Introducción a la historia de la minería en la Sierra Norte de Sevilla

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De la Antigüedad al siglo XVI

        Las actividades mineras en la Sierra Morena sevillana pueden remontarse, al menos, hasta la época romana. Uno de los mayores promotores mineros de esta época fue el pretor Sextus Marius, llegado desde Roma en el 114 a.c. con la misión de combatir a los lusitanos que depredaban la Hispania Citerior. Pronto se convertiría en el dueño de las minas de cobre, oro y plata de la Sierra Morena, cuya denominación procede de la deformación popular de su apellido.

        En la Sierra Norte se han reconocido vestigios de trabajos romanos en la mina del Pago de Gibla (Constantina) y en el Cerro del Hierro (San Nicolás del Puerto), en éste se han encontrado candiles y útiles mineros localizados hasta 50 m de profundidad. También se han encontrado vestigios en los criaderos de plomo argentífero de Alanís y Cazalla. Aunque no hay testimonios directos, algunas fuentes antiguas citan explotaciones romanas en las antiguas minas de plata de Guadalcanal.

          Por otro lado, también se han reconocido numerosas labores romanas en el distrito pirítico de Huelva y Sevilla. En la Sierra Norte sevillana destacan las Minas de Silillos, Cuchillón y Caridad (Aznalcóllar) y Admirable (Castillo de las Guardas).

        Ya en la Edad Media, diversas fuentes musulmanas y cristianas citan las minas del Cerro del Hierro, el plomo y la plata de La Puebla de los Infantes y el hierro de Villanueva del Río. En 1499 se concierta un Real Asiento sobre las minas de El Pedroso y Constantina.

        En 1514, la Corona concede al Duque de Arcos la explotación de todas las minas del Arzobispado de Sevilla. En ese año se hicieron asientos con Francisco de Herrera sobre las minas de El Pedroso y Constantina y con Cristóbal López de Aguilera sobre las de Alanís, Cazalla, La Puebla de los lnfantes y San Nicolás del Puerto. En 1539 las minas del Arzobispado de Sevilla se otorgan a Cristóbal Ponce de León. Esta situación de otorgamiento de concesiones en grandes dominios geográficos cambió en 1559 al promulgarse una pragmática que declaraba caducas todas las concesiones, salvo algunas excepciones. La pragmática establecía el modo de beneficiar las minas, obligando a asentarlas en el Registro General de Minas. En 1584, Felipe II promulga unas ordenanzas que regirán sobre los siguientes 241 años, dando igual tratamiento a súbditos extranjeros y a los del Reino y tipificando los impuestos y regalías de los diversos metales. A partir de este momento, la actividad minera se ve potenciada a pesar de las explotaciones americanas.

GUADALCANAL

           En esta época, la explotación minera más importante de Andalucía se desarrolló en Guadalcanal, cuyas minas de plata fueron descubiertas en 1555 por Martín Delgado, teniente de alcalde de la villa. La Casa Real se las incautó y comisionó a Agustín de Zárate para su administración junto con unos súbditos alemanes que influyeron mucho en las técnicas de explotación. El rendimiento de la mina fue bueno y a fines de 1556, a la vista de los numerosos registros mineros surgidos en torno a la población, se nombra lnspector General a Francisco de Mendoza. Con él se variaron los procesos de tratamiento, se instalaron molinos de caballerías y se empezaron a usar esclavos, sobre todo en las operaciones de desagüe. Poco después la mina  empezó a decaer por los problemas de inundación y se comenzaron a aplicar procesos de amalgamación para la recuperación de la plata descubiertos por  el sevillano Bartolomé de Medina.

          En 1 564 se inicia una nueva fase a cargo del minero Francisco Blanco, y en 1570 se descubre una nueva de mineralización, encomendándose de nuevo a Zárate la dirección de los trabajos, que por aquel entonces llegaban a 130 m de profundidad. Sin embargo, los derrumbamientos e inundaciones acaban con la actividad en 1576. No volvió a haber actividad importante hasta 1632 en que se hicieron cargo de las minas los banqueros alemanes Fuggers (castellanizado a Fúcares), pero la explotación duró sólo dos años. A fines del siglo XVII encontramos al Estado laborando las minas por su cuenta.

