Arquitectura Rural en Andalucía

Sevilla

Molinos harineros del río Guadaira: Introducción

 

       Posiblemente sea Alcalá de Guadairala primera población andaluza en número de molinos de agua. Entre los siglos XV y XVl, la antigua Alcalá de los Panaderos llegó a contar con 40 molinos, en el siglo XIX se citan 30 y en la actualidad quedan 24. Nombres como Cerrajas, Pelay Correa, Realajeo Piealegre, Arrabal, Algarrobo, la Tapada,las Eras, San Juan, Benaharosa o Benarosa, Aceña Trapera, San José, Rincón, Hundido o San Pedroson una pequeña muestra de la serie de interesantísimos artefactos que aún puedan visitarse en sus inmediaciones, bien en el mismorío Guadaira   bien en sus afluentes de MarchenillaGandul. A ellos habría que añadir los molinos de Palomo, Rincones, de la Rubia, del Portugués y del Boticario, aguas arriba, y los de Ánimas y Jaedillos, en el Salado, más otros cuatro en las inmediaciones de Mairena del Alcor, cuatro más en el arroyo de Alcaudete (junto a El Viso del Alcor) y otros dos en el arroyo Brenes (junto a Carmona, uno de ellos convertido en destilería).< o:p>

            Son construcciones relativamente sencillas y en general de gran antigüedad, dotadas de elementos propios de este tipo de edificaciones populares, y muchos de ellos ostentan torres almenadas defensivas. En su proximidad inmediata, a veces hay pequeños caseríos de apoyo. La proliferación de molinos en el Guadaira, especialmente en los alrededores de Alcalá, arranca de la dominación musulmana, aunque la técnica de molienda no difería sustancialmente de la utilizada en época romana. El análisis de los documentos históricos y la propia arquitectura (algunos presentan hermosas bóvedas octogonales sobre trompas) indica que la mayoría de los existentes en la actualidad son mudéjares, aunque con importantes modificaciones de épocas posteriores. Muchos de ellos han estado en funcionamiento hasta la década de los años 60, lo que explica que algunos estén realmente bien conservados.< o:p>


Divagaciones junto al río Guadaira
y se ven a lo lejos sus aceñas de pan moler.

        "Se crían en este río barbos, bogas y anguilas, y entran sábalos en las arriadas. Con sus aguas muelen los molinos del Rincón, la Aceña Trapera, Benaharosa, San Juan, los dos del Algarrobo, el Arrabal, Realage, Pelay Correa, Cerrajas; y ya en térimino de Sevilla los de Aljudea, San Juan de los Teatinos, que sirve de barrena de cañones, el de la Torre, el Zapote, el del Arzobispo junto al puente de Guadaira, y últimamente las Aceñas de Doña Urraca, citándose en estos últimos de Sevilla la donación que el Concejo de dicha ciudad hizo a don Jufre de Loaisa de los molinos que en tiempo de Moros se llamaron de Almofadet.  Parece que el molino conocido hoy por Aljudea sería el del Judío Almofadet; el de la  Torre le llaman Torreblanca y dicen fue de una doña Blanca, el del Zapote es el de Menjoar, que el vulgo llama Mejora".

                                                                    Padre José Leandro de Flores                                                                                                    Siglo XVIII

            Te ha costado, pero al final sales de Sevilla, caminante atento. Dejas el bullicio transparente de las calles, olvidas con alivio el tráfago confuso del emporio y tus primeros pasos sin bordillos ya se hunden entre lechetreznas y manzanillas. Estás, mejor advertirlo, mirando hacia el sur, un poco a levante.  A tu lado la calzada de Utrera.  El astro que domina la estación  -y bien sabes que la Historia y el lugar-  no se te impone todavía.  Te conoces poseedor de un tiempo que vas a llenar a tu gusto, apreciable gesto de poder y libertad.  Es el río Guadaíra ante ti, resbalando por tu mirada. A partir de aquí, desde ahora, andarás por las viejas sen­das que orillaron el río. Durante dos leguas o tal vez tres, a contracorriente. En busca de los molinos.     

