Hacienda de
San Ignacio de Torrequemada
Fotografías extraídas de:
"Imágenes de una
Arquitectura Rural: Las Haciendas de Olivar en Sevilla"
Mª Cruz Aguilar y Alfonso Cruz.
Diputación Provincial de Sevilla, 1998.

|
"Imágenes de una
Arquitectura Rural: Las Haciendas de Olivar en Sevilla" La
hacienda tiene dos patios jerarquizados, en los que se distribuyen las
funciones de residencia, agrícolas e industriales. El caserío es uno de los más importantes y extensos y su estructura responde a una traza rígida y ordenada que coincide plenamente con el modelo consolidado. Desde el campo se accede al patio de labor, rectangular, soporte de las labores agrícolas. En la crujía intermedia está la portada de paso hacia el patio del señorío. Este patio está bordeado en dos de sus caras por una galería porticada con columnas de mármol y arcos de medio punto. Se cierra con las naves de la almazara y el lagar al fondo por el señorío con capilla y jardín privado. Las llaves tienen arcada intermedia con columnas de piedra arenisca, arcos de medio punto de rosca de ladrillos y cubierta de teja con entramados de madera y extensos paños de teja. La
portada principal tiene arco de medio punto, frontón triangular, escudo
de armas y hornacina con imágenes. HISTORIA El
conocimiento del territorio, edificaciones y cultivos de la hacienda, se
debe a la información contenida en los documentos que relatan diversas
circunstancias relacionadas con ella y que fueron escritos a partir de
la donación que hizo de la finca el rey Alfonso después de la
conquista del reino de Sevilla. Caxar
era el antiguo nombre de la alquería formado, al igual que otros muchos
de los empleados en la zona, al colocar el sufijo “are” a continuación
del nombre de una planta, en este caso el de la “casia”, planta aromática
parecida a la canela. Se
debe al rey Alfonso, según su propio testimonio, la sustitución de la
toponimia anterior para borrar toda huella de los moros en el territorio
conquistado, sustituyéndola por vocablos castellanos aun en los casos
como el de Caxar en los que su origen se remonta a épocas más
antiguas. También fue elegido para sustituirle, como en la mayor parte
del territorio, el topónimo del lugar de origen del noble castellano
que recibe el donadío: D. Gonzalo García de Torrequemada. Julio
González en su obra “El Repartimiento de Sevilla”, transcribe parte
del documento de sección de la alquería en los siguientes términos: “Este
es el heredamiento que dio el rey a Gonzalo García de Torrequemada.
Diol Caxar, a que puso el rey nombre de Torrequemada que es en el término
de Aznalfarache, e avia en ella cinco mil pies de olivar e de figueral,
e por medida dozientas e setenta arancadas”. Torrequemada
y Segoviola son las únicas fincas antiguas que conservaron el nombre
castellano ya que, aun en contra de las intenciones del rey, la mayor
parte de ellas mantuvieron el nombre primitivo hasta que a partir del
siglo XIV, como consecuencia de las importantes transformaciones en la
propiedad y estructura del territorio se reduce notablemente la
incidencia en él de la toponimia heredada. La
antigua villa de Moriana y la alquería de Caxar constituyeron un solo núcleo
agrícola y urbano. Después de la conquista y posiblemente a
consecuencia de la repoblación de los terrenos ocupados, Torrequemada
pasa a ser un pequeño caserío con reducida autonomía económica al
que perteneció el barrio de Moriana. En él las casas y solares debían
ser ocupados sólo por personas sometidas a las mismas obligaciones que
habían tenido sus anteriores propietarios. La
donación de Caxar al noble castellano no modificó la anterior
estructura de la finca manteniendo sus usos y superficies y fue
registrada en Sevilla el día 25 de Mayo de 1253. Comprendía la alquería
y el barrio de Moriana, tomando nombre a partir de ese momento el de
Torrequemada. En la cesión fue incluido también el molino aceitero a
pesar de que en otros casos similares había sido objeto de reserva por
parte del rey, adeudándose en cambio el treintenio del aceite y
adquiriendo el nuevo propietario la obligación de mantener un hombre
dispuesto de caballo y armas; fueron los repartidores, además del
interesado, don Remondo y Ruy López. Seis años más tarde, el 14 de
Febrero de 1259, la heredad fue donada a la Orden de Santiago por D.