          En 1725, el súbdito sueco Liberto Wolters Vonsiohielm obtuvo licencia para explotar las minas de Guadalcanal, junto con las de Cazalla, Riotinto, Aracena y Galaroza, durante treinta años. Para ello proyectó la formación de una compañía explotadora que interesó especialmente a la clase alta de la Corte, levantando una gran polémica. Con el informe favorable sobre los criaderos debido al alemán Roberto Shee, se constituyó la Compañía de Minas que pronto se dividió en dos: una para Guadalcanal y la otra para Riotlnto. La Compañía de Guadalcanal verificó el desagüe de las labores y, tras un sinfin de pleitos, se extinguió a los dos años. Tras varias tentativas de reactivación, en 1768 una compañía francesa volvió a intentar el beneficio de estas minas, construyendo a tal efecto edificios e instalaciones. La falta de resultados favorables, tras una inversión estimada en ochenta mil ducados, obligó a la compañía a contratar en 1775 al perito sajón Juan Martín Hoppensak, quien, tras reconocer la mina, organizó el desagüe e investigó el cruce de los filones, anunciando además la proximidad de la falla en las labores más profundas del sur. A pesar de los esfuerzos, las dificultades del desagüe hicieron fracasar la empresa en 1778. Pero en 1796 Hoppensak tomaba las minas por su cuenta, junto con las de Cazalla.

          Las minas de Guadalcanal fueron visitadas por el físico y naturalista Guillermo Bowles, venido de Alemania en l 752 por encargo de Carlos III, y en su "Introducción a la Historia Natural y a la Geografía Física de España” (1775), da cuenta del reconocimiento practicado en el Pozo Rico y en el Campanilla. Además, hace una reseña histórica de las minas y refiere la existencia de dos planos antiguos, uno con diez pozos y otro con once, entre 80 y 120 pies de profundidad. Describe también otras minas de Guadalcanal, así como las de Puerto Blanco y Cañada de los Conejos (Cazalla), Alanís y Fuente de la Reina (Constantina), todas de plata.

        Hoppensak continuó los trabajos de Guadalcanal y Cazalla al menos hasta 1806. En 1822 la Comisión Especial de Recaudación del Crédito Público encargó un informe que no consiguió abrir nuevos horizontes al criadero de Guadalcanal. De nuevo, en 1830 se encarga al presbítero Tomás González el reconocimiento de la bibliografía concemiente a las minas. En la década de 1840 una compañía inglesa reanuda las labores, que fueron abandonadas en breve a pesar del informe favorable que dio el capitán John Rule, como resultado de su visita personal.

        Mucho más tarde, en 1.911, se vuelve a reanudar el desagüe por parte de un grupo de mineros particulares, mediante la instalación de un grupo de bombas eléctricas alimentadas por una central a boca de mina; se perforaron 100 m de pozo llegándose a los 200 m de profundidad, a la que se encontraban las labores antiguas. Se proyectó un aumento de los equipos de desagüe que no se llevó a cabo al sobrevenir la I Guerra Mundial. En 1919 y sin que hubiera actividad minera, el yacimiento estaba cubierto por concesiones a cargo de la Compañía del Pozo Rico, la Cuprífera Española y Rodolfo Goetz Phillipi.

 

 

 

 

 

        Por otra parte, desde 1563 se comienzan a otorgar numerosos registros de plata, oro, plomo, cobre y otros metales en diversos términos de la Sierra Morena sevillana, entre los que destacan Aznalcóllar, Castillo de las Guardas y Almadén de la Plata. En 1621 debían hallarse en explotación algunas minas de carbón en Villanueva del Río, ya que por Real Cédula se facultaba al licenciado Pedro de Herrera para investigar un posible fraude “en las minas de carbón de piedra descubiertas en término de Villanueva del Río”.