            Está ahí, caminante, como un gesto clavado en el paisaje.  Los años, con los  hombres y las tormentas, lo convirtieron en irregular sede de obsolescencias. Es elMolino de San Juan de Teatinos.  Se dice que también fue convento donde vivieron teatinos, o sea, religiosos de la Orden de San Cayetano que se dedicaban con aplicación a la muy noble tarea de ayudar a bien morir a los ajusticiados. E incluso se le llama cortijo o hacienda, quizás porque conserva reminiscencias de su uso como tal hasta hace poco. En época victoriana se aserraron mármoles y se taladraron ánimas, como yo se indicó.  Aquí un hermoso tejado a dos aguas, ya hundido.  Allá un pozo todavía húmedo. Y un gran azud que incluso hoy refrena las violentadas aguas que un tiempo más abajo serán tributarias del Río Grande. Como azud o azúa conoces, ilustrado caminante, la a modo de presa que contiene el agua y la desvía hacia el molino. También hallarás pasadizos y canales, adelfas y empedra­dos, muelas y columnas. Sé que te volverás a mirarlo cuando prosigas tu jornada.  < o:p>

            Pasarás entre huertas y bancales que no mencionaré. Admirarás otras obras del hombre que pocos, si no sólo los que allí viven, acostumbran a encontrarse.  No te hablaré más de ellas. Porque bastante más tarde apreciarás la noble apariencia del Molino de Cerrajas. Si tal nombre recuerda el de algún molinero o sólo alude a la planta hermana del raspasayo, no escasa por los contornos, es algo que no sé. Pero no falta quien declara que perteneció a un moro al que llamaban Cejas Rajas, por lo rasgado de ellas. Hermosos dichos y entredichos aparte, lo cierto es que el molino con todas sus dependencias fue valiosa pieza del patrimonio de la Orden de Calatrava, que tanto obtuvo de los reyes antiguos y sus repartimientos.  Bien lo miras ahora, curioso caminante, en su faz ajada y penosa. Te parece más moderno de lo que es, pero la Historia borra tus profanas suposiciones.< o:p>

            Luego del de Cerrajas, la senda sigue y no evita la columbración insistente de la hacienda del Acebuchal, tal que una fragata de cal en un mar de tumultuosos girasoles. Su torre mayor y la eminencia que le sirve de asiento rubrican la impresión. Pero a la vuelta de una arboleda está el Molinode Pelay Correa. La aceña fue pertenencia del convento sevillano de Santiago de la Espada y este Pelay Correa no fue otro que un bravo guerrero de la hueste fernandina, tan avanzado y privilegiado que el sol se le detuvo en su carrera, y logró además con su lanza que de la piedra manara el agua. Obiit recolendae memoriae Frater Pelagius Petri Corrigia. Y, sin embargo, el molino es espléndido, con la que creemos contigo, buen viajero, que pudiera ser la casa del molinero. Y su azud estupendo roto no hace mucho para el mejor correr del río.  Con razones tan descabaladas se arrasó también con lo que quedaba del Puente Horá, aguas abajo.< o:p>

            Hasta Alcalá, la Ordo Hienipensium de los clásicos, te quedará un ameno paseo para tu deleite, decidido caminante. No faltarán arroyuelos que vadear, ni arboledas que penetrar, ni anchos prados que debas atravesar.El Molino del Realaje  aparece distante en magnífica situación, y a lo mejor por eso el biendecir de algunos lo apoda de Pie Alegre.  Porque en verdad su contemplación es una fiesta, inmerso en la fragorosa atmósfera que proporciona su azúa rompedora, la blancura de su cuerpo principal coronado por agudas almenas. Y es que en siglos pasados estos venerables artefactos, tan sosegados por lo común, habían de hacerse fortaleza de rigor, porque la banda morisca presentaba cercano límite y el infiel acechaba sin tregua.  Recuerden los memoriosos el ejemplo aciago de Utrera. Esta aceña de Realaje marca cual aventajado hito la entrada a los dominios inmediatos de la leal villa de Alcalá, desde donde no nos perderá de vista su bastión escarpado, vale decir, el mayor castillo árabe de todo el Andaluzía.

            < o:p>Por estos lares flanqueados por bosquetes y conducciones subterráneas seguimos la hoz que marca el Guadaira para hallar la tímida presencia del Molino del Arrabal.  Poco nos resta de su antaña recia estructura. En tiempos, los dineros que de este molino se extraían -agua, trigo y harina- se destinaban a la función del Corpus de Sevilla. De siempre ha debido molestar tal cosa a los alcalareños, si fue común la especie de que tal función se celebró antes en Hienipa que en Hispalis, inconveniencia que apergaminados cronicones bien leídos se encargan de desmentir.< o:p>

            En la siguiente curva, y junto al puente romano que Don Carlos III mejorara por ser el único paso de Sevilla a los Puertos si el Guadalquivir rugía, encontraremos la bonita estampa del Molino del Algarrobo, entre árboles robustos y humildes arbolillos. Allí crece la higuera, medra el mercurial, florece el álamo, prospera la ortiga. Tiene su tejado hundido y del azud no encontramos piedra.  Entre tanta maleza vivaz aparece, cierto es, una acequia que vierte en el saetillo, éste perdido en la oscuridad más ominosa. Insisten los antiguos escritores en que el Algarrobo perteneció al monasterio de San Jerónimo de Buenavista, en Sevilla. Si es así, el mismo funesto destino se ha cebado con ambas casas, pese a sus remotas fundaciones.< o:p>

            No muy allá se yergue el Molino de la Caja, ejemplo de conservación e incluso de empleo hasta no hace largo tiempo. Ya cansado, tenaz caminante, te insto de todas formas a que entres y subas a la almenada torre. Repara en sus viejas muelas y cómo el agua espumajea bajo ellas. Anota que no ha mucho aquí se trabajaba, aquí se vivía.  Fíjate en que la presa termina junto a un pilón y una fuente, ambos comidos por la higuera y otras plantas gustosas de las humedades. En esta aceña existía una barca para pasar el trigo y la harina cuando la azúa no era practicable. También La Caja pertenecíó el cenobio antes citado, aunque bien se aprecia que su suerte corrida ha sido mejor que la  de su campañero.< o:p>

            Si sigues conmigo río arriba, tú, caminante paciente, atravesaremos la gentil penumbra de los pinos de Oromana, topónimo muy justo si consideramos la abundancia de fuentes que antaño corrían por las laderas y hogaño quedan cegadas o mortecinas. El Molino de San Juan fue patrimonio de la Orden homónima. Ahora el color de sus muros espejea en las ondas inquietas de un Guadaira verdegrisáceo. Aunque añora un azud como Dios manda, sus académicas proporciones hacen olvidar la demás. La casita del molinero parece montar guardia a su vera, toda rodeada por cañizos y juncales.< o:p>

            Seguramente alguno de los ingleses románticos que nos visitaron hace un siglo se detendría aquí. Con su caja de acuarelas y los ojos llenos del verde que telonea el muy antiguo Molino de Benaharosa. Por corrupción consuetudinaria se le llama además de Benalosao Benarosa. No sería de santiguarse el verificar que esta fue la aceña de Abenaroça o Abennaroça que mencionan las cartas de Alfonso X.  Su origen puede estar en relación con el linaje de los lbn Qabús, quizás los últimos propietarios de época árabe.  De factura similar al anterior, posee un azud en buenas condiciones. Su interior también es visitable y aconsejado el recorrido de sus alrededores, que constituyen un entramado de canales de los que sobresale la zuílla y un puente que la cruza. Y hete aquí la casa del molinero y, se presume, de su hija, la lozana molinera.< o:p>

            Nuestro viaje torna a su fin. Habrás todavía de pasear durante un rato, caminante ceñudo pero satisfecho. Habrás de salir de las arboledas de Oromana y seguir por perspectivas más abiertas. Y allí, donde el curso del agua se encajona en la piedra alberiza y la umbría reina en su frescor, domínalo todo la mole imponente de la Aceña Trapera. Altísima torre almenada con un azulejo  -no dejes de reparar en él- que señala la altura que el Guadaira fiero alcanzara en memorable riada.  Estupendos volúmenes, presa bien conservada, lugar feraz.  Su dueña fue la Cartuja sevillana, tan rica como es de menester que lo sea la Orden de San Bruno. Mantuvo pleito contra el maestre de los cercanos molinos de Marchenilla, por un quítame allá ese tablón real que no deja que me llegue al agua. En este plácido remanso podrás descansar, para volver seguidamente hacia Alcalá. Te tomarás unas bien merecidas cañas en alguna venta o a la sombra de cualquier adarve castellano, que ya se dijo antes que la villa es plaza fuerte. Y otro día continuaremos.< o:p>

            Porque este río Guadaira alberga más molinos que visitar. Más allá, mucho más allá de lo Aceña Trapera, está el Molino Hundido o del Rincón, y todavía más distante encuéntrase el de San Pedro. Y siguen más: el del Boticario, el del Portugués...  Todos muy distanciados y tan espaciados que el último cae cerca de Morón.  Aun así, nos quedarían por reseñar los de los afluentes: todos los deMarchenilla, que no son pocos; algunos en los arroyos de Guadairilla y Alameda; los cuatro que hay con impresionantes acueductos en el arroyo de los Molinos, junto a Mairena; otros tantos en el curso del Alcaudete, ya camino de Carmona, y más de uno que debe esconderse en cualquier recodo aislado.< o:p>

            Conmigo has disfrutado, caminante, viajero, paseante experto, recorriendo aguas arriba el río de Alcalá de Guadaira.  Hemos andado por caminos milenarios en busca de molinos de agua, vestigios de épocas pasadas: delicia de los inteligentes y admiradores de la Historia. Te conté de su vida hasta dando llegaron mis cortas luces y pretendí contagiarte mi fervor por estos honorables ingenios...< o:p>

            Si lo he conseguido, tú sólo has de asegurarlo.< o:p>