifiesta, dado que por lo común
este tipo de documentos no se evalúan y a lo largo de los años la programación
es simplemente la rutina de entregar la copia del año anterior al jefe de
seminario o a la jefatura de estudios.
Para los seminarios, equipos docentes, organos colegiados y centro en
general tendría que señalar los que todos conocemos: el proyecto de Centro, el
proyecto curricular, el plan de orientación y acción tutorial, los libros de
actas, etc..,
En general el análisis de documentos resulta muy útil y proporciona una
información de mucho interés, sin embargo se utiliza muy poco como recurso de
evaluación educativa. En el caso de los alumnos siempre hay dificultades: unas
veces los profesores suponemos que los alumnos saben hacer determinadas tareas
cuando en realidad no las saben y así se obvian orientaciones sencillas que
podrían contribuir a que los alumnos mejorasen sus produccciones; otras veces no
se tienen en cuenta a la hora de evaluar ni de calificar, bien por lo largo que
puede resultar su revisión o corrección o bien porque se le atribuya mucho más
poder calificador al examen, pudiéndose dar el caso de que alumnos que no hayan desarrollado trabajos y producciones personales
"aprueben" y viceversa: alumnos que hayan trabajado documentalmente de forma
continuada "no aprueben" porque no superaron el examen. En este sentido, y a los
efectos de evaluación y calificación hay que dejar muy claro a los alumnos que
peso específico tiene cada esfuerzo en la evaluación global y en la
calificación, lo que significa de algún modo, desarrollar con ellos estrategias
de negociación y transparencia.
Para el resto el problema en la mayoría de los casos reside en la
inexistencia de modelos que unifiquen y expresen finalidades educativas en la
práctica de un Centro. Si bien cada Centro tiene su autonomía, esta autonomía no
puede significar que cada órgano
colegiado o personal no tenga modelos concretos y homogéneos de registro de
información.
6.2.- Técnicas
de observación y registro
Las Técnicas de Observación y Registro son procedimientos destinados a
observar de forma sistemática las conductas de los alumnos y a registrarlas de
la forma más adecuada con el fin de proporcionarles en su momento la orientación
y el asesoramiento más adecuado en cada caso, en este sentido son técnicas de
información cualitativa aunque dependiendo del instrumento son susceptibles de
ser baremadas y cuantificadas.
El objetivo de las mismas, puede decirse que es triple: por un lado
registrar sistemáticamente todos los datos que sean relevantes de la
personalidad y la conducta de los alumnos con el
fin de que conociéndolos podamos después proporcionar una
orientación fundamentada y acorde con su propia
realidad. Por otro lado, estas técnicas pueden constituir también un
excelente instrumento para que los alumnos reflexionen sobre sí mismos y se
conozcan mejor y vayan así fomentando hábitos de autoconocimiento,
autorientación y de toma de decisiones. Y por último pueden utilizarse también
como herramienta para la reflexión y la valoración de conductas: pueden
servir para evaluar el clima social de la clase, las distintas situaciones de
enseñanza-aprendizaje, las dificultades encontradas en la tarea, los intereses y
motivaciones, la conducta de
profesores y alumnos, etc.,
Veamos cada una de ellas por
separado.
.2.1.- El Registro de
Incidentes
El Registro de Incidentes no es más que la anotación escrita de los
incidentes, anécdotas o hechos más significativos o
relevantes en la conducta de los alumnos, hechos o incidentes que
conociéndolos y completándolos con los datos de otras técnicas de observación
pueden permitirnos conocer y comprender
la personalidad de nuestros alumnos, sus actitudes y cualquier detalle de
interés con el fin de proceder a su orientación y
mejora.
Normalmente esta técnica se utiliza en aquellos casos de alumnos o
sujetos que explícitamente hay que observar porque presentan algún
problema, conflicto o dificultad,
sin embargo hay muchos profesores que utilizan el registro de anécdotas y
conductas como componente de su Diario de Clase, lo que les permite conocer e
interpretar mejor la conducta de sus
alumnos.
La validez del Registro de Incidentes depende como es obvio tanto del
tipo de conductas que se registran como de la frecuencia con que se realizan.
Aunque el contenido del Registro dependerá consecuentemente del objetivo
que se pretenda, resulta necesario
registrar:
T Aquellas
conductas que se repiten a menudo y que en el sujeto observado constituyen sus
rutinas o hábitos.
T Los
comportamientos desacostumbrados o atípicos o que normalmente no son habituales
en el sujeto o que no coinciden con las expectativas que el profesor o los
demás le atribuyen.
