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Arquitectura Rural en Andalucía |
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Sevilla |
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Molinos harineros: Introducción |
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Siguiendo las fuentes históricas, hallamos unos invariantes en cuanto al
reparto de los molinos por la tierra sevillana. En el "Diccionario Geográfico
de Andalucía" de Tomás López (1764-1800), se
mencionan 102 molinos en la provincia, aunque hay que señalar que no están
representados todos los pueblos. Según este Diccionario, las poblaciones más
molineras eran Constantina (con 13
ingenios), Alanís (12), Cazalla de la
Sierra
y Guillena (con 11 cada una), faltando los datos de Alcalá de Guadaira,
Carmona, Morón, etc. Es interesante que Tomás López mencione además la
presencia de batanes (máquinas hidráulicas para golpear y enfurtir paños y
tejidos de lana) y de martinetes (máquinas hidráulicas para triturar mineral).
Es posible que aún queden restos de batanes en la Rivera de Huéznar, donde más
se citan ("Batán de las Monjas"); además, hay un gran molino de Alcalá de Guadaira que todavía se
llama la "Aceña
Trapera”, vestigio de su antiguo uso como batán. Más tarde, el completísimo "Diccionario Geográfico, Histórico
y Estadístico” de Pascual Madoz (1845-1850) habla de nada menos que 236
molinos en la provincia, concentrándose en Alcalá de Guadaira (30, incluso el
famoso "Molino de La Mina”, subterráneo y alimentado por un manantial de
gran aforo), Guadalcanal (15), Constantina (14) y Cazalla de la Sierra (12). Hasta diciembre de 1990, en nuestro trabajo de campo, conseguimos constatar la existencia de 81 molinos y 4 vestigios irreconocibles en la provincia sevillana, algunos de ellos sin referencia en la bibliografía y la cartografía disponibles. En el
río Guadaira y sus
afluentes (atravesando varios términos municipales) hemos hallado 27 molinos,
en
Constantina,
concretamente en el arroyo de la Villa, hay al menos 5, y quedan
4 en el arroyo Molinos, de
Guadalcanal.
Tan sólo uno funciona: el
Molino
del Jorobado, en la Rivera de Benalija (Alanís).
En los demás casi siempre falta por completo la maquinaria o quedan poco más
que las muelas. El estado de su fábrica es muy variado, aunque
pocos gozan de una verdadera lozanía, salvo aquellos reconvertidos en vivienda.
Aparte de los cursos de agua mencionados, existen otros que cuentan con algún
artefacto:
arroyo de los Frailes (Aznalcóllar),
río Corbones (Carmona), arroyo Churre (Lora del
Río), arroyo Repudio (restos),
río
Guadiamar
(entre Gerena y
Aznalcóllar y, más arriba, en El Castillo de las Guardas,
arroyo Siete Arroyos (dos restos cerca
de la Ermita de Aguas Santas, Villaverde del Río), etc. Como curiosidad que merece un estudio más
detenido, añadir que en bastantes casos encontramos molinos enclavados junto a
ermitas, restos conventuales o castillos. lndicaremos
a continuación algunas fuentes documentales para el estudio de los molinos
sevillanos, para más
información, consultar el apartado
Bibliografía
de la sección general.
Sobre los molinos en la época musulmana, es de gran interés la ponencia
de Rafael Valencia titulada "Alcalá de Guadaira en la Alta Edad
Media: la Historia de Qalat Chabir", publicada en las actas de las
Jornadas de Historia de Alcalá de Guadaira (1987). Después
de la Reconquista, los molinos fueron objeto de donaciones y ventas recogidos en
el "Repartimiento de Sevilla", publicado por Julio González
(Madrid, 1951). Son muy numerosas las referencias,
de ellas entresacamos una de las más interesantes: “1253, diciembre 27,
Sevilla. Alfonso X da al Obispo don Remondo y al arcediano maestro Fernando,
Notario del Rey, los molinos de Guadaira que llamaban fue Rha Alquinina, cabo
Gezira Faxquit, "de que fuestes tenedores desque Sevilla fue de
cristianos", situados entre los del almojarife don Mayr y los que tenía
Pedro Pérez y Martín Ibáñez. Los da con sus pertenencias, según
lo determinaron don Remondo, Pedro Blasco el adalid y Fernán Servicial, entre
el Guadaira, el Predal, forado de tapias por donde sale el arroyo que viene
por la alcantarilla mayor de Machar Abnelget y la carrera que va a los molinos
de don Mayr”.
De siglos posteriores
encontramos algunas exiguas noticias en "El Tumbo de los Reyes Católicos
del Concejo de Sevilla", editado por R. Carande y J.M. Carriazo entre
1929 y 1968. Ya en
el primer cuarto del siglo XVII, Gabriel de Santans escribe su "Descripción
del río Guadalquivir desde la ciudad de Córdoba hasta entrar en la mar";
inédito y recogido en diversos libros y revistas especializadas. Bastante
interesante, porque indica número y situación de los molinos de entonces. En el
siglo XVIII tenemos el mencionado “Diccionario..." de Tomás López
(editado por Ed. Don Quijote (Sevilla, 1989)
en la centuria siguiente el de Pascual Madoz, al que también nos hemos
referido antes, publicado por Editoriales Andaluzas Unidas en 1986. La utilidad
de ambos es muy grande.
En 1903 se reimprimen los "Memorias Históricas de Alcalá de
Guadaira" del padre Leandro José de Flores, reeditado de nuevo por el
ayuntamiento alcalareño a finales de los 80.
Obra fundamental en la historiografía de los molinos del Guadaira.
Ya en pleno siglo XX aparecen
obras técnicas sobre la materia. Casi una rareza de bibliófilos es la "Estadística
de los aprovechamientos hidráulicos en las cuencas de los ríos Guadaira y Corbones" (Servicios
Hidráulicos del Guadalquivir, Sevilla, 1934). Lleno de detalles y croquis, este
libro sitúa todos y cada uno de los molinos entonces censados en ambas
cuencas. Por aquel tiempo un buen número de ellos se utilizaban para obtener energía hidroeléctrica y ahora este tipo de
energía está siendo de nuevo reivindicado por los movimientos ecologistas por
su limpieza y economía. Seria otro posible uso que daría nueva vida a los
viejos molinos. Dos tímidos intentos
de acercarse al estudio de los molinos de Sevilla: "Haciendas y Cortijos
Sevillanos”, de Sancho Corbacho, en
la revista “Archivo Hispalense”, (1952, núms. 54 a
56) donde se incluye un pequeño apéndice respecto al tema, y "La
Cultura Popular de Carmona" (C. Méndez, Diputación de Sevilla,
1974), con toda una descripción del léxico y técnica de la molienda y los
molinos. Sobre el léxico molinero andaluz, el “Atlas Lingüístico Etnográfico
de Andalucía” es valiosísimo. Sobre molinos de agua, de
viento, batanes, martinetes
y norias, entre otros muchos artefactos, tenemos el admirable y prolijo
estudio de Julio Caro Baroja: "Tecnología Popular Española"
(Editora Nacional, Madrid, 1983). Con gran abundancia de ilustraciones, al autor
nos
introduce a un recorrido histórico y antropológico de la evolución de estos
ingenios en todo el mundo, apoyado por innumerables referencias. Una obra
imprescindible para cualquier propósito investigador.
En 1987,
J.L. Pérez Moreno ganó el III Certamen “Duques de Alba" con una
obra sobre los molinos de Alcalá de Guadaira y Marchenilla desde el punto de
vista histórico, arquitectónico, lingüístico y antropológico. Está
pendiente su edición por la Consejería de Obras Públicas. Otra obra
interesante es “Los Molinos: Cultura y Tecnología” (Centro de
Investigación y Animación Etnográfica y Ministerio de Cultura, Madrid, 1989).
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