Arquitectura Rural en Andalucía

Molinos harineros

Introducción

 

La riqueza cerealista de la Baja Andalucía propició durante siglos el funcionamiento de una gran cantidad de molinos harineros asentados en sus cursos de agua. Podemos encontrarlos hoy en diversos estados de conservación por toda nuestra geografía y son incuestionablemente parte de nuestra historia. La utilización continuada de estos artefactos generó  una serie de peculiaridades antropológicas que se reflejan en el léxico propio del oficio; asi, encontramos voces que, sin bien algunas son bien conocidas en el resto de España, otras son exclusivas de zonas reducidas pero de gran tradición molinera, como, por ejemplo, la Campiña de Sevilla: Zúa (Azud o presa que retiene las aguas que son conducidas luego al molino), cao (cauce por donde va el agua recogida al saetillo, puede ser un canal o un conducto), saetillo (canal estrecho casi vertical por donde cae el agua a gran presión hacia el rodezno) zuílla, saetín, caíllo, grapodina, picaera,  lavija, etc. Son molinos de rodezno, especie de turbina de eje vertical, que sólo en algunos lugares se conserva como reliquia cultural, ya que ha sido sustituido por los modernos procedimientos de molturación.


Zúa o Azud
del molino de Realaje (Alcalá de Guadaira)


Cao de un molino de Mairena del Alcor


Rodezno
del molino del Jorobado (Alanís)


Saetillo de un molino de Mairena del Alcor

Un rápido vistazo a los molinos que perviven en la Baja Andalucía (Sevilla, Huelva, Cádiz, Córdoba) nos descubre una serie de tipologías que admiten pocas variantes y que se pueden resumir en  las siguientes:

1.     Molino implantado directamente sobre el cauce del agua. No existe ninguna estructura que dirija el agua hacia el molino, recibiendo éste el caudal de forma natural. Este es el caso más simple, naturalmente sólo existen molinos de este tipo en pequeños arroyos, como los de Gandul, Marchenilla y Guadairilla (en éste existió el molino de Tarifilla, hoy destruido).  

2.
    El molino recibe el agua mediante un canal que sale del río, sin una represa, o del desagüe de otro molino. Se trata de una estructura algo más compleja que el primer   tipo. Encontramos ejemplos en Almargen (Málaga) (río-canal) y  en uno de los sistemas de molinos de la rivera de Huéznar (desagüe-canal), en la Sierra Norte sevillana.

3.   
Aumenta la complejidad, llegamos al caso en el que existe un azud  -que puede ser de grandes dimensiones-  que conduce oblicuamente las aguas del río hacia el molino. Son los más numerosos, emplazándose generalmente en los de caudal importante. Como ejemplos citamos los molinos medievales de Alcolea del Río (Sevilla) y los de la ciudad de Córdoba, en el Guadalquivir. También los del río Viar y Guadaira, en Sevilla, o los del río Riotinto a su paso por Niebla (Huelva), y tantos otros.


4.    El agua puede proceder de un manantial, y lo normal en este caso es que sea conducida por un cao construido en forma de acueducto elevado que puede alcanzar gran longitud, como en los espectaculares artefactos de Mairena del Alcor (Sevilla), hoy en grave peligro. Es la tipología más común en la serranía gaditana y en el Campo de Gibraltar (Facinas, Tarifa, etc).

5.   
Por último, mencionaremos un tipo bastante extendido aunque no tan conocido. El agua es recogida mediante un azud y luego conducida río abajo por un canal que conserva la cota hasta que llega al molino y descarga en el saetillo. Es una solución muy adoptada en cauces de caudal poco impetuoso. En el arroyo del Quejigo (Las Navas de la Concepción, Sevilla) el cao llega a ser kilométrico y el desnivel conseguido de casi 20 metros, por lo que existen varios molinos a diversas alturas que descargan uno en otro. Pueden hallarse además en el arroyo Molinos (Gerena), el Guadalvacar (Lora del Río) y el Retortillo (La Puebla de los Infantes) en la provincia de Sevilla.

La distribución geográfica de los molinos harineros sigue patrones controlados por diversos condicionantes naturales y humanos. En general, no tiene demasiado sentido agruparlos por términos municipales o cuencas hidrográficas, es más lógico hacerlo por comarcas. Por ejemplo, en Huelva son abundantes en la sierra, escaseando hacia el sur. En la provincia cordobesa la distribución está vertebrada por el Guadalquivir y el Genil, dicho sea sin entrar en detalles. En Cádiz predominan en la serranía y sus estribaciones. Hay algunos curiosísimos molinos movidos por mareas en la bahía gaditana y otros junto a Ayamonte (Huelva). Por otro lado, si bien no entran dentro de la categoría de molinos de agua que nos ocupa, citaremos los molinos de viento ya en desuso de Conil de la Frontera y Vejer de la Frontera, en la costa gaditana. En cuanto a la provincia de Sevilla, de la que poseemos más datos, podemos decir que se concentran en la Sierra Norte, en la Campiña y en enclaves determinados de la Sierra Sur.

Con su importancia histórica, arquitectónica y antropológica, además de su papel configurador del paisaje fluvial de nuestro campo, los molinos permanecen desconocidos por la gran masa de la población. Culturalmente infravalorados y con su función hoy obsoleta, estos monumentos de nuestro pasado más cotidiano están desapareciendo, abandonados. Al no conocerse su importancia, la Administración las ignora y no existe ningún tipo de inquietud social por su recuperación, al menos en la provincia de Sevilla. Dicha recuperación no exigiría una inversión económica excesiva y bien podría repercutir socialmente, ya que los molinos son idóneos enclaves para el ocio, la cultura y la educación ambiental. Se han escuchado tímidas propuestas en este sentido: Talleres de Recuperación del Patrimonio, Campos de Trabajo,  Granjas Escuela, etc. En 1987 la Junta de Andalucía anunció el propósito de reconstruir los molinos de la Tapada y el Algarrobo, cerca de Alcalá de Guadaira, de cara a los fastos de 1992, aunque sólo se restauraron unos pocos y casi una década más tarde. Por otro lado, la Consejería de Obras Públicas y Transportes ha  llevado adelante una catalogación de la arquitectura rural dispersa de la región, iniciativa que puede ayudar a la recuperación de los molinos.   
 



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(Fuente: Exposición permanente del Museo del Agua, en Benamahoma, Cádiz)