T Todo
aquello que se considere significativo tanto en la relación interpersonal que se
produce en el aula como fuera de la misma, y que pueda servir de ayuda para
comprender y explicar el hilo conductor de las motivaciones de los
alumnos.
En cuanto a la forma de registrar las conductas, lo ideal es seguir un
modelo normalizado que haya establecido Equipo Docente , y que pueda permitir el
máximo de objetividad posible en la descripción de los
hechos.
Por último señalar, que este procedimiento de observación de las
conductas de los alumnos, si bien tiene la ventaja de aportar datos que mediante
otras herramientas son difíciles de recoger, posee bastantes inconvenientes
cuando no ha sido normalizado para todo el Equipo Docente y de Tutores y sobre todo cuando la
frecuencia de los registros son
escasos:
T Se presta a
mucha subjetividad, sobre todo cuando con escasos incidentes, se tiende a
generalizar una interpretación sobre la totalidad de la conducta del alumno
(efecto "halo")
T Puede
convertirse en una herramienta de control punitivo y sancionador, más que en un
procedimiento de ayuda y de orientación. De hecho, en muchos centros se utiliza
esta fórmula para elaborar los denominados Libros de Faltas de
Disciplina.
6.2.2.- Las Listas de
Control
Las Listas de Control o también denominadas
"check-list",
son como su propio término indica listas de rasgos de conducta o de
características, habilidades, rasgos de personalidad, que son observados
bajo la relación presencia/ausencia, por el observador, en este caso el
profesor.
Se utilizan con frecuencia para registrar sistemáticamente rasgos de
conducta, tareas y resultados y han tenido una profusión extraordinaria en la
elaboración de taxonomías de la conducta del profesor en clase, mediante la
disección microanalítica de su comportamiento
observable.
El problema de la observación mediante las
"check-list",
reside al igual que en todas las técnicas de observación en su conjunto, en dos
inconvenientes muy importantes: siempre habrá conductas que deberían haberse
incluido en la lista o que no han sido descritas con la suficiente operatividad,
y lo que es más importante: la presencia o ausencia de un rasgo no explica
absolutamente nada, sino se toman en consideración otras variables contextuales:
si en un determinado momento un sujeto no respondió o no realizó la tarea que se
esperaba de él, no significa necesariamente que la tarea no sepa realizarla ya
que pueden intervenir otros factores de carácter situacional, afectivo o
motivacional.
6.2.3.- Las Escalas de
Estimación
Las escalas de estimación o "rating
scales"
sirven al igual que las "check-list"
para registrar rasgos de conducta, de personalidad, habilidades, resultados o
cualquier aspecto significativo sobre la conducta del alumno o del profesor,
pero se diferencia de ellas en que el registro no se realiza en función de la
presencia o ausencia del rasgo, sino escalando el grado de intensidad, la
frecuencia o cualquier otra variable que afecte al rasgo observado, mediante la
graduación cualitativa o cuantitativa.
Las escalas de estimación o de valoración son las herramientas más
utilizadas por los Departamentos de Orientación y por muchos Tutores para emitir
informes de sus alumnos: los tradicionales boletines de calificaciones, no son
otra cosa que escalas de estimación.
Son valiosas, porque normalizan y estandarizan en gran medida los rasgos
que se observan, lo que permite la coordinación con los miembros del Equipo
de Tutores y un seguimiento uniforme de la evolución de la conducta o de la
tarea en el transcurso del tiempo.
En general se utilizan para observar entre otros, los siguientes
aspectos:
T Apreciación
de capacidades: memoria, atención, razonamiento, comprensión y expresión
verbal, etc...
T Apreciación
de actitudes: ante las personas, ante las cosas, ante situaciones, ante el
trabajo escolar...
T Conducta
psicosocial: participación, roles, posición en el grupo, integración,
normas...
Los criterios para su elaboración siguen la más pura tradición del
operacionalismo: definir los rasgos en términos de conducta
observable; hacerlo de forma unívoca de forma que el observador lo entienda
en un solo sentido y procurar que los rasgos sean independientes unos de
otros.
En cuanto a los tipos de Escalas, las hay numéricas, que son las que
gradúan el rasgo cuantitativamente, con lo cual pueden establecerse aparatos
estadísticos. También las hay verbales o cualitativas que son las que valoran
aspectos de frecuencia (siempre, frecuentemente, a veces,...) o de
intensidad del valor (Sobresaliente, Notable...). Otras más
sofisticadas son gráficas, para facilitar después un perfil gráfico de los
rasgos observados y por último también las hay descriptivas, en las que del
grado de cada rasgo se facilita una breve descripción con la intención de que al
observador le resulte más fácil registrar la
conducta.
6.2.4.- Los
Cuestionarios
Mientras que el Registro de Incidentes, las Listas de Control y las
Escalas de Valoración pueden ser considerados como instrumentos de observación
directa en cuanto que exigen la presencia de un observador que registra y evalúa
conductas, los Cuestionarios son procedimientos indirectos, que por su
capacidad de ser aplicados a las distintas personas que intervienen en el
proceso educativo pueden aportar una información más rica de los alumnos, aunque
obviamente tienen la limitación de todas las técnicas de observación en
general: la subjetividad que en el caso de los cuestionarios se suele hacer más
patente por la tendencia que todos tenemos a presentar lo mejor de nuestra
personalidad cuando sabemos que estamos siendo
observados.
Aunque la utilización de los Cuestionarios es muy diversa, en el
campo de la Tutoría se suelen aplicar para registrar datos ambientales,
familiares, actitudes, aspectos del desarrollo afectivo, conductas, rasgos
de personalidad etc., y sustituyen en general a los procedimientos de
observación directa, dado el coste de tiempo y esfuerzos que suponen para
el profesorado.
Cuestionarios los hay de muy diferentes tipos y estilos, pero es común en
todos ellos presentar items de forma cerrada, elaborarlos y/o evaluarlos por el
equipo docente o el de tutores o por el Departamento de Orientación,
cuidando las condiciones de presentación y
aplicación, con el fin de que sean aceptables unos mínimos de
validez y fiabilidad.
6.2.5.- Las Escalas de
Actitudes
Por actitud, puede entenderse "...la predisposición relativamente
estable de la conducta, que incluye procesos cognitivos y afectivos y que
tiende a resolverse en la acción de una manera determinada. Las actitudes
facilitan la conducta, pero no la producen en sentido estricto; orientan,
impulsan, condicionan y dan estabilidad a la
personalidad..."
(LAZARO y ASENSI. 1985)
Las actitudes como componentes de la personalidad que incluyen elementos
afectivos, volitivos y tendenciales poseen una gran dificultad para ser
observadas y los instrumentos que se elaboran para su medición u observación
siempre lo hacen a través de los efectos y en el terreno de las
opiniones, con lo que la fiabilidad es dependiente de que el sujeto
responda sinceramente a lo que se le
pregunta.
Para la medición, la observación o el conocimiento de las actitudes, se
utilizan varios tipos de escalas que son las que a continuación
describimos:
1)
Las
Escalas de LICKERT o de puntuaciones sumadas
Consisten en una lista de cuestiones de igual valor y a las que se ha
asignado previamente una puntuación para cada respuesta y que se utiliza como
encuesta de opinión para registrar el grado de acuerdo o desacuerdo con una
pauta de conducta determinada.
Su elaboración es muy sencilla: se especifica la Lista de Conductas que
constituyen una determinada actitud y para cada item o rasgo de conducta se
asignan varios grados de puntuación con una valor cuantitativo para cada
uno. Con posterioridad se establece un baremo general de la Escala que se
corresponde con los grados que se han establecido en cada
item.
2)
Las
Escalas de OSGOOD o de diferencial semántico
Unicamente se diferencian de las anteriores en la presentación de
los grados. Mientras que las de Lickert ofrecen alternativas cualitativas para
cada item, las de Osgood presentan el rasgo de conducta de forma bipolar:
alegre/triste, mucho/poco, justo/injusto y es el sujeto encuestado el que tiene
que determinar el grado para cada rasgo en una escala de puntuación que se le
presenta desde la conducta que se considera más positiva hasta la que se
considera más negativa.
3)
Las
Escalas de THURSTONE o de valores escalonados
Son idénticas en presentación a las anteriores, pero se diferencian por
una gran novedad: la validación de la escala y la puntuación asignada a cada
item es realizada previamente por un grupo de jueces, que para el autor debe ser
como mínimo de 200 individuos, de tal modo que cuando los jueces expresan
discrepancias significativas, el item es
eliminado.
En nuestro caso, lo importante es destacar que cualquier instrumento de
observación de las mencionados, como especialmente las escalas de
actitudes, necesita ser validado por las aplicaciones previas y por el juicio y
valoración de todos los miembros que componen el Equipo Docente o el Equipo de
Tutores: escalas, listas y cuestionarios deben elaborarse basándose en otros que
hayan demostrado validez en su aplicación y con las observaciones,
matizaciones y aportaciones del Equipo de
Profesores.