Marun Alfonso, juntamente con su mujer doña Maria Méndez. La orden la
mantuvo en explotación durante algún tiempo junto con otras fincas que
poseía en la zona, llegando a acumular tales riquezas en esta comarca
olivarera, que adquirió en Sevilla un almacén para dedicarlo a la
exportación, situado en la calle Victoria junto a las Atarazanas. En
el año 1331, Sancho López y su mujer reconocen haber recibido de la
Orden de Santiago la finca Torrequemada, además de otros lugares y
algunas casas en Sevilla para tenerla en encomienda durante toda su
vida. El
caserío actual debió edificarse en los primeros años del siglo XVIII
como lo demuestra el lenguaje empleado en su arquitectura. Una inscripción
en la portada de acceso que dice “Año de 1708 “ puede recordar
alguna circunstancia relacionada con la ejecución de las obras. Unos
años más tarde, en el 1735, D. Jerónimo de Viergol y Rovira, Capellán
Real, la adquirió para la provincia de Chile de la compañía de Jesús,
que aportó la advocación de San Ignacio al nombre de la hacienda hoy
conocida como San Ignacio de Torrequemada. Tras
veinticinco años en su poder, la hacienda fue vendida por el procurador
General de los Jesuitas en dicha provincia a don Juan Valentin de
Villanueva, vecino de Sevilla en la collación de San Andrés en 722.823
reales y 18 maravedíes. La escritura pública de esta venta se conserva
en el Archivo de Protocolos. Actualmente la hacienda es propiedad de la
familia Gonzalo, uno de cuyos miembros ha fijado en ella su residencia y
consciente de la importancia cultural y arquitectónica del edificio, se
ocupa de su conservación sin que felizmente haya que temer por el
momento por su degradación y ruina. ARQUITECTURA La
hacienda San Ignacio de Torrequemada está situada en el término
municipal de Bollullos de la Mitación aunque su territorio forma parte
de un enclave que pertenece a la jurisdicción de Gelves. Dista 8.300 m.
de este último municipio, siendo uno de los límites la carretera que
va de Sevilla a Bormujos. La
puerta de acceso, en la orilla de la carretera, es de construcción
reciente formada por dos pilares de ladrillos que sujetan las cancelas.
Estos pilares poco esbeltos están coronados con piedras de molino
procedentes del caserío y sobre ellos se ha colocado el rótulo con el
nombre de la hacienda, lo que facilita su localización. El
extenso campo de olivos que pertenece a la hacienda está bien cuidado y
ha sido objeto de replantaciones recientes que demuestran su dedicación
actual a gran parte de sus funciones primitivas, lo que ha propiciado el
mantenimiento de la edificación en buen estado hasta nuestro tiempo. El
caserío permanece oculto por la vegetación y los accidentes del
terreno. Una
larga vereda de trazado sinuoso parte de la puerta de entrada y conduce
hasta el caserío. Al igual que en caminos semejantes, no es fácil el
tránsito por ella especialmente en épocas de lluvia. El último tramo
de su recorrido, perpendicular a la fachada de la hacienda y enfrentado
con la portada de acceso, está bordeado de árboles de distintas
especies de hoja perenne y caduca entre los que no pueden faltar los
tradicionales pinos y palmeras. La
fachada principal es el objeto de la primera visión al acceder a
través del camino arbolado y dentro de ella la portada como elemento
singular a través de la que queda al descubierto la estructura del
interior del caserío. A través de ella pueden verse los patios
sucesivos: la segunda portada que precede al espacio urbano y al fondo
de la galería porticada con arcos de medio punto y columnas que
preceden al señorío. Hacia
el exterior, el caserío presenta fachadas rígidas de muros casi ciegos
apoyados en cada uno de los lados del rectángulo que forma el perímetro
exterior de la planta del conjunto. Sólo tienen huecos apreciables la
fachada posterior del señorío que se abre al primitivo huerto y al
actual jardín privado cubierto de grama donde se mantiene la noria y
algunas palmeras, protegido del exterior inhóspito mediante una tapia
continua que rodea el recinto ajardinado y el huerto. El