VILLANUEVA DEL RÍO Y MINAS

      Ya en el siglo XVlll, de 1768 a 1770, se solicitaron cuatro registros mineros para la explotación de los carbones de la cuenca de Villanueva del Río, aprobándose sólo uno que dio lugar a la formación de una compañía cuya actuación no tuvo el éxito esperado por el mejor precio que tenía el carbón inglés que llegaba a Sevilla. Cuando en 1780 cesaron las importaciones, la vida de la compañía prosiguió, aunque no pasaba de abastecer a media docena de fraguas de la provincia. Esta iniciativa empresarial se enmarcó dentro de la Real Cédula que en 1771 permitía la explotación del yacimiento y estimulaba la acción de la sociedad que pretendía beneficiarlo. Carlos lll concedió la explotación de los carbones de Villanueva y, se dio licencia para su aprovechamiento libre de todo impuesto, salvo los generales, durante 20 años para todas las minas de homagüera por Cédula Real de 1780.

        En 1787 la cuenca fue visitada por Fernando Casado de Torres, del Cuerpo de ingenieros de Marina, en cuyo informe recomendó “convertir en coque el carbón obtenido en el yacimiento de Villanueva del Río", a la vez que desde la Secretaria de Marina comenzó a im­pulsar su prospección y aprovechamiento.

       A la vista del interés suscitado, en 1790 Pedro Henry presentó a la Sociedad Patriótica de Sevilla, una memoria descriptiva encargada por el Consejo Superior. A partir de este hecho, la sociedad inglesa titular de las minas de Riotinto se interesó por el carbón de Villanueva para abastecer sus instalaciones de trata­miento de mineral cobrizo, pera el asunto no progresó y la actividad minera de la cuenca carbonífera fue mínima.

        En 1.804 se dicta una Instrucción Real sobre la forma de laborear las minas de Villanueva, a la vez que los vecinos vieron consagrados sus derechos a la explotación de las minas; a partir de entonces se eiecutan los primeros trabajos subterráneos abasteciendo el mercado de Sevilla y, ocasionalmente, Cádiz y Málaga. Sin embargo el interés por esta cuenca no surgió hasta 1817 o 1818, aunque las actividades mineras no fueron de importancia debido sobre todo por la inexistencia de un mapa topográfico de la zona, cuya elaboración no se culminaría hasta 1828. Desde 1829 la parte más considerable de la cuenca estuvo en manos de la Real Compañía del Guadalquivir, por privilegio concedido 10 años antes, aunque la explotación estuvo inactiva hasta 1821 y parte de 1822. Por esta época también funcionaban las minas de Cristóbal Rodríguez Codón, la de Antonio Fajardo y la de Cristóbal Cañete, denominada La Vereda, que no producía en los años de 1835 y siguientes. Debido a los problemas de inundación, estas minas sólo se trabajaban en el verano, realizándose el desagüe mediante “aguadores” en relevos de doce horas, salvo en una mina la Compañía del Guadalquivir, que en 1831 instaló la que posiblemente fuera la primera máquina de vapor montada en una mina de España.

         Estas minas cobraron interés con la construcción del ferrocarril de Sevilla a Córdoba, iniciada en 1856 por capital francés. Ello indujo a M. Pereire a la adquisición de las minas de La Reunión (en torno a las cuales surgiría la población de Villanueva del Río y Minas) que, en opinión de entonces, no eran lo mejor de la cuenca. Sin embargo, Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico, Histórico y Estadístico (1845-1850) afirma en ellas: “A la distancia de una legua (de Villanueva del Río), entre N. y O, se hallan unas minas de carbón de piedra de superior calidad, que se benefician por diferentes compañías y vecinos del pueblo, en las que se trabajaban por la compañía llamada de La Reunión, se han hecho varias casas para empleados y operarios, almacén para la pólvora y la magnífica sillería, donde está colocada la máquina de vapor para extraer las aguas. Los carbones se conducen desde las minas hasta el barranco del Guadalquivir, distante 3/4 de legua, en caballerías, y desde allí se conducen por medio de barcas a Sevilla excepto de los que se llevan a la fábrica de hierro de El Pedroso, que van a ella directamente y en carreteras desde las minas”. Detenida la explotación por motivo de las aguas, tanto en las minas de La Reunión como en las de la Real Compañía del Guadalquivir, la sociedad francesa bajo la direc­ión de Pereire, efectuó una instalación de desagüe en regla, poniéndose en marcha una explotación carbonera formal. Lo mismo intentó hacer la Real Compañía del Guadalquivir pero endeudó excesivamente, lo que la obligó a vender las minas y la línea férrea a la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (M. Z. A.) en la década 1.870.