6.3.- La
entrevista
La Entrevista como acto de relación interpersonal en el que se pone de
manifiesto una corriente afectiva que conduce a la motivación y a la
orientación de los alumnos, es por su naturaleza una
herramienta insustituible en toda Acción Tutorial, Orientadora o de
Observación de conductas y tareas.
Todo profesor o todo
tutor necesita entrevistarse espontáneamente y de forma sistemática y periódica
con sus alumnos y con las familias con el fin no solo de conocer
"in-situ" su personalidad, sino sobre todo de proporcionar información y
orientación sobre aquellos aspectos más relevantes de su
desarrollo.
Pero las Entrevistas, para que sean realmente eficaces resulta necesario
planificarlas especificando los objetivos de la misma: una entrevista no es
simplemente una conversación informal, ni tampoco un acto protocolario
administrativo o un interrogatorio pasivo. La realización de una
entrevista requiere por parte del entrevistador una serie de cualidades,
requisitos e incluso habilidades que se adquieren mediante una práctica
sistemática, continuada y reflexiva.
En el caso de la Entrevista Tutorial puede decirse que es realmente un acto
de comunicación que mediante un clima de afecto, confianza y aceptación
puede contribuir a resolver problemas de maduración, desarrollo y
orientación de los alumnos y por ello debe reunir algunas
condiciones:
T Debe ser intencional y con valor
por sí misma: la Entrevista no es solamente una herramienta, es un objetivo
a desarrollar como imprescindible en todo Plan de Acción Tutorial que se
establezca. No podemos plantear una Acción Tutorial u Orientadora
prescindiendo de la Entrevista: la motivación afectiva, la estimulación del
autoconcepto, la información y el asesoramiento académico, el
conocimiento directo de la persona de los alumnos, serían imposibles sin
realizar Entrevistas, por tanto en la planificación de la Tutoría tendrá que
ocupar un lugar, un tiempo y un contenido.
T Tiene que estar planificada
respondiendo a objetivos preestablecidos, lo que no significa que tenga que
estar "programada". Las entrevistas pueden también hacerse de forma
espontánea y ocasional cuando el propio
alumno o sus familias la solicitan o el Tutor la considere
necesaria:en términos ideales, cada Tutor debería tener
al menos tres entrevistas con cada uno de sus alumnos, a lo largo
de todo el curso: una para cada uno de los trimestres y con
distintos objetivos.
T Exige que el Entrevistador adopte
una actitud de escucha, respeto, tolerancia y en general un objetivo
interés y deseo por realizarla: la Entrevista como rutina no puede en
ningún caso generar el clima adecuado para la orientación, podrá servir
para informar o para recoger datos pero no para asesorar y orientar el
desarrollo educativo de los alumnos.
El contenido de la Entrevista Tutorial puede ser muy variado.
Podemos por ejemplo utilizar las Entrevistas con una finalidad meramente
informativa, bien para recoger datos de la personalidad y de la conducta del
alumno o bien para proporcionarle determinadas informaciones que puedan
resultarle especialmente útiles o de interés o también podemos
simplemente mantener un contacto con el fin de que el alumno pueda expresar
sus inquietudes y las dificultades de adaptación que tiene en el grupo, en el
Centro o simplemente sus problemas en determinada materia o el empleo de su
tiempo libre. En cualquiera de los casos y sea cual sea el contenido y el
objetivo de la Entrevista, y por encima de cualquier otra finalidad, debe primar
el interés por mantener un contacto personal y afectivo con el alumno dirigido a
servirle de ayuda y orientación en su proceso educativo y
madurativo.
La realización de una Entrevista y la utilidad de la misma depende en
gran medida del entrevistador y de la relación entrevistador/entrevistado,
en consecuencia y por mucho que se den consejos de como hacer entrevistas nunca
se terminará de aprender ya que la realidad es que el aprendizaje de la
técnica de la Entrevista se realiza, como la mayoría de los aprendizajes
significativos, a través de la práctica: a hacer entrevistas se aprende
haciéndolas. Si embargo esto no es óbice para que propongamos algunas normas
elementales de
"sentido común":
1.-
Crear un ambiente relajado.