caserío de la hacienda San Ignacio de Torrequemada mantiene en la
actualidad su traza originaria al no haber sufrido transformaciones
importantes. En su organización funcional se respetan las características
del tipo así como en las soluciones formales de su arquitectura
popular, que se completan con los aspectos cultos de sus elementos
singulares tomados preferentemente de los modelos del barroco urbano. LA
PLANTA El
perímetro del caserío de Torrequemada es un rectángulo perfecto que
se abre al exterior a través de un único paso situado en el centro
de uno de sus lados de menor tamaño. La planta responde al esquema funcional
que se presenta con frecuencia en los modelos catalogados, en el que la
edificación se sitúa alrededor de los dos patios conocidos, el de
labor y el del señorío, dispuestos sucesivamente. La
hacienda de Torrequemada sería el más significativo de los caseríos
de este grupo, tanto por el tamaño de su territorio como por su estado
de conservación y calidad de su arquitectura, extremos que justifican
suficientemente su elección como prototipo y su análisis exhaustivo
según los distintos aspectos incluidos en la investigación. A este esquema de patios sucesivos, en el que el acceso directo es al patio de labor y a través de él se llega al patio del señorío al que sirve de protección, pertenecen los siguientes caseríos entre otros: Hacienda de San Benito, La Pintada, Mendieta y la Almenara en Alcalá de Guadaira. Hacienda de Patas Largas en el Arahal. Hacienda Los Miradores en Carmona. El
espacio libre interior se distribuye por tanto en dos patios distintos
aunque directamente relacionados entre sí en los que la composición
determina las diferencias funcionales que les distinguen, ya que
mientras la planta del patio del señorío es un cuadrado regular con
claras referencias focales, la del patio de labor es rectangular y está
dividida en dos espacios por el eje de circulación que relaciona entre
sí las dos portadas dividiéndolo en otras tantas unidades menores. La
superioridad del cuadrado sobre el rectángulo como figura geométrica,
la concentración en el patio del señorío frente a la dispersión que
se produce en el patio de labor, las servidumbres del segundo respecto
al primero, son algunas de las diferencias importantes en los aspectos
formales, funcionales y significantes entre ambos que sc producen a
partir de la primera traza del caserío. En el patio de labor se
realizan los trabajos relacionados con la agricultura y la ganadería.
Las naves que albergan estas funciones se disponen sucesivamente
alrededor del espacio rectangular siguiendo esquemas rígidos en los que
el paramento continuo tiene huecos de ventilación y accesos perfilados
en las viviendas y almacenes y arcadas abiertas en los espacios
destinados a la ganadería. Los
lados de mayor longitud se interrumpen por el acceso desde el exterior y
la portada hacia el patio urbano. Están ocupados por las viviendas de
los trabajadores, la del casero como es tradicional, en la crujía
interior y la gañanía en la nave de la fachada. Las naves
correspondientes a los lados menores se destinan a la ganadería,
almacenamiento de los productos del campo y a otras dependencias
relacionadas con las tareas agrícolas. El
patio de labor, considerado como unidad independiente dentro del
conjunto, se configura mediante una serie de espacios edificados
cerrados y abiertos que se disponen sucesivamente siguiendo un esquema rígido
en planta y alzados. Constructivamente
la edificación se presenta en forma de naves de crujía única y poca
anchura en las que la cubierta está formada por extensos paños de teja
con una sola dirección de vertido de las aguas siempre hacia el
interior del patio, donde se mantiene constante la altura de la línea
de coronación del muro resistente, excepto en la nave lateral derecha
que tiene dos plantas y cubierta a dos aguas. La estructura resistente
coincide con los cerramientos que son gruesos muros de carga con escasos
huecos. En
el interior, es decir, en la fachada al patio, se alternan estos mismos