        Ya en el siglo XX, durante el primer tercio la producción anual del carbón  se mantuvo en unas 200.000 Tm. anuales. Más tarde, tras la estabilización dcl negocio de los ferrocarriles, las minas pasaron a la titularidad de la Renfe, quedando incluidas en el patrimonio nacional, dentro del Ministerio de Hacienda. La Renfe administró la mina de 1969 a 1972, año en la que se cerró. Posteriormente, hubo trabajos a cielo abierto que dieron lugar al abandono definitivo de la cuenca.

 

 

 

 

 

 

Siglos XIV al XIX

        En el siglo XVlll se explotan las minas de Guadalcanal, Cazalla, Alanís, Constantina y Villanueva del Río. En el siglo XlX se inicia, baja el signo de la escasez de explotaciones mineras: tan sólo se citan algunas explotaciones de plata, plomo y hierro. En 1814, al término de la Guerra de la Independencia, los documentos de la época aluden al laboreo en Guadalcanal.

        Aunque el sector sevillano de la Faja Pirítica del SW había sido objeto de explotaciones puntuales desde muy antiguo, es en 1850 cuando se registran trabajos de envergadura en el Castillo de las Guardas, alcanzando por aquellos años producciones del orden de 20.000 arrobas anuales de cobre. Las actividades en la zona fueron muy numerosas, especialmente en el último tercio del siglo, destacando las minas de Admirable, Diana, Marichu, Mercedes y Concepción (El Castillo de las Guardas), y Silillo-Cuchillón, Caridad  y Adriano (Aznalcóllar). De estas minas, la mayoría beneficiaban el cobre y algunas plomo y zinc. En estos dos términos municipales se explotaron también criaderos de manganeso, superando la producción en 1866 los 40.000 quintales métricos de peróxido.

        El criadero de pirita más importante de este sector fue la mina Admirable, situada junto al poblado denominado Minas de El Castillo de las Guardas. Entre el siglo pasado y la fecha de abandono, 1963, se extrajeron 2.500.000 Tm. de mineral. Comprendía dos masas en explotación, llamadas "Norte", la más importante, y "Sur". Las instalaciones comprenden varios pozos, galerías y una corta de 300 m de largo y 100 m de ancho. El pozo maestro llegó a tener una profundidad de 125 m y el último piso alcanzado fue el 15. Se instaló una planta para la explotación de minerales cobrizos de baja ley en azufre y un taller de trituración de piritas. La mina estaba servida por un ferrocarril de vía estrecha que se unía en El Ronquillo con el que, procedente de las minas de Cala (Huelva), llegaba al cargadero de San Juan de Aznalfarache, con un recorrido total de 72 km. El yacimiento fue objeto de varios sondeos de investigación en 1878.

Aspecto general de las minas de El Castillo de las Guardas (Sevilla)

 

Instalaciones abandonadas de las minas de El Castillo de las Guardas (Sevilla)

        En otros lugares de la Sierra Norte y durante el siglo XlX, se beneficiaron diversos criaderos de cobre y plomo con leyes altas en plata, destacaron las minas de Santa Cecilia, Santa Victoria y Coto Cervigueros (Constantina), cuyas labores en 1834 alcanzaban la profundidad de 100 m, y también el Pago de Gibla, que explotó un filón cobrizo de plata que en 1870 volvía a ser trabajado con el nombre de mina Josefina. En 1865 se encontraban en actividad varias minas cupríferas en Almadén de la Plata; entre 1880 y 1884 se explotaba la mina de Campos en El Real de la Jara, y en Alanís se beneficiaban los escoriales de la mina Josefa Diana que permanecía inactiva por problemas de desagüe. Así mismo, en la década de 1860, se explotaban pequeños yacimientos plomizos en Las Navas de la Concepción y en Guillena.