Resulta de importancia que el alumno perciba que el Tutor siente un
interés objetivo por hablar con él y ayudarle, lo cual se favorece buscando
un ambiente físico adecuado y utilizando algunos recursos de
personalización de la comunicación: llamando al alumno por su nombre de pila,
expresándole interés por conocerlo y ofreciéndole muestras de comprensión y de
que el Tutor sabe ponerse en su lugar (en el lugar del alumno),
investigando sobre las expectativas o las razones de fondo que mueven al alumno
a realizar la Entrevista, en el caso de que ésta sea a petición del propio
alumno, etc.
2.-
Buscar experiencias afines.
Tratar de intercambiar con el alumno datos personales que permitan por un
lado la comunicación desinhibida y por otro un hilo de
interconexión comunicativa que permita al alumno percibir que el tutor y él
pueden compartir experiencias comunes. Se trata en suma de romper la relación de
poder que es inherente al papel del profesor tratando de buscar una
relación más igual y simétrica. Para ello es conveniente iniciar algún tema
de presumible interés para el alumno entre los que podrían estar los relativos a
aficiones, uso del tiempo libre, opinión abierta sobre cualquier acontecimiento
de actualidad, etc.,
3.-
Estimular al alumno para que exprese sus
sentimientos.
Utilizar pausas y silencios, hacer preguntas motivadoras en el momento más adecuado con el fin de que el alumno
pueda continuar su exposición, no interrumpir ni enjuiciar,
volver a expresar lo sentimientos
manifestados por el alumno para hacer visible la comprensión
por parte del tutor, o lo que Rogers llama la
"técnica del reflejo del sentimiento".
Esta técnica no es más que volver a expresar por parte del tutor
(entrevistador) las actitudes y sentimientos esenciales que
pueden deducirse de las palabras manifestadas por el alumno
(entrevistado), con un doble objetivo: que el entrevistado se
comprenda mejor a sí mismo viéndose "reflejado" en las palabras
del tutor y que al mismo tiempo se genere un clima de confianza y afecto
como consecuencia de la percepción por parte del alumno de que el tutor "lo
entiende".
4.-
Mostrar comprensión por los sentimientos e ideas expresadas por el
alumno.
Además de "reflejar
el sentimiento"
mediante la repetición ampliada o paráfrasis, el alumno necesita en la
entrevista sentir que es valorado positivamente y que el tutor no
muestra actitudes de sorpresa o escándalo ante lo que él expresa y que puede
realmente expresarse con entera libertad porque percibe y siente que lo único
que pretende el tutor es ayudarle y en consecuencia se siente seguro.
Aunque resulte una obviedad: el respeto escrupuloso por la intimidad de los
alumnos y la conciencia de que lo manifestado en la entrevista no será jamás
utilizado públicamente. En definitiva: respeto, confianza y por
qué no decirlo: cariño.
5.-
Facilitar la toma de decisiones.
El objetivo último de toda orientación individual es permitir que el
alumno sea capaz de encontrar sus propios itinerarios decisionales, es decir,
pueda encontrar su propio camino como resultado de un proceso de autorreflexión
guiada en este caso por la persona del tutor. En este sentido dar consejos
de forma explícita tal vez pueda ser muy oportuno en determinados momentos de
confusión, pero lo que todas las experiencias de consejo y orientación muestran
es que los resultados de la entrevista orientadora resultan mucho más eficaces y
duraderos cuando los entrevistados son capaces de formular y concretar con
la ayuda del entrevistador sus propias decisiones dirigidas a la
superación de su situación de dificultad o
problema.
6.4.- La
triangulación
La triangulación, más que un instrumento de evaluación propiamente dicho
es en realidad un procedimiento para obtener una visión más amplia de la
realidad, situación o hecho que pretendemos observar o en su caso evaluar. Puede
entenderse como "la
combinación de metodologías en el estudio de un mismo
fenómeno"
(DENZIN. 1978) Se trata simplemente de observar un fenómeno desde distintas
perspectivas o ángulos. Así por ejemplo una prueba escrita podría ser corregida
por el profesor, por el propio alumno y por un compañero, etc.., o la evaluación
de una unidad podría realizarse observando alguna producción escrita, una prueba
específica o con una entrevista; en el caso del Centro una triangulación
consistiría en observar aspectos por profesores, alumnos y observadores
externos, etc...
Como procedimiento de contraste de observaciones y de ampliación de
perspectivas, la triangulación posee una gran potencia comprensiva e
interpretativa, permitiendo observar y explicar aspectos de la realidad de
difícil evaluación desde un metodología e instrumentos únicos.
Las posibilidades de triangulación dependen también del tipo de fenómeno
a observar, no obstante en cualquiera de ellos puede hablarse (SANTOS GUERRA.
1990) de triangulación de sujetos (cuando un mismo hecho es estudiado por
observadores diferentes, o cuando un mismo fenómeno es observado en sujetos o
grupos distintos); de triangulación de momentos (cuando un mismo hecho, o
acontecimiento escolar se observa antes-durante-después de su ejecución o
producción) y también de triangulación de métodos e instrumentos (cuando se
combinan distintos instrumentos y/o métodos en la evaluación de un proceso o de
un mismo hecho o también de una producción
determinada).
7.- Equipo
Docente y Evaluación
Generalmente, la información que se genera en un Centro Educativo en
relación a los alumnos y a los grupos carece del contraste pausado y reflexivo
de todos los profesores: los pasillos, las salas de profesores, los recreos, el
bar, son los escenarios en los que se producen informaciones espontáneas del
quehacer cotidiano que en muchas ocasiones poseen significatividad pedagógica,
sin embargo y debido a las prisas y a las rutinas laborales no encontramos
momentos para contrastarlas y aprovecharlas
debidamente.
La práctica rutinaria y burocrática de las Evaluaciones hace que éstas
pierdan todo contenido educativo: si las sesiones de Evaluación son únicamente
reuniones para intercambiar "notas"
no tendría ningún sentido "hacer
reuniones",
ya que bastaría con pasarnos la listas de resultados y nada más.
El desarrollo de la actividad curricular en los distintos grupos del
Centro, genera en cada caso y en cada materia, actitudes distintas tantos de los
alumnos como de los profesores. Coordinar actuaciones pedagógicas que propicien
una cierta coherencia o hilo conductor del tratamiento educativo de los grupos
es algo necesario para que los grupos "estén
bien orientados".
Los alumnos en particular son "personas" cada una con una biografía detrás que
requiere una atención y un tratamiento diferenciados: el rendimiento académico
como cociente entre esfuerzo/producto o costo/beneficio requiere una
reflexión particular sobre cada alumno con el fin de orientar su proceso de
aprendizaje y establecer los refuerzos y apoyos necesarios en cada
caso.
Cada profesional de la educación, cada especialista de materia posee un
bagaje experiencial que por sí mismo puede resultar más valioso que la mejor de
las teorías didácticas al uso: reflexionar sobre cada práctica e intercambiar
experiencias no sólo nos hace mejores profesionales sino sobre todo y lo que es
más importante, nos pueden servir para ser más útiles a nuestros alumnos. Y es a
partir de aquí de donde surge la necesidad educativa de los Equipos Docentes
como grupo de encuentro de profesores y profesoras que desarrollan sus
actividades educativas (enseñanza/aprendizaje y orientación/desarrollo) sobre un
mismo grupo de alumnos, actividades que es necesario articular, coordinar y
situar en la persona de cada alumno como persona
singular.
7.1.- Equipos
Docentes: ¿Para qué?
La necesidad de los Equipos Docentes y de la Tutoría surge históricamente
a partir de que el curriculum se especializa y se constata que cada profesor a
través de su ejercicio docente y de su práctica evaluadora realiza una selección
particular del mismo, selección que exige de los alumnos tareas, actitudes y
conductas a menudo incoherentes e incluso contradictorias. (GIMENO SACRISTAN.
1992). En el mismo sentido a ningún profesional de la docencia se le oculta que
las actividades, las exigencias y la relación educativa que cada profesor
establece con sus alumnos es de un carácter muy singular, hecho que también se
manifiesta en los resultados y calificaciones que el alumno obtiene: no sólo se
aprenden cosas diferentes, dependiendo de cada profesor, sino que además, las
calificaciones dependen de los criterios también singulares que cada profesor o
seminario establece, de aquí que no deba sorprendernos que las calificaciones
que un alumno obtiene dependen en gran medida del profesor como único exclusivo
formulador de criterios de evaluación, y no digamos cuando la calificación se
utiliza por elevación (se aprueba para que no haya conflictos) o por
autoprestigio (se suspende para expresar que la materia es importante y
dura).
Ante esta realidad entendemos que los Equipos Docentes deben servir para
conseguir los siguientes objetivos:
T
Conocer y valorar la adaptación de los alumnos al nuevo curso escolar y
al grupo-clase: analizar las dificultades de convivencia y de
relación.
T
Analizar las dificultades de aprendizaje, de rendimiento académico y la
situaciones personales de todos los alumnos del grupo.
T
Adoptar las medidas preventivas y orientadoras que se consideren
necesarias, tanto con el grupo como con cada uno de los alumnos en
particular.
T
Intercambiar toda la información de la que se disponga en relación con
los alumnos y, en relación con el desarrollo de la materia (programación,
unidades, criterios de evaluación, instrumentos, momentos de evaluación,
etc..,), procurando adoptar decisiones que hagan más coherente y coordinada la
acción educativa de cada uno de los
profesores.
7.2.- ¿Qué
puede hacerse en la Reunión del Equipo Docente?
No podemos negar que existen dos grandes dificultades en la práctica para
la reunión y el trabajo de los Equipos Docentes: por una parte, la escasa
percepción compartida de su necesidad debido a prácticas profesionales ancladas
en la rutina, en el aislamiento y el secretismo profesional, etc..., y por otra
en lo complicado que resulta hacer horarios y disponer de tiempos a los que
todos los profesores den su consentimiento. Sin embargo y a pesar de estas
dificultades, nos parece que los objetivos son lo suficientemente importantes
como para insistir en su necesidad.
Teniendo en cuenta
lo anterior, entendemos que la figura responsable del trabajo y de la
convocatoria del Equipo Docente es el profesor Tutor, ya que la función tutorial
es la especialmente encargada de la atención educativa a las personas
y al grupo.
Aunque como es obvio cada Reunión del Equipo Docente tendrá su propia
dinámica dependiendo de la prioridad que cada equipo establezca de los objetivos
del mismo, no hay dudas de que cada encuentro deberá contener al menos tres
momentos: A) Informe del Tutor del Grupo. B) Informe de cada profesor de materia
y C) Toma de decisiones.
En cuanto al Informe del Tutor, éste debería contener datos relativos a
las características del grupo de alumnos obtenidos mediante los cuestionarios de
exploración inicial, las sesiones de tutoría, el informe redactado por los
delegados si lo hubiere y su propia experiencia personal del grupo, de los
alumnos que presentan dificultades, de sus contactos con los padres de alumnos,
así como otros que pueda ofrecerle el Departamento de
Orientación
El Informe de los profesores de cada asignatura versará sobre el
rendimiento general del grupo, las dificultades concretas y los alumnos
concretos que las presentan, el interés que muestran los alumnos sobre la
asignatura, las anécdotas relevantes que hayan observado,
etc.,
El tercer momento de Toma de Decisiones sería el más importante y en él
se trataría de: concretar mayor atención o seguimiento de los alumnos que
presentan dificultades, coordinar fechas de entrega de trabajos, exámenes,
etc.., adoptar alguna medida concreta con el fin de orientar un cambio de
actitud de algún alumno, establecer algún cambio en la organización y
metodología general de las materias, ("adaptaciones
curriculares")
adoptar alguna normativa común a seguir por todos los profesores que dan clase a
ese grupo, requerir del Departamento de Orientación alguna íntervención
específica, etc...
7.3.- ¿Qué
es una Sesión de Evaluación?
Una sesión de evaluación es una reunión conjunta del equipo docente
de un grupo con los representantes de los alumnos, en la que se recoge la
información que cada uno puede aportar sobre el desarrollo del proceso
educativo, así como de las propuestas que se sugieren para mejorarlo. Este
planteamiento se extiende no sólo al grupo considerado en su conjunto sino
también a cada alumno en interacción con los
demás.
Se diferencia de una reunión del Equipo Docente normal en que intervienen
los representantes de los alumnos;
se toman decisiones evaluadoras de carácter académico y se toman
decisiones de mejora de cara al siguientetrimestre o período.
Para conseguir
una adecuada participación de los alumnos en la sesión de evaluación, es
imprescindible que todos los profesores de cada grupo preparen la reunión. En
estas reuniones preparatorias, el Delegado y Subdelegado del grupo
redactarían un sencillo informe que
podría contemplar al menos los siguientes aspectos:
T
Valoración de cada asignatura por los alumnos,de acuerdo con preguntas
esclarecedoras como:
¬ ¿ Las clases son activas, exigen tu
participación ?.
¬ ¿ Te gustan los temas y actividades
?.
¬ ¿ Se entienden las explicaciones
?.
¬ ¿ Te sientes atendido por el profesor
?.
¬ ¿ Entiendes los criterios de evaluación
?.
¬ ¿ Los controles se corresponden al
trabajo de clase?.
T
Autoevaluación individual y en grupo de acuerdo con criterios tales
como:
¬ ¿ Llevas diariamente el material a clase
?.
¬ ¿ Realizas el trabajo diario de clase
?.
¬ ¿ Preguntas cuando no entiendes
?.
¬ ¿ Participas en tu grupo de trabajo
?.
¬ ¿ Refuerzas en casa las asignaturas
?.
¬ ¿ Recibes ayuda de tus compañeros
?.
¬ ¿ Prestas ayuda a tus compañeros
?.
¬ ¿ Pides ayuda al profesor para recuperar
?.
¬ ¿ Atiendo durante las exposiciones
?.
¬ ¿Mi comportamiento en clase facilita el
desarrollo de las actividades o lo
entorpece?.
T
Acuerdos adoptados:
Este aspecto es esencial en la preparación de la sesión, de tal manera
que los problemas deben llegar a la sesión de evaluación suficientemente
debatidos por el grupo-clase, y con las propuestas o acuerdos
adoptados.
No debemos llevar jamás a una sesión de evaluación, un problema que no haya sido
planteado previamente al profesor de la asignatura, y en el que el Tutor/a junto
con el grupo, no hayan llegado a unos acuerdos o propuestas de
solución.
En cuanto al desarrollo de la sesión y durante la misma el/la Tutor/a
redactará un acta de la reunión recogiendo el conjunto de problemas, propuestas
y compromisos asumidos, de tal modo que
la reunión siguiente se pueda comenzar analizando los resultados
obtenidos de la aplicación de los acuerdos, así como los motivos que hubieran
impedido ponerlos en práctica.
La sesión de evaluación se podría desarrollar de acuerdo con la siguiente
secuencia de actividades:
1. Informe del tutor
2. Informe de los profesores
3. Informe de los alumnos
4. Acuerdos adoptados
5. Evaluacion individual / acuerdos
adoptados
1º.- Informe del
Tutor,
que contemple una valoración de los resultados obtenidos por el grupo, así como
una valoración de los problemas básicos observados en el grupo-clase, problemas
de comportamiento generales, faltas de asistencia etc. Para elaborar este
informe, el Tutor/a debería contar podría contar con los datos estadísticos
procesados por ordenador.
2º.- Informe de
los profesores
que incluirán comentarios sobre el desarrollo de la programación,
seguimiento de los alumnos, análisis de resultados obtenidos, problemas surgidos
y finalmente propuestas para el período
siguiente.
3º.- Informe de
los alumnos
que
podría contener aspectos tales como:
¬ Dinámica del aula ( trabajo individual y
en grupo, relaciones de comunicación entre alumnos/as y con los
profesores/as,niveles de participación, problemas de
comportamiento).
¬ Métodos y ritmo de trabajo (comprensión
de las explicaciones y actividades, organización del trabajo, tiempo de
estudio, trabajo para casa, adecuación entre los exámenes y el trabajo
cotidiano ).
¬ Propuestas y acuerdos para llevar a cabo
la próxima evaluación.
4º.- Evaluación
del Grupo / Acuerdos adoptados:
Sin este último aspecto, la sesión de evaluación perdería su
sentido, siendo esencial que el Tutor tome nota de los acuerdos adoptados y de
la forma en la que se llevará a cabo su seguimiento. Los acuerdos deberían
adoptarse teniendo en cuenta las informaciones aportadas por el
Departamento de Orientación si lo
hubiere.
5º.- Evaluación
individual / Acuerdos adoptados:
Este último punto se desarrollaría sin la presencia de los
representantes del grupo, dado el carácter privado que pudieran revestir algunas
informaciones personales, llevándose a cabo un debate sobre la valoración de los
resultados obtenidos por cada alumno, así como de su integración en el
grupo, problemas de comportamiento, y cuantos otros aspectos se
considerasen de interés en su orientación personal y escolar. En el mismo sentido, el papel del
Orientador en este punto sería de una importante
significación.
8.- Anexos
Anexo 1:
BATALLOSO, J.M. "¿Es
posible una Evaluación Democrática?". Revista
AULA de Innovación Educativa.
Nº 35. Febrero. 1995.
Anexo 2:
Modelos posibles de Actas
de la Sesiones de Evaluación
y de Documentos
de Evaluación adaptados
a la Orden de febrero del 93 sobre Evaluación en la
E.S.O.
Anexo 3:
Material para la reflexión individual y el trabajo en pequeño grupo de
cada una de las sesiones del Modulo III del Itinerario de Formación de EQUIPOS
DIRECTIVOS.
EVALUACIÓN
28-Mar-95
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