Productos volcánicos secundarios

Existe una variada gama de productos y fenómenos asociados al volcanismo, que se generan de una manera indirecta revelando su indudable relación con procesos magmáticos, aunque no necesariamente con períodos efusivos. Dentro de este grupo, además de las erupciones freáticas ya citadas, pueden incluirse las anomalías térmicas superficiales, las fuentes termales, los geyseres y los volcanes de barro.

La energía acumulada en los magmas se desprende sólo en una pequeña parte durante las erupciones, puesto que en su mayoría se transmite constantemente en forma de calor por conducción a través de las rocas o transportada por volátiles. Este exceso de calor se refleja en la presencia de numerosas fuentes termales, que a su vez facilitan la lixiviación de determinados elementos en las rocas y la reacción de otros, lo que sumado a la acción de los volátiles, da lugar a la formación de productos hidrotermales.

Algunas fuertes anomalías térmicas no están aparentemente asociadas a procesos hidrotermales, puesto que están localizadas en zonas de baja pluviosidad y ausencia total de aguas superficiales. Un ejemplo espectacular lo constituyen las Montañas del Fuego (Lanzarote), donde se miden temperaturas de 100º C en superficie y de 300º C a pocos metros de profundidad. Esta anomalía «seca» parece estar, sin embargo, relacionada con un sistema hidrotermal alimentado por agua marina que se calienta en acuíferos profundos, próximos a bolsadas magmáticas (Araña et al., 1973).

En un sentido u otro, las aguas subterráneas o superficiales reflejan en sus variaciones térmicas, químicas o simplemente de caudal, la energía de un magma profundo. Este puede ser el caso del Lago de Bañolas, en la región volcánica de Olot (Gerona), que periódicamente parece dar muestras de una actividad magmática que ya se considera extinguida en la zona.

Cuando los fluidos hidrotermales descomponen las rocas superficiales, se forman barrizales que burbujean constantemente, dando la impresión de ser lagunas de lodo hirviente. En algunos casos, este fenómeno se concentra en un punto alrededor del cual se levanta un pequeño edificio cónico (volcán de barro) formado al acumularse los borbotones de lodo en los bordes del orificio por el que escapan los gases. Esporádicamente interviene una mayor cantidad de agua en el proceso, y el lodo se desborda en pequeñas «coladas». No deben confundirse estos pequeños volcanes de barro con los «mud volcanoes» (Jakubov et al., 1971), que alcanzan hasta 500 m de altura y cuya discutida génesis parece más relacionada con bolsadas de gas e hidrocarburos que con procesos magmáticos.

Una espectacular variedad de las fuentes termales son los geyseres, muy frecuentes en Islandia, de donde procede su nombre. Los geyseres expulsan esporadicamente vapor y agua a temperaturas elevadas y sólo parecen explicarse en un contexto volcánico. Su mecanismo no está definitivamente aclarado, pero puede explicarse por la presencia de grietas poco profundas en conexión con un acuífero sometido a elevadas temperaturas. Cuando el agua contenida en la grieta se calienta sobre su punto de ebullición, sale a gran presión, a la vez que se produce su vaporización. El lapso entre dos erupciones se debe al tiempo que necesita el nuevo aporte de agua para alcanzar su temperatura de ebullición. Las periódicas fluctuaciones en la erupción han sido relacionadas con mareas terrestres, presión barométrica y esfuerzos téctónicos (Rinehart, 1972), pero parece más probable que sea un sistema de fracturas en un medio poroso el que controla el fenómeno.

Detalladas investigaciones han sido realizadas en los geyseres de Islandia, Japón y EE. UU. (ver p. e. White, 1972 y Einarsson. 1967). En Yellowstone (EE. UU.) se encuentra el famoso Oíd Faithful que actúa durante unos 4 minutos cada hora, lanzando su columna de agua a más de 20 metros de altura.

En las proximidades de las fuentes termales se forman terrazas de sinter (silíceas) o travertino (carbonáticas) al precipitar los minerales que las aguas calientes disuelven y arrastran del subsuelo. Estos depósitos son de color claro, pero la presencia de algas y de óxidos y sulfuros de hierro y manganeso les dan frecuentemente un brillante colorido de tonos marrones, amarillos, azules y verdosos.

Otro producto frecuentemente asociado a formaciones basálticas en regiones con clima árido es el caliche (horizontes carbonáticos muy cementados) que se forman al precipitar calcita las aguas que en verano ascienden hacia la superficie. En las Canarias Orientales se han formado potentes niveles de caliche que son explotados como caleras (Bravo, 1964).


Vicente Araña Saavedra & José López Ruiz

Volcanismo
Dinámica y Petrología de sus productos

Colección "Colegio Universitario"
Ediciones Istmo
Madrid, 1974