muros de carga de factura tradicional con las arcadas resistentes con
arcos de ladrillo de medio punto apoyados sobre gruesos pilares del
mismo material que coinciden con las fachadas de los espacios abiertos y
por ello mejor ventilados que se destinan al albergue de los animales al
servicio de la hacienda. Actualmente se han tabicado para destinarlos a
otros usos. El rectángulo de la base está ocupado por los espacios correspondientes al patio de labor en tres de sus lados. Sólo se cierra al quedar incorporado al resto del caserío adosado al patio urbano. El cuarto de los lados que definen este espacio pertenece al otro patio abierto de la hacienda desde el punto de vista formal y constructivo, aspectos muy evidentes en una rápida visión del conjunto, así como desde el punto de vista simbólico y referencial ya que en su fachada se ha incluido la portada de acceso al patio urbano que es uno de los elementos singulares más característicos en el caserío de la hacienda de Torrequemada. La torre de la bodega, situada en el extremo de la nave correspondiente, pertenece simultáneamente a los dos patios principales en los aspectos formal y simbólico aunque en la función esté ligada al lagar situado enteramente dentro de una de las edificaciones que definen el patio del señorío. Por
ello se podría afirmar que la hacienda como tal sólo incluye el patio
dcl señorío que constituye una unidad edificatoria completa donde se
llevan a cabo todas las funciones imprescindibles en la hacienda incluso
la de la producción del vino característica de los modelos más
complejos y ricos. En
cambio, el patio de labor y las construcciones que lo definen dependen
del espacio urbano y lo complementan, no teniendo entidad propia ni tan
siquiera en los aspectos exclusivamente formales de su arquitectura. El
patio de labor es una construcción secundaria y dependiente del espacio
urbano aunque el análisis de su arquitectura demuestre con claridad que
fue proyectado y construido dentro de la unidad arquitectónica que es
el caserío en su conjunto. El
patio urbano en San Ignacio de Torrequemada es el foco de las funciones
más importantes de las que se llevan a cabo en las haciendas de olivar.
A su alrededor se sitúan las edificaciones destinadas a albergar el
lagar y la almazara, causas ambas de la riqueza y por ello del poder en
la Andalucía cuya estructura económica propició este modelo de
arquitectura. También se incluyen el señorío y la capilla protegidos
por la vivienda del casero que está situada en la nave intermedia y
participa de los dos patios de la hacienda. Aunque
en los caseríos en que por su extension y complejidad se proyectan dos
patios diferenciados el del señorío tiene aspectos formales y
funcionales que lo hacen de mayor calidad que el de labor, no es fácil
encontrar en otros modelos unas diferencias tan acusadas entre los dos
en esos aspectos, ni una jerarquización tan profunda en la distribución
de las funciones. En general suelen aparecer mezcladas las funciones
industriales con las agrícolas y las urbanas o bien estas últimas
situadas en su patio específico incluyendo solamente el señorío y la
capilla como ocurre en la hacienda de Maestre de Los Molinos, uno de los
modelos más importantes de Dos Hermanas en el que cada uno de los
patios tiene una puerta de salida al campo. Estos aspectos se reflejan
en la traza de la planta y en la ordenación de los alzados. En
el patio del señorío las edificaciones mantienen un ancho constante
alrededor de todo el perímetro sólo se interrumpe por el acceso
situado en el centro de la nave que limita con el patio de labor. Las
soluciones constructivas son variadas y los paños de la fachada son
discontinuos, aunque tienen un aspecto unificado por la zona porticada
con arcos de medio punto sobre columnas de mármol qie discurre a lo
largo de las fachadas del lagar y del señorío. El
lagar está dividido en tres naves longitudinales por las estructuras
resistentes interiores formadas por grandes arcos de medio punto y rosca
de ladrillo apoyados sobre veintidós columnas de piedra arenisca; esta
roca no suele ser empleada en las edificaciones del campo andaluz nada más
que en algunas de las haciendas más extensas como ocurre con la de San
Ignacio de Torrequemada. Tiene
la nave de la bodega cubierta a dos aguas con doble entramado de vigas
de madera y tablazón sobre ellas. El entramado inferior que no tiene
misión exclusivamente de resistencia, simula la simetría en el
interior de la nave ya que las pendientes en las dos vertientes de la
cubierta son distintas al tener faldones desiguales, al prolongarse uno
de ellos más allá del cerramiento para cubrir la zona porticada del
patio urbano. La cubierta es de parhilera con teja árabe apoyada en
cinco líneas resistentes: los dos cerramientos de la nave, las
arquerias interiores y la del patio del señorío. La
almazara está situada en la nave lateral opuesta a la antes descrita,
dividida en dos espacios rectangulares alargados por un eje longirudinal
de separación. Las dos naves de prensa son continuas, se sirven de una
misma torre contrapeso y ocupan la crujía exterior de la nave que
comparte con los almacenes, trojes, tinajas y algunas dependencias
secundarias situadas en la cabecera próxima al señorío distribuida en
dos alturas en la que la planta alta se apoya sobre un forjado de
rollizos con tablazón de madera como solería. La
arquitectura del patio del señorío es una consecuencia de las
importantes funciones que en él se llevan a cabo y que se concretan en
la forma de la planta y la composición de los alzados. La tierra
apisonada o “terrizo” es el único tratamiento del suelo en las
zonas descubiertas de los patios aunque se conservan algunos restos de
empedrados cuya situación debió coincidir con el recorrido más
frecuente de la hacienda. No existe en ellos vegetación, a no ser las
macetas de geranios tradicionales en las casas andaluzas. En el centro
del patio del señorío se conserva el aljibe con brocal de mármol que
recoge y almacena las aguas de lluvia. El
señorío ocupa la planta baja de la nave frontal a la portada, quedando
actualmente la planta superior sin destino especifico al servicio de la
vivienda. Esta nave, al igual que las restantes en Torrequemada, tiene
cubierta de parhilera y doble pórtico en sus fachadas compuestas por
muro liso pintado a la cal y huecos rectangulares perfilados con
distribución simétrica respecto a las dos puertas enfrentadas que
constituyen el acceso desde el señorío a los dos espacios abiertos que
lo limitan: el patio urbano y el jardín privado. La compartimentación
interior produce una distribución en salas sucesivas abiertas a la zona
de estar de la vivienda en las que las puertas de acceso son de compleja
peineceria. En
el Catálogo Arqueológico y Artístico
de la Provincia de Sevilla se hace la siguiente descripción del señorío
de Torrequemada: “La residencia está constituida por un gran salón
partido por sendos tabiques en tres habitaciones. Las dos de los
extremos tienen pintados en el techo a San Francisco Javier con una
india y a San Ignacio de Loyola
revestido con ornamentos sacerdotales”. En
uno de los extremos del señorío está el mirador con acceso directo
desde él. Debajo, un sótano abovedado comunicado con la bodega con
lunetos que terminan en huecos de iluminación al jardín privado, que
según la tradición fue utilizado como cárcel por la Inquisición. La
pequeña capilla tiene acceso directo desde el señorío, carece de
cualquier elemento emblemático y se
abre al pórtico que precede al señorío del que le separa una cancela
de hierro forjado. La capilla tiene un pequeño retablo dieciochesco que
ocupa todo el paramento frontal en el que están colocadas las imágenes
de San Isidro Labrador y Santa Bárbara que según Sancho Corbacho: “Corresponden a
la imaginería napolitana de la decimoctava centuria”. El
análisis de la planta de la hacienda demuestra la existencia de una
traza previa con esquemas compositivos sencillos siendo el conjunto del
caserío el resultado de la yuxtaposición de edificaciones que atienden
a las necesidades funcionales de la explotación agrícola, de la
industria y de la vivienda. LOS
ALZADOS Prescindiendo
de los elementos singulares que no determinan la composición de los
paramentos exteriores, sino que se colocan sobre este soporte, podemos
diferenciar tres tipos de alzados diferentes dependiendo de la situación
que les corresponde dentro del conjunto del caserío. Estos tres tipos
comprenderían en primer lugar los alzados hacia el campo, después los
del patio de labor y por último los correspondientes al espacio urbano,
incluyéndose en estos últimos los del patio del señorío y las
fachadas de la vivienda principal hacia el jardín privado. En todos
ellos se mantiene la solución constructiva del muro perimetral y el
recubrimiento a base de pintura a la cal, variando la cantidad y tamaño
de los huecos y la cualidad de los aspectos ornamentales. La
fachada exterior del caserío se caracteriza por la presencia del muro
continuo casi ciego con escasas interrupciones en forma de pequeños
huecos de iluminación y ventilación que a pesar de haber sido ampliado
recientemente no desfiguran su aspecto originario. Una tapia encalada,
continuación del muro perimetral, limita al recinto cerrado que incluye
en su interior el huerto y el jardín del señorío. El lado menor del
rectángulo de la planta, con acceso frontal desde el camino, es la
fachada principal de la hacienda. Esta
fachada es un muro blanco y continuo limitado en uno de sus extremos por
la cabeza de la nave agrícola, de mayor altura y cubierta a dos aguas.
En el centro se sitúa el único acceso exterior, a través del apeadero
que interrumpe la nave de fachada. Este hueco tiene cubierta de pabellón
con tejas sobre un entramado de madera y arcos de medio punto en los
laterales. En
el patio de labor, las fachadas de menor longitud casi en su totalidad
están formadas por arcos de medio punto sobre pilares sin cerramiento
alguno. Los de las viviendas los forman paramentos lisos encalados con
huecos perfilados dispuestos sin ningún orden con la exclusiva misión
de resolver los problemas de acceso e iluminación. La línea de
coronación del muro se mantiene constante en toda su longitud así como
la pendiente del tejado, excepto en la nave de almacenamiento. En
los alzados del señorío es determinante la existencia de la zona
porticada que precede a las dos fachadas del lagar y del señorío. Los
restantes se asemejan en sus aspectos formales a los ya analizados del
patio de labor en los que los paramentos estan pintados a la cal donde
se abren los huecos necesarios para el acceso a la ventilación y la
escasa iluminación de los interiores. La
arcada de la zona porticada del patio urbano está compuesta por arcos
peraltados con alfiz, apeados sobre columnas de mármol con capiteles
del mismo material que se construyeron con material de acarreo
procedente de derribos de las casas sevillanas por lo que los capiteles
no son iguales entre si y las columnas tienen fustes de tamaños
diferentes que se igualan mediante el empleo de basas de apoyo de
diferentes tamaños, con lo que se consigue mantener horizontal la línea
de imposta. Tienen cubierta de teja con faldón inclinado hacia el patio
y perfiles pintados de color almagra. Las
fachadas anterior y posterior del señorío tienen un hueco de acceso
central con dos ventanas a cada lado y zócalo color almagra en la del
patio que se enmarca con cenefas de azulejos. Un sencillo alfarje forma
la cara inferior del porche. En
el jardín privado del señorío aún se conserva la noria y la alberca
que suministraba agua para el riego. Comunicado con la hacienda aunque
sin integrar en el conjunto, existe un corral rodeado de edificaciones
destinadas exclusivamente a la ganadería. Junto a ellas se sitúa el
pajar del que existe planimetría y descripción en el Catálogo Arqueológico
y Artístico de la Provincia de Sevilla, esta última en los siguientes
términos: “Adosado al conjunto de la hacienda aunque independiente
de él se halla otra edificación destinada actualmente a pajar. Está
constituida por una gran nave dividida por arcos ojivales transversales.
La primera impresión es la de que hubiera servido originariamente de
iglesia; idea que la confirma el estar la construcción orientada según
la tradición de los templos españoles de la Edad Media. El estudio de
los aparejos parece indicar ser obra de época moderna, probablemente
del período barroco, no obstante, es la apariencia”. ELEMENTOS SINGULARES Cada
uno de los huecos de paso que aparecen en el recorrido a través del
caserío está resaltado en sus dos caras. Son por tanto cuatro las
portadas de la hacienda Torrequemada, con distintas valoraciones según
su posición dentro del recorrido, de las que la única que tiene una
rica ornamentación es la que define el acceso al patio urbano desde el
espacio de labor en el que está incluida. Tiene arco de medio punto y
frontón triangular con remates serlianos según los modelos andaluces
conocidos. Sobre la clave un escudo de armas labrado en piedra, cuya
procedencia se desconoce y sobre las
pilastras laterales se sitúan sendas hornacinas sobre pinjantes
que albergan las imágenes de los santos protectores de la hacienda: San
Isidro Labrador y Santa Bárbara. El rosetón estrellado en el centro
del frontón se inspira en los modelos del barroco sevillano, ya que
este símbolo forma parte, entre otros, de la decoración del palacio de
San Telmo, uno de sus monumentos más significativos. Filetes
y baquetones perfilados de almagra y decorados con yeserías en los
espacios libres, el predominio de la curva sobre la recta y el insinuado
entablamento acaban de definir la portada. No
existe la tradicional espadaña, situándose la campana en el hueco de
uno de los pisos superiores del mirador.
"Las
Haciendas de Olivar del Aljarafe Alto" Se encuentra situada sobre una loma que tiene excelentes vistas hacia toda la comarca del Aljarafe, en el término municipal de Bollullos de la Mitación aunque toda la finca y caserío son jurisdicción de Gelves. La edificación existente es de principios del siglo XVIII y su arquitectura responde al más exquisito barroco sevillano. Se accede al caserío a través de una elegante portada barroca con arco de medio punto, pilastras, friso y abundantes detalles en relieve, en cuyo centro existe un escudo nobiliario labrado en piedra, encontrándose rematada en frontón con tres pináculos y remates cerámicos donde se lee “año de 1708”. Junto a la portada queda la vivienda del capataz con amplio soberado. En el centro del patio se encuentra un aljibe con dos brocales de mármol que recoge el agua de lluvia. A la derecha quedan dos molinos aceiteros con torre contrapeso común a ambos rematada en chapitel octogonal y cuatro pináculos en sus vértices. A la izquierda queda el lagar con torre contrapeso rematada igualmente en chapitel y cuatro pináculos y una gran bodega con tres naves separadas por arquerías que descansan sobre grandes columnas de piedra y con galería porticada al patio con arcos sobre columnas de mármol. Al fondo se encuentra el señorío en dos plantas con galería porticada a patio, jardín, capilla y torre mirador terminada en terraza a la cual se accede mediante una escalera de caracol. En el jardín del señorío se conserva una vieja noria y alberca que servia para regar el huerto de la hacienda que tiene más de doscientos metros de longitud. Es de destacar el pajar, situado junto al cerramiento del jardín, formado por gigantescas bóvedas tabicadas sobre arcos apuntados de ladrillo del cual se desconoce su uso originario y antigüedad. Delante de la portada principal existe otro patio de labor, construido posteriormente, que alberga las cuadras, pajares y abundantes gañanías al que se accede por sencilla preportada. Esta interesante hacienda que aparece ya en el Repartimiento de Sevilla y a la que se puso el nombre de Torquemada fue comprada en 1735 por los jesuitas de la provincia de Chile. De los sótanos situados bajo el señorío cuenta la tradición que fueron mazmorras de la Santa Inquisición, conservándose aún anillas situadas en el techo a las que posiblemente eran atados los condenados. De la antigüedad del caserío dan muestra la aparición de restos de tégulas encontradas junto al señorío y las abundantes monedas árabes encontradas cerca del jardín, lugar que debió ocupar la antigua alquería. |