        Hacia 1836, el oficial de Artillería Francisco de Elorza, iniciaba el montaje de la ferrería de El Pedroso, auxiliado por el ingeniero de minas ruso Gustavo Wilque, procedente de Riotinto. Sin embargo, el primer intento serio de explotación y desarrollo de los criaderos de hierro de la zona la promovió la compañía de Minas y Fábricas de El Pedroso, que floreció en la primera mitad del siglo XlX. Esta compañía consiguió reunir casi toda la propiedad minera de importancia de El Pedroso y sus proximidades, así como del Cerro del Hierro, que denunciaba en 1872, extendiendo su patrimonio a los términos de Cazalla, Constantina y Alanís (en total unas 8.000 Ha.).

CERRO DEL HIERRO

       Como ya se indicó, los yacimientos del Cerro del Hierro fueron explotados ya en época romana, realizándose labores a favor de las zonas en las que el mineral se presenta más puro y fácil de fundir, unas veces a cielo abierto y otras en labor subterránea. La Compañía de El Pedroso no explotó el mineral del Cerro del Hierro, aunque sí efectuó algunos sondeos de exploración. En 1893, las minas fueron tomadas en arrendamiento por la sociedad escocesa William Baird Mining and Co. Ltd., de Glasgow, que comenzó seguidamente sus instalaciones, inaugurando la explotación en 1895 y continuándola durante la primera mitad de este siglo, bajo la firma The Baird’s Mining Co. Ltd. La arquitectura inglesa del poblado del Cerro, junto con la iglesia y las casas de los ingenieros, se deben a esta época. También se construyó en 1865 un ramal ferroviario de l 5 Km. de longitud que, de acuerdo con la M.Z.A., se unía a la línea Sevilla­-Mérida. Entre 1895 y 1932 se obtuvo una producción de 7’63 millones de Tm., a un ritmo de 200.000 Tm. toneladas anuales por término medio. Hubo un periodo de inactividad, coincidiendo con la Guerra Civil, al término del cual siguió trabajándose la mina para la misma compañía. Sin embargo, en 1.946 pasa a manos de Nueva Montaña Quijano, extrayéndose hasta 1966 la cantidad de 2 millones de Tm. , transfiriéndose  posteriormente a una nueva sociedad, Cerro del Hierro S.A., que entre 1972 y 1977 extrajo una cifra similar. En la década de los 80 la mina estuva bajo la titularidad de una cooperativa de las propios trabajadores que realizaron, a nivel restringido, el beneficio de las baritas existentes en el criadero. En la actualidad no se lleva a cabo ningún trabajo de aprovechamiento.

      La Compañía de Minas y Fábricas de El Pedroso, luego de haber reunido este importante patrimonio minero, se lanzó a la construcción del complejo industrial Fábrica de El Pedroso, a pocos km de esta población, en la confluencia del río Huéznar y del arroyo de San Pedro, agrupando en ella talleres e instalaciones siderúrgicas así como construcciones auxiliares y albergues para 500 obreros y sus familias, escuelas, etc y una central hidráulica, además de diversas plantas locomóviles. Pero los altos precios de arranque y transporte del combustible desde la cuenca carbonífera de Villanueva del Río, distante 31 Km, impidleron la marcha favorable del negocio viéndose obligada la empresa a ceder sus minas más importantes a The Lima lron Mines (El Pedroso), y a William Baird Mining Co. Ltd. (Cerro del Hierro). En 1895 se paraliza la fábrica y en 1899 otra parte de sus minas aparecen a nombre de la compañía inglesa lberian lron Ore Co. Ltd.

        En la Sierra de la Jayona (Guadalcanal, hoy en término de Fuente del Arco, Badajoz) se explotaron a finales del siglo concesiones en un criadero a cielo abierto cuyos productos se enviaban como fundentes a la fundición de plomo de Peñarroya (Córdoba). En 1883 y 1884, se demarcaron varias minas de cobre y níquel que trabajan en pequeña escala hasta 1890. En 1885, en los términos de Peñaflor, La Puebla de los lnfantes y Lora del Río, se detectaron indicios de oro que no trajeron ninguna actividad industrial. En la segunda parte del siglo se benefician en La Puebla de los Infantes diversos yacimientos de plomo (El Galayo Viejo, El Galayo Nuevo, mina Holanda).

 

Siglo XX

        Ya en el siglo XX, las minas de El Pedroso aparecen en 1901 en manos de la firma Sota y Aznar, de Bilbao, que intentó proseguir la explotación entre 1901 y 1907, teniendo que abandonar las labores. Otra parte de las minas estaban arrendadas a la empresa Alatorre, que en diferentes ocasiones quiso poner de nuevo en marcha la fábrica siderúrgica y las minas, por ultima vez en la I Guerra Mundial. Entre 1918 y 1921 volvía a funcionar la instalación siderúrgica, pera tuvo que cerrar por  el alto precio del mineral extremeño que era necesario para proceder a las mezclas que permitían utilizar las minas de El Pedroso. En 1923, al amparo de la Ley de Nacionalización y Organización de Industrias, se intenta de nuevo la puesta en marcha del asunto a base de la fabrica­ión de lingote de acero, ferroaleaciones, bronces, etc., barajándose la combinación de estos minerales de hierro silíceos con otros iguales de Cazalla y Constantina, además de las magnetitas de El Pedroso y otros minerales y carbones de diversas procedencias. La intentona fallida volvió a plantearse en 1927 de la maoa de la Siderúrgica del Huéznar, sin resultado. En 1931 surge la Compañía Sevillana de Ferrocarriles, Minas y Metalurgia SA., que propone un proyecto siderúrgico para 15.000 Tm. de hierro laminado anuales, en el Cerro del Hierro. Las minas de El Pedroso hacia 1912 estuvieron en manos de la Societé des Mines du Pedroso, especialmente la zona central del yacimiento. Esta sociedad pertenecía a la Compagnie lndustrielle et Commerciale d’Amivers, que trabajó entre 1910 y 1912 las magnetitas de la Sierra de la Grana (Cazalla), que luego de 1912 pasaron a la Compañía Minera de Andalucía que realizó trabajos de investigación sin llegar a su explotación.

        En Guadalcanal siguieron en actividad las minas de hierro de la Jayona, que en 1902 instalan un tranvía aéreo de 5,6 Km hasta la estación de Fuente del Arco, con una capacidad de 400 Tm./h. En Alanís, en 1906 estaba activa la Saciedad Minera de Onza explotando criaderos de hierro. En El Real de la Jara había labores mineras durante el primer tercio de siglo en la Sierra Bordalla. Durante la primera década se efectuaron numerosas labores argentíferas. Las más no­ables fueron las de Cazalla de la Sierra, donde desde 1900 Guillermo Sundheim asociado a la casa Fould et Cie., investigaba el coto minero Morena y en 1909 The Cazalla Mining Co. Ltd. adquiría la mina de cobre Virgen del Monte, mientras que de 1912 a 1920 se explotaba la mina Blanquita de la Cañada de los Conejos. En El Pedroso, hasta l 909, la Sociedad Ramifera ltala­Spagnuola trabajó la mina cuprífera San Miguel y en Constantina seguía intermitente la mina del Pago de Gibla entre 1917 y 1927, centrándose las labores en la antigua mina Josefina que en 1922 producía 150 Tm. También en término de Constantina, la Sociedad Minas de Cervigueros explotaba el coto del mismo nombre en 1900, explotando minerales de hierro y plomo con abundante plata, hasta 1.903.

        Para la explotación del grupo minero del Marín, cerca de Guadalcanal, y en término de Alanís, se creó en 1902 la Sociedad Argentífera Sevillana que dos años más tarde terminaba la instalación de 5 sistemas de extracción en sus correspondientes pozos maestros, así como un lavadero mecánico en el grupo Norma, construyendo cuarteles para trabajadores, talleres, escuelas. La campaña se inició en 1905 con 1.241 Tm. de concentrados, terminando en 1910. En 1917 hay constancia de la actividad del grupo minero de plomo Laberinto (Guadalcanal). Su máxima actividad tuvo lugar en 1917, con una profundidad de 140 m. Hacia 1922, en El Real de la Jara actuaba la empresa holandesa Mineralia, trabajando sobre tres socavones antiguos: San Luis, San Juan y Lola y beneficiando el mineral en una planta de separación que no tuvo rendimiento, por lo que se suspendieron los trabajos en 1925, reanudada la sociedad hispalense. En 1.900 se constituyó la empresa inglesa The Sierra Morena Copper Mines para explotar la mina Preciosa, de cobre, en Peñaflor, aunque no se haría cargo de ella hasta 1907. En 1901 se constituye la Sociedad Minera de Peñaflor, que paralizó las labores subterráneas de cobre en 1917, enajenándolas en 1926 a Manuel Fernández Balbuena.

        En cuanto a los yacimientos de fosfatos de Peñaflor, en 1901 fueron adquiridos por The Peñaflor Copper Mines sin que haya noticias sobre su posible explotación. En 1900 actuaba en La Puebla de los lnfantes la Sociedad Valenciano-Andaluza sobre unas minas de hierro y cobre. Por otra parte, los yacimientos de plomo de este término siguieron con su actividad de escasa importancia, destacando solo la mina de Holanda y la mina El Adelfar.

        Al comenzar la década de los 60, en el sector sevillano de la Faja Pirítica, sólo existían dos minas activas: la antes mencionada Admirable, de El Castillo de las Guardas (hasta 1947 de la sociedad homónima, pasando en 1948 a Minerales Reunidos, que las arrendó al grupo lndumental hasta su cierre en 1963) y la mina Caridad de Aznalcóllar.

       

AZNALCÓLLAR

     Como muchas minas del sector, la explotación de Aznalcóllar tuvo un origen romano, si no anterior, pasiblemente en paralelo con Riotinto como parecen demostrar las escorias encontradas al este del criadero de Aznalcóllar. Desde 1876 a 1942 se explotó el yacimiento para extraer cobre a cargo de la Sevilla Sulphur and Copper Co. Ltd. Durante ese espacio de tiempo se delimitaron tres masas al este y dos al oeste. Hasta 1952 se hizo cargo la Societé Miniere et Metallurgique de Peñarroya, que en 1956 localizó mediante perforaciones una amplia zona mineralizada con pirita, zinc, plomo y cobre. La mina pasó en 1960 a Andaluza de Piritas S.A., empresa del grupo Banco Central, que entre 1960 y 1970 continuó la explotación del yacimiento a un ritmo de 100.000 Tm. anuales, centrando sus labores en la masa oriental. Entre 1967 y 1969 se realizó una extensa campaña de prospección y, con los datos obtenidos, entre julio de 1969 y febrero de 1972 se reconocieron en profundidad los criaderos de la parte oeste: Higuereta y Silillos, ejecutándose 105 sondeos con un total de 21.500 m de perforación. Se descubrió la existencia de una gran masa de pirita compleja, al techo de la cual se comprobó la existencia de otra masa de piroclasto cuprífero. Se calcul­ron unas reservas de 43 millones de Tm. de pirita con cobre, plomo, zinc, plata y oro, y de 300 millones de Tm. de piroclasto con cobre, zinc y plata. Posteriormente se construyó una gran planta piloto que demostró la viabilidad técnica y económica del proyecto, por lo que en 1975 comenzaron los trabajos de desmonte y la producción en 1979. Se acometió la construcción de un pantano y una corta de 1.400 m por 700 m. También se ha prospectado la zona del arroyo de los Frailes elaborándose un estudio de viabilidad de una nueva corta en esa zona. Andaluza de Pinitas fue absorbida por el grupo sueco Boliden en 1987.

Minas de Aznalcóllar. Corta de los Frailes.

 

        Alrededor de este periodo dejan de funcionar otras minas de importancia, ya descritas, como la del Cerro del Hierro y la de Villanueva del Río y Minas. En los años 70 se explotaron algunos yacimientos de barita dispersos por la Sierra Norte, se trabajaron pequeños yacimientos de wolframio en el Castillo de las Guardas, término donde en los años 50 también se benefició arsénico a cargo de lndumental. En Cazalla, la mina Blanquita de cobre dejó de producir en 1968. Por último, la antigua mina del Pago de Gibla, en Constantina, era trabajada en 1950 por Explotaciones Mineras San Enrique para beneficiar minerales de cobre y plata.  

Lugares clave de la ocupación humana en la Sierra Norte

      

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