Hacienda Maestre de los Molinos
Textos y fotografías extraídos de:
"Imágenes de una
Arquitectura Rural: Las Haciendas de Olivar en Sevilla"
Mª Cruz Aguilar y Alfonso Cruz.
Diputación Provincial de Sevilla, 1998.





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La hacienda tiene planta rectangular alargada y dos patios con accesos
diferentes, alrededor de los que se distribuyen los distintos espacios de
residencia, industriales y ganaderos. El patio de labor tiene planta
rectangular alargada y pórtico con arcada en dos de sus lados, formado
por gruesos pilares de piedra, arcos de medio punto y cubierta de tejas.
La almazara, en este patio, tiene cubierta de tejas a dos aguas y dos
torres contrapeso. El patio urbano es de planta cuadrada. Está cerrado
por las edificaciones del señorío, la capilla y otras naves de distintos
usos. Se accede a los dos patios a través de sendas portadas con
planteamientos estilísticos de clara inspiración barroca. Los muros son
de tapial con verdugadas de ladrillo recubiertos de mortero con labores
decorativas en toda la superficie. La traza clásica, la perfecta
organización funcional, los caracteres formales cultos y la conservación
de su estructura primitiva, hacen de este caserío uno de los más
importantes del conjunto de las haciendas del olivar. Los orígenes conocidos del territorio y las edificaciones de la
hacienda de Los Molinos, se remontan a la existencia de la llamada Torre
Mochuela, torre árabe defensiva, que está situada dentro de su espacio físico.
Sabemos que al adueñarse Fernando III de Sevilla y su territorio, éste
se hallaba poblado de numerosas alcarrias dentro de la cuales la
torre-fuerte, construida por los árabes con fines defensivos, proporcionó
a los conquistadores castellanos un eficaz sistema para la protección del
territorio. Una de ellas es la ya citada Torre Mochuela. Estas alcarrias determinan la existencia dentro del término de Dos
Hermanas de numerosos “lugares” que de alguna manera condicionan el
reparto que de estas tierras hicieron los conquistadores y que a través
del tiempo pasaron por distintas fases en lo que se refiere a su uso y al
número de sus habitantes, ya que mientras algunas se convierten en
despoblados, otras, como la misma Dos Hermanas, crecen
extraordinariamente. De esta ciudad dice Rodrigo Méndez Silva al que cita
el padre Leandro José de Flores que “Se fundó junto a un castillo de
unos cortijos fabricados en aquel territorio”. No obstante, los que en
mayor número permanecieron, actualmente son las haciendas y cortijos y en
un grupo de ellas, dentro del término de Dos Hermanas, aparece como
elemento común la torre militar defensiva llamada atalaya o almenara,
emplazada en lugares estratégicos en función de los aspectos geográficos
y políticos del territorio. La Torre Mochuela es, como decíamos, el resto de la alcarria que dio
lugar a la aparición de la actual hacienda de Los Molinos, y que aún se
conserva dentro de su término. Hernández Diaz en su libro “Catálogo
Arqueológico y Artístico de la provincia de Sevilla” Tomo III. P. 30,
describe la Torre Mochuela. El conjunto artístico del caserío, que
actualmente se conserva casi en su totalidad, para Sancho Corbacho
“Responde plenamente en su arquitectura a las normas del s. XVIII”, y,
según el mismo autor pertenece a la misma época que la edificación de
la hacienda de Tablante. Éste consta de dos patios centrales alrededor de
los cuales se organizan los espacios soportes de las funciones de la
hacienda. En sus alzados aparecen grabadas dos fechas con una diferencia
de cuarenta y ocho años entre la correspondiente al patio de la almazara
y el señorío, que parece excesiva para interpretar que hacen referencia
a las fechas de terminación o comienzo de la ejecución de ambos
espacios. La fecha grabada en una de las fachadas laterales del patio de labor
corresponde al año 1689, cuyos signos se rodean de algunos perfiles
curvos elaborados mediante la misma técnica que la fecha. En el señorío,
las cifras correspondientes al año 1737, se sitúan en la espadaña que
corona la sencilla portada de la Iglesia, decorada con un bello cuadro cerámico
que representa la Concepción de la Virgen y cuyas formas corresponden
a la segunda mitad del s. XVII. En la actualidad se conserva una carta de pago dada por el maestro mayor
de obras de albañilería de Dos Hermanas a Francisco Maestre, propietario
de la hacienda de San Pedro en esa villa y que aparece fechada en el año
1724, cinco años más tarde del que se cita en la espadaña de la Iglesia
de Los Molinos. Por ella sabemos de la ejecución de obras de reparación
que tuvieron lugar en la torre de molino y la almazara de la hacienda de
San Pedro. La coincidencia de ambas haciendas en la situación,
propietario y fechas, nos hacen pensar que pudiera tratarse del mismo
caserío, con lo cual se acotaría la época de su construcción y de
alguna manera se situaría dentro de la factura culta que hemos enunciado
al principio. La actual situación de semiabandono en que se encuentra el caserío,
hace temer por su obsolescencia y destrucción por lo que sería necesario
la disposición de cualquier tipo de medidas encaminadas a garantizar la
conservación de tan interesante conjunto; es éste a nuestro juicio uno
de los más necesitados de una actuación inmediata si se quiere evitar su
destrucción, y ello debido tanto a su calidad como a la situación de
abandono en la que se encuentra, de la que es buena prueba la desaparición
en los últimos años de los grandes paños de teja cubierta en
edificaciones correspondientes a la zona del señorío. En “Haciendas y Cortijos Sevillanos” de Antonio Sancho Corbacho se
incluye una descripción de la hacienda en los siguientes términos: “Se
organiza en planta rectangular muy alargada en la que se distinguen
claramente dos cuerpos de edificios, centrados por sendos patios con
entradas independientes en la fachada principal, correspondiente al señorío
y a la casa labor; una distribución muy parecida a la de Tablante. El primero tiene sencilla portada con cuadro cerámico de la Coronación
de la Virgen, de la segunda mitad de la centuria; el patio presenta al
fondo un pórtico de arcos rebajados sobre pilares octogonales, que sirve
de entrada a la vivienda, distribuida en dos plantas; a la derecha queda
el mirador. A la izquierda del patio se encuentra la capilla, de pequeñas
dimensiones, y cuya espadaña está fechada, como decíamos en 1737. En
esta misma ala del edificio se halla la cocina y detrás, una gran nave,
almacén de aceite con sus filas de tinajas que da paso a la casa de
labor. Esta tiene su entrada principal en la fachada, con una bella portada
barroca de la segunda mitad del siglo. Se distribuye alrededor de otro
gran patio sobre pilares cuadrados y pilastras adosadas con ménsulas,
fechada en el “Año 1689”, que debe corresponder al de la construcción
de todo el edificio. Al fondo está el tinahón y a la derecha la nave de
trojes y almazara con doble molino de viga hoy desaparecida”. La hacienda Los Molinos forma parte del término municipal de Dos Hermanas
y está situada relativamente próxima a su centro urbano, de tal manera
que dentro de lo que fue su territorio, existen algunos nuevos asentamientos
de población. Sin embargo, en la parte del terreno no ocupado por aquéllos,
que es importante, el olivar continúa en producción, constituyendo una
extensa zona de arbolado en cuyo interior fue construida la edificación
principal que es el caserío de la hacienda. El caserío de Los Molinos es una de las edificaciones dentro del tipo
con mayor número de connotaciones cultas en lo que se refiere a la traza,
ejecución y ornamentacion. Sin ser el más extenso, es uno de los más
complejos por la funcionalidad de su planta. Su aceptable estado de
conservación ha permitido una observación planimétrica y fotográfica
de todas las características funcionales, formales e iconográficas del
mismo. El caserío de Los Molinos mantiene actualmente con bastante exactitud
su trazado original, porque si bien el descuido y el abandono han dejado
una clara huella, fundamentalmente en las amplias zonas de cubierta
totalmente derruida, quizás debido al abandono, no ha sufrido
alteraciones apreciables, lo que nos permite todavía su contemplación
global así como el análisis critico de su arquitectura, tanto en su
estructura formal como a la sintaxis empleada y al significado de las
unidades espaciales importantes. En cuanto a su organización funcional, la hacienda Los Molinos es
absolutamente respetuosa con las condiciones del tipo aunque no ocurra lo
mismo en la arquitectura, en la que se observa un enorme distanciamiento
con las soluciones formales de la arquitectura popular, si bien se
mantienen las condiciones de construcción en los materiales y sistemas,
generalmente encubiertos mediante aspectos decorativos complicados, a los
que hay que añadir los inevitables elementos símbolo de notables
características cultas como el señorío y los elementos singulares de
proyección vertical. LA PLANTA En la hacienda Los Molinos, el ordenamiento espacial se realiza
alrededor de dos patios, el de labor y el del señorío, ambos con
esquemas focales referidos a funciones de la hacienda que se relacionan
en el correspondiente apartado de la descripción. Este esquema se
corresponde con la solución tipológica referida al modelo de hacienda
de caserío extenso que sirve de soporte a las funciones complejas
relacionadas con la agricultura, la industria y la vida social y
religiosa. Además de estas unidades focales, la planta se complica con
la existencia de varios espacios abiertos, cuatro en total, con usos
concretos de almacenamiento de aceite y cuidado de los animales. En este aspecto, uno de los patios situados en la zona de edificación
intermedia entre los dos principales, todavía permanece ocupado por las
tinajas de decantación enterradas. No existe en cambio el característico
jardín privado del señorío, y su fachada se abre directamente al campo
de olivos. Dentro del perímetro exterior del caserío, la superficie en
planta ocupada por la edificación y los espacios porticados que rodean en
la mitad de su perímetro al patio de labor y del señorío, es
sensiblemente inferior a la destinada a los espacios abiertos de distintos
usos. Los espacios arquitectónicos son de gran amplitud y altura y sólo se
usan en la planta situada al nivel del terreno, aunque excepcionalmente
aparecen en dos niveles la zona destinada a las viviendas y parte del
oratorio en el que por exigencias de relación con el señorío, la
tribuna, que no es más que una prolongación de éste en la forma y función,
mantiene el mismo nivel sobre su planta baja que la correspondiente en el
señorío. La altura de coronación de los muros exteriores permanece
inalterable a través de todo el conjunto, así como la solución de la
cubierta de parhilera con faldones en forma de extensos paños de tejas. Sólo
los espacios porticados se construyen con la cubierta a una altura
intermedia, apoyados sobre los muros más altos y con cubrición de tejas
con una sola dirección de vertido. A través del estudio de la planta de cubierta, se observa la existencia
de una correlación entre la altura del faldón, el tipo de cubierta
empleada y la tonalidad de los espacios cubiertos, ya que, como decíamos,
son diferentes en estos aspectos las soluciones correspondientes a
espacios semiabiertos y cerrados. En estos últimos, la gran altura del
arranque de la cubierta, ha permitido en casos muy determinados la
construcción de una segunda planta. Sobre los tejados destacan
exclusivamente los elementos arquitectónicos verticales que en este caso
se concretan en las dos torres de prensa y el mirador del señorío. Como
en la mayor parte de las haciendas, en Los Molinos se sitúan en los vértices
extremos del polígono de la planta según se puede apreciar en la
documentación gráfica anexa. Concretamente, las dos torres-contrapeso de
diseño diferente, se corresponden con el lado de la planta situado junto
al patio de labor y enmarcan la fachada del lado correspondiente a las
naves de la almazara. En el extremo opuesto, cerca del vértice y
posterior, el mirador no tiene una comunicación directa con el señorío,
ya que a él se accede por una angosta escalerilla que parte de uno de los
corrales relacionados con el patio del señorío. No es difícil deducir, a través de la observación del conjunto, la
existencia de una traza previa a la edificación lógicamente elaborada,
debido a la organización compositiva de las distintas unidades arquitectónicas,
organización que no se debe a una rimple adición de espacios. El perímetro
del conjunto del caserío que es de forma sensiblemente rectangular,
alargado en la dirección del eje longitudinal que recorre los dos patios
principales, parece distorsionado debido a la posición ligeramente
inclