Introducción a la historia de la minería en la Sierra Norte de Sevilla
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Las
actividades mineras en la Sierra Morena sevillana pueden remontarse, al menos,
hasta la época romana. Uno de los mayores promotores mineros de esta época
fue el pretor Sextus Marius, llegado desde Roma en el 114 a.c. con la misión de
combatir a los lusitanos que depredaban la Hispania Citerior. Pronto se
convertiría en el dueño de las minas de cobre, oro y plata de la Sierra
Morena, cuya denominación procede de la deformación popular de su apellido.
En la Sierra Norte se han reconocido
vestigios de trabajos romanos en la mina del Pago de Gibla (Constantina) y en el
Cerro del Hierro (San Nicolás del Puerto), en éste se han encontrado candiles
y útiles mineros localizados hasta 50 m de profundidad. También se han
encontrado vestigios en los criaderos de plomo argentífero de Alanís y
Cazalla. Aunque no hay testimonios directos, algunas fuentes antiguas citan
explotaciones romanas en las antiguas minas de plata de Guadalcanal.
Ya en la Edad Media,
diversas fuentes musulmanas y cristianas citan las minas del Cerro del
Hierro,
el plomo y la plata de La Puebla de los Infantes y el hierro de Villanueva del Río.
En 1499 se concierta un Real Asiento sobre las minas de El Pedroso y
Constantina.
En 1514, la Corona concede al Duque de Arcos la explotación de todas las minas del Arzobispado de Sevilla. En ese año se hicieron asientos con Francisco de Herrera sobre las minas de El Pedroso y Constantina y con Cristóbal López de Aguilera sobre las de Alanís, Cazalla, La Puebla de los lnfantes y San Nicolás del Puerto. En 1539 las minas del Arzobispado de Sevilla se otorgan a Cristóbal Ponce de León. Esta situación de otorgamiento de concesiones en grandes dominios geográficos cambió en 1559 al promulgarse una pragmática que declaraba caducas todas las concesiones, salvo algunas excepciones. La pragmática establecía el modo de beneficiar las minas, obligando a asentarlas en el Registro General de Minas. En 1584, Felipe II promulga unas ordenanzas que regirán sobre los siguientes 241 años, dando igual tratamiento a súbditos extranjeros y a los del Reino y tipificando los impuestos y regalías de los diversos metales. A partir de este momento, la actividad minera se ve potenciada a pesar de las explotaciones americanas.
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GUADALCANAL
En esta época, la explotación minera más
importante de Andalucía se desarrolló en Guadalcanal, cuyas minas de
plata fueron descubiertas en 1555 por Martín Delgado, teniente de alcalde
de la villa. La Casa Real se las incautó y comisionó a Agustín de Zárate
para su administración junto con unos súbditos alemanes que influyeron
mucho en las técnicas de explotación. El rendimiento de la mina fue
bueno y a fines de 1556, a la vista de los numerosos registros mineros
surgidos en torno a la población, se nombra lnspector General a Francisco
de Mendoza. Con él se variaron los procesos de
tratamiento, se instalaron
molinos de caballerías y se empezaron a usar esclavos, sobre todo en las
operaciones de desagüe. Poco después la mina empezó a decaer por los problemas de inundación y se
comenzaron a aplicar procesos de amalgamación para la recuperación de la
plata descubiertos por el
sevillano Bartolomé de Medina.
Hoppensak continuó los trabajos de Guadalcanal y Cazalla al menos hasta
1806. En 1822 la Comisión
Especial de Recaudación del Crédito Público encargó un informe que no
consiguió abrir nuevos horizontes al criadero de Guadalcanal. De nuevo,
en 1830 se encarga al presbítero Tomás González el reconocimiento de la
bibliografía concemiente a las minas. En la década de 1840 una compañía
inglesa reanuda las labores, que fueron abandonadas en breve a pesar del
informe favorable que dio el capitán John Rule, como resultado de su
visita personal. Mucho más tarde, en 1.911, se vuelve a reanudar el desagüe por parte de un grupo de mineros particulares, mediante la instalación de un grupo de bombas eléctricas alimentadas por una central a boca de mina; se perforaron 100 m de pozo llegándose a los 200 m de profundidad, a la que se encontraban las labores antiguas. Se proyectó un aumento de los equipos de desagüe que no se llevó a cabo al sobrevenir la I Guerra Mundial. En 1919 y sin que hubiera actividad minera, el yacimiento estaba cubierto por concesiones a cargo de la Compañía del Pozo Rico, la Cuprífera Española y Rodolfo Goetz Phillipi.
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Por otra parte,
desde 1563 se comienzan a otorgar numerosos registros de plata, oro, plomo,
cobre y otros metales en diversos términos de la Sierra Morena sevillana, entre
los que destacan Aznalcóllar, Castillo de las Guardas y Almadén de la Plata.
En 1621 debían hallarse en explotación algunas minas de carbón en Villanueva
del Río, ya que por Real Cédula se facultaba al licenciado Pedro de Herrera
para investigar un posible fraude “en las minas de carbón de piedra
descubiertas en término de Villanueva del Río”.
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Ya en el siglo XVlll, de 1768 a 1770, se solicitaron cuatro registros
mineros para la explotación de los carbones de la cuenca de Villanueva
del Río, aprobándose sólo uno que dio lugar a la formación de una
compañía cuya actuación no tuvo el éxito esperado por el mejor precio
que tenía el carbón inglés que llegaba a Sevilla. Cuando en 1780
cesaron las importaciones, la vida de la compañía prosiguió, aunque no
pasaba de abastecer a media docena de fraguas de la provincia. Esta
iniciativa empresarial se enmarcó dentro de la Real Cédula que en 1771
permitía la explotación del yacimiento y estimulaba la acción de la
sociedad que pretendía beneficiarlo. Carlos lll concedió la explotación
de los carbones de Villanueva y, se dio licencia para su aprovechamiento
libre de todo impuesto, salvo los generales, durante 20 años para todas
las minas de homagüera por Cédula Real de 1780. En
1787 la cuenca fue visitada por Fernando Casado de Torres, del Cuerpo de
ingenieros de Marina, en cuyo informe recomendó “convertir en coque el
carbón obtenido en el yacimiento de Villanueva del Río", a la vez
que desde la Secretaria de Marina comenzó a impulsar su prospección y
aprovechamiento.
A la vista del interés suscitado, en 1790 Pedro Henry presentó a
la Sociedad Patriótica de Sevilla, una memoria descriptiva encargada por
el Consejo Superior. A partir de este hecho, la sociedad inglesa titular
de las minas de Riotinto se interesó por el carbón de Villanueva para
abastecer sus instalaciones de tratamiento de mineral cobrizo, pera el
asunto no progresó y la actividad minera de la cuenca carbonífera fue mínima.
En 1.804 se dicta una Instrucción Real sobre la forma de laborear las
minas de Villanueva, a la vez que los vecinos vieron consagrados sus
derechos a la explotación de las minas; a partir de entonces se eiecutan
los primeros trabajos subterráneos abasteciendo el mercado de Sevilla y,
ocasionalmente, Cádiz y Málaga. Sin embargo el interés por esta cuenca
no surgió hasta 1817 o 1818, aunque las actividades mineras no fueron de
importancia debido sobre todo por la inexistencia de un mapa topográfico
de la zona, cuya elaboración no se culminaría hasta 1828. Desde 1829 la
parte más considerable de la cuenca estuvo en manos de la Real Compañía
del Guadalquivir, por privilegio concedido 10 años antes, aunque la
explotación estuvo inactiva hasta 1821 y parte de 1822. Por esta época
también
funcionaban las minas de Cristóbal Rodríguez Codón, la de Antonio
Fajardo y la de Cristóbal Cañete, denominada La Vereda, que no producía
en los años de 1835 y siguientes. Debido a los problemas de inundación,
estas minas sólo se trabajaban en el verano, realizándose el desagüe
mediante “aguadores” en relevos de doce horas, salvo en una mina la
Compañía del Guadalquivir, que en 1831 instaló la que posiblemente
fuera la primera máquina de vapor montada en una mina de España. Estas minas cobraron interés con la construcción del ferrocarril de Sevilla a Córdoba, iniciada en 1856 por capital francés. Ello indujo a M. Pereire a la adquisición de las minas de La Reunión (en torno a las cuales surgiría la población de Villanueva del Río y Minas) que, en opinión de entonces, no eran lo mejor de la cuenca. Sin embargo, Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico, Histórico y Estadístico (1845-1850) afirma en ellas: “A la distancia de una legua (de Villanueva del Río), entre N. y O, se hallan unas minas de carbón de piedra de superior calidad, que se benefician por diferentes compañías y vecinos del pueblo, en las que se trabajaban por la compañía llamada de La Reunión, se han hecho varias casas para empleados y operarios, almacén para la pólvora y la magnífica sillería, donde está colocada la máquina de vapor para extraer las aguas. Los carbones se conducen desde las minas hasta el barranco del Guadalquivir, distante 3/4 de legua, en caballerías, y desde allí se conducen por medio de barcas a Sevilla excepto de los que se llevan a la fábrica de hierro de El Pedroso, que van a ella directamente y en carreteras desde las minas”. Detenida la explotación por motivo de las aguas, tanto en las minas de La Reunión como en las de la Real Compañía del Guadalquivir, la sociedad francesa bajo la direción de Pereire, efectuó una instalación de desagüe en regla, poniéndose en marcha una explotación carbonera formal. Lo mismo intentó hacer la Real Compañía del Guadalquivir pero endeudó excesivamente, lo que la obligó a vender las minas y la línea férrea a la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (M. Z. A.) en la década 1.870. Ya en el siglo XX, durante el primer tercio la producción anual del carbón se mantuvo en unas 200.000 Tm. anuales. Más tarde, tras la estabilización dcl negocio de los ferrocarriles, las minas pasaron a la titularidad de la Renfe, quedando incluidas en el patrimonio nacional, dentro del Ministerio de Hacienda. La Renfe administró la mina de 1969 a 1972, año en la que se cerró. Posteriormente, hubo trabajos a cielo abierto que dieron lugar al abandono definitivo de la cuenca.
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En el siglo XVlll se explotan las minas de Guadalcanal,
Cazalla, Alanís, Constantina y Villanueva del Río. En el siglo XlX se inicia,
baja el signo de la escasez de explotaciones mineras: tan sólo se citan algunas
explotaciones de plata, plomo y hierro. En 1814, al término de la Guerra de la
Independencia, los documentos de la época aluden al laboreo en Guadalcanal.
Aunque el sector sevillano de la Faja Pirítica del SW había
sido objeto de explotaciones puntuales desde muy antiguo, es en 1850 cuando se
registran trabajos de envergadura en el Castillo de las Guardas, alcanzando por
aquellos años producciones del orden de 20.000 arrobas anuales de cobre. Las
actividades en la zona fueron muy numerosas, especialmente en el último tercio
del siglo, destacando las minas de Admirable, Diana, Marichu, Mercedes y
Concepción (El Castillo de las Guardas), y Silillo-Cuchillón, Caridad y
Adriano (Aznalcóllar). De estas minas, la mayoría beneficiaban el cobre y
algunas plomo y zinc. En estos dos términos municipales se explotaron también
criaderos de manganeso, superando la producción en 1866 los 40.000 quintales métricos
de peróxido.
El criadero de pirita más importante de este sector fue la mina Admirable, situada junto al poblado denominado Minas de El Castillo de las Guardas. Entre el siglo pasado y la fecha de abandono, 1963, se extrajeron 2.500.000 Tm. de mineral. Comprendía dos masas en explotación, llamadas "Norte", la más importante, y "Sur". Las instalaciones comprenden varios pozos, galerías y una corta de 300 m de largo y 100 m de ancho. El pozo maestro llegó a tener una profundidad de 125 m y el último piso alcanzado fue el 15. Se instaló una planta para la explotación de minerales cobrizos de baja ley en azufre y un taller de trituración de piritas. La mina estaba servida por un ferrocarril de vía estrecha que se unía en El Ronquillo con el que, procedente de las minas de Cala (Huelva), llegaba al cargadero de San Juan de Aznalfarache, con un recorrido total de 72 km. El yacimiento fue objeto de varios sondeos de investigación en 1878.
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Aspecto general de las minas de El Castillo de las Guardas (Sevilla)
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Instalaciones abandonadas de las minas de El Castillo de las Guardas (Sevilla) |
En otros lugares de la Sierra Norte y durante el siglo
XlX, se beneficiaron diversos criaderos de cobre y plomo con leyes altas en
plata, destacaron las minas de Santa Cecilia, Santa Victoria y Coto Cervigueros
(Constantina), cuyas labores en 1834 alcanzaban la profundidad de 100 m, y también el Pago de Gibla, que
explotó un filón cobrizo de plata que en 1870 volvía a ser trabajado con el
nombre de mina Josefina. En 1865 se encontraban en actividad varias minas cupríferas
en Almadén de la Plata; entre 1880 y 1884 se explotaba la mina de Campos en El
Real de la Jara, y en Alanís se beneficiaban los escoriales de la mina Josefa
Diana que permanecía inactiva por problemas de desagüe. Así mismo, en la década
de 1860, se explotaban pequeños yacimientos plomizos en Las Navas de la
Concepción y en Guillena.
Hacia 1836, el oficial de Artillería Francisco de Elorza,
iniciaba el montaje de la ferrería de El Pedroso, auxiliado por el ingeniero de
minas ruso Gustavo Wilque, procedente de Riotinto. Sin embargo, el primer
intento serio de explotación y desarrollo de los criaderos de hierro de la zona
la promovió la compañía de Minas y Fábricas de El Pedroso, que floreció en
la primera mitad del siglo XlX. Esta compañía consiguió reunir casi toda la
propiedad minera de importancia de El Pedroso y sus proximidades, así como del
Cerro del Hierro, que denunciaba en 1872, extendiendo su patrimonio a los términos
de Cazalla, Constantina y Alanís (en total unas 8.000 Ha.).
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Como ya se indicó, los yacimientos del Cerro del Hierro fueron explotados ya en época romana, realizándose labores a favor de las zonas en las que el mineral se presenta más puro y fácil de fundir, unas veces a cielo abierto y otras en labor subterránea. La Compañía de El Pedroso no explotó el mineral del Cerro del Hierro, aunque sí efectuó algunos sondeos de exploración. En 1893, las minas fueron tomadas en arrendamiento por la sociedad escocesa William Baird Mining and Co. Ltd., de Glasgow, que comenzó seguidamente sus instalaciones, inaugurando la explotación en 1895 y continuándola durante la primera mitad de este siglo, bajo la firma The Baird’s Mining Co. Ltd. La arquitectura inglesa del poblado del Cerro, junto con la iglesia y las casas de los ingenieros, se deben a esta época. También se construyó en 1865 un ramal ferroviario de l 5 Km. de longitud que, de acuerdo con la M.Z.A., se unía a la línea Sevilla-Mérida. Entre 1895 y 1932 se obtuvo una producción de 7’63 millones de Tm., a un ritmo de 200.000 Tm. toneladas anuales por término medio. Hubo un periodo de inactividad, coincidiendo con la Guerra Civil, al término del cual siguió trabajándose la mina para la misma compañía. Sin embargo, en 1.946 pasa a manos de Nueva Montaña Quijano, extrayéndose hasta 1966 la cantidad de 2 millones de Tm. , transfiriéndose posteriormente a una nueva sociedad, Cerro del Hierro S.A., que entre 1972 y 1977 extrajo una cifra similar. En la década de los 80 la mina estuva bajo la titularidad de una cooperativa de las propios trabajadores que realizaron, a nivel restringido, el beneficio de las baritas existentes en el criadero. En la actualidad no se lleva a cabo ningún trabajo de aprovechamiento. |
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La Compañía de Minas y Fábricas de El Pedroso, luego de haber reunido este importante patrimonio minero, se lanzó a la construcción del complejo industrial Fábrica de El Pedroso, a pocos km de esta población, en la confluencia del río Huéznar y del arroyo de San Pedro, agrupando en ella talleres e instalaciones siderúrgicas así como construcciones auxiliares y albergues para 500 obreros y sus familias, escuelas, etc y una central hidráulica, además de diversas plantas locomóviles. Pero los altos precios de arranque y transporte del combustible desde la cuenca carbonífera de Villanueva del Río, distante 31 Km, impidleron la marcha favorable del negocio viéndose obligada la empresa a ceder sus minas más importantes a The Lima lron Mines (El Pedroso), y a William Baird Mining Co. Ltd. (Cerro del Hierro). En 1895 se paraliza la fábrica y en 1899 otra parte de sus minas aparecen a nombre de la compañía inglesa lberian lron Ore Co. Ltd.
En la Sierra de la Jayona
(Guadalcanal, hoy en término de
Fuente del Arco, Badajoz) se explotaron a finales del siglo concesiones en un
criadero a cielo abierto cuyos productos se enviaban como fundentes a la fundición
de plomo de Peñarroya (Córdoba). En 1883 y 1884, se demarcaron varias minas de
cobre y níquel que trabajan en pequeña escala hasta 1890. En 1885, en los términos
de Peñaflor, La Puebla de los lnfantes y Lora del Río, se detectaron indicios
de oro que no trajeron ninguna actividad industrial. En la segunda parte del
siglo se benefician en La Puebla de los Infantes diversos yacimientos de plomo
(El Galayo Viejo, El Galayo Nuevo, mina Holanda).
Ya en el siglo XX, las minas de El
Pedroso aparecen en 1901 en manos de la firma Sota y Aznar, de Bilbao, que
intentó proseguir la explotación entre 1901 y 1907, teniendo que abandonar las
labores. Otra parte de las minas estaban arrendadas a la empresa Alatorre, que
en diferentes ocasiones quiso poner de nuevo en marcha la fábrica siderúrgica
y las minas, por ultima vez en la I Guerra Mundial. Entre 1918 y 1921
volvía a funcionar la instalación siderúrgica, pera tuvo que cerrar por
el alto precio del mineral extremeño que era necesario para proceder a
las mezclas que permitían utilizar las minas de El Pedroso. En 1923, al amparo
de la Ley de Nacionalización y Organización de Industrias, se intenta de nuevo
la puesta en marcha del asunto a base de la fabricaión de lingote de acero,
ferroaleaciones, bronces, etc., barajándose la combinación de estos minerales
de hierro silíceos con otros iguales de Cazalla y Constantina, además de las
magnetitas de El Pedroso y otros minerales y carbones de diversas procedencias.
La intentona fallida volvió a plantearse en 1927 de la maoa de la Siderúrgica
del Huéznar, sin resultado. En 1931 surge la Compañía Sevillana de
Ferrocarriles, Minas y Metalurgia SA., que propone un proyecto siderúrgico para
15.000 Tm. de hierro laminado anuales, en el Cerro del
Hierro. Las minas de El
Pedroso hacia 1912 estuvieron en manos de la Societé des Mines du Pedroso,
especialmente la zona central del yacimiento. Esta sociedad pertenecía a la
Compagnie lndustrielle et Commerciale d’Amivers, que trabajó entre 1910 y
1912 las magnetitas de la Sierra de la Grana (Cazalla), que luego de 1912
pasaron a la Compañía Minera de Andalucía que realizó trabajos de
investigación sin llegar a su explotación.
En Guadalcanal siguieron en actividad las minas de hierro
de la Jayona, que en 1902 instalan un tranvía aéreo de 5,6 Km hasta la estación
de Fuente del Arco, con una capacidad de 400 Tm./h. En Alanís, en 1906 estaba
activa la Saciedad Minera de Onza explotando criaderos de hierro. En El Real de
la Jara había labores mineras durante el primer tercio de siglo en la Sierra
Bordalla. Durante la primera década se efectuaron numerosas labores argentíferas.
Las más noables fueron las de Cazalla de la Sierra, donde desde 1900
Guillermo Sundheim asociado a la casa Fould et Cie., investigaba el coto minero
Morena y en 1909 The Cazalla Mining Co. Ltd. adquiría la mina de cobre Virgen
del Monte, mientras que de 1912 a 1920 se explotaba la mina Blanquita de la Cañada
de los Conejos. En El Pedroso, hasta l 909, la Sociedad Ramifera ltalaSpagnuola
trabajó la mina cuprífera San Miguel y en Constantina seguía intermitente la
mina del Pago de Gibla entre 1917 y 1927, centrándose las labores en la antigua
mina Josefina que en 1922 producía 150 Tm. También en término de Constantina,
la Sociedad Minas de Cervigueros explotaba el coto del mismo nombre en 1900,
explotando minerales de hierro y plomo con abundante plata, hasta 1.903.
Para la explotación del grupo minero del Marín, cerca de
Guadalcanal, y en término de Alanís, se creó en 1902 la Sociedad Argentífera
Sevillana que dos años más tarde terminaba la instalación de 5 sistemas de
extracción en sus correspondientes pozos maestros, así como un lavadero mecánico
en el grupo Norma, construyendo cuarteles para trabajadores, talleres, escuelas.
La campaña se inició en 1905 con 1.241 Tm. de concentrados, terminando en
1910. En 1917 hay constancia de la actividad del grupo minero de plomo Laberinto
(Guadalcanal). Su máxima actividad tuvo lugar en 1917, con una profundidad de
140 m. Hacia 1922, en El Real de la Jara actuaba la empresa holandesa Mineralia,
trabajando sobre tres socavones antiguos: San Luis, San Juan y Lola y beneficiando
el mineral en una planta de separación que no tuvo rendimiento, por lo que se
suspendieron los trabajos en 1925, reanudada la sociedad hispalense. En 1.900 se
constituyó la empresa inglesa The Sierra Morena Copper Mines para explotar la
mina Preciosa, de cobre, en Peñaflor, aunque no se haría cargo de ella hasta
1907. En 1901 se constituye la Sociedad Minera de Peñaflor, que paralizó las
labores subterráneas de cobre en 1917, enajenándolas en 1926 a Manuel Fernández
Balbuena.
En cuanto a los yacimientos de fosfatos de Peñaflor, en
1901 fueron adquiridos por The Peñaflor Copper Mines sin que haya noticias
sobre su posible explotación. En 1900 actuaba en La Puebla de los lnfantes la
Sociedad Valenciano-Andaluza sobre unas minas de hierro y cobre. Por otra parte,
los yacimientos de plomo de este término siguieron con su actividad de escasa
importancia, destacando solo la mina de Holanda y la mina El Adelfar.
Al comenzar la década de los 60, en el sector sevillano
de la Faja Pirítica, sólo existían dos minas activas: la antes mencionada
Admirable, de El Castillo de las Guardas (hasta 1947 de la sociedad homónima,
pasando en 1948 a Minerales Reunidos, que las arrendó al grupo lndumental hasta
su cierre en 1963) y la mina Caridad de Aznalcóllar.
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Como muchas minas del sector, la explotación de Aznalcóllar tuvo un origen romano, si no anterior, pasiblemente en paralelo con Riotinto como parecen demostrar las escorias encontradas al este del criadero de Aznalcóllar. Desde 1876 a 1942 se explotó el yacimiento para extraer cobre a cargo de la Sevilla Sulphur and Copper Co. Ltd. Durante ese espacio de tiempo se delimitaron tres masas al este y dos al oeste. Hasta 1952 se hizo cargo la Societé Miniere et Metallurgique de Peñarroya, que en 1956 localizó mediante perforaciones una amplia zona mineralizada con pirita, zinc, plomo y cobre. La mina pasó en 1960 a Andaluza de Piritas S.A., empresa del grupo Banco Central, que entre 1960 y 1970 continuó la explotación del yacimiento a un ritmo de 100.000 Tm. anuales, centrando sus labores en la masa oriental. Entre 1967 y 1969 se realizó una extensa campaña de prospección y, con los datos obtenidos, entre julio de 1969 y febrero de 1972 se reconocieron en profundidad los criaderos de la parte oeste: Higuereta y Silillos, ejecutándose 105 sondeos con un total de 21.500 m de perforación. Se descubrió la existencia de una gran masa de pirita compleja, al techo de la cual se comprobó la existencia de otra masa de piroclasto cuprífero. Se calculron unas reservas de 43 millones de Tm. de pirita con cobre, plomo, zinc, plata y oro, y de 300 millones de Tm. de piroclasto con cobre, zinc y plata. Posteriormente se construyó una gran planta piloto que demostró la viabilidad técnica y económica del proyecto, por lo que en 1975 comenzaron los trabajos de desmonte y la producción en 1979. Se acometió la construcción de un pantano y una corta de 1.400 m por 700 m. También se ha prospectado la zona del arroyo de los Frailes elaborándose un estudio de viabilidad de una nueva corta en esa zona. Andaluza de Pinitas fue absorbida por el grupo sueco Boliden en 1987. |
Minas de Aznalcóllar. Corta de los Frailes. |
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Alrededor de este periodo dejan de funcionar otras minas
de importancia, ya descritas, como la del Cerro del Hierro y la de Villanueva
del Río y Minas. En los años 70 se explotaron algunos yacimientos de barita
dispersos por la Sierra Norte, se trabajaron pequeños yacimientos de wolframio
en el Castillo de las Guardas, término donde en los años 50 también se
benefició arsénico a cargo de lndumental. En Cazalla, la mina Blanquita de
cobre dejó de producir en 1968. Por
último, la antigua mina del Pago de Gibla, en Constantina, era trabajada en 1950
por Explotaciones Mineras San Enrique para beneficiar minerales de cobre y
plata.
Lugares clave de la ocupación humana en la Sierra Norte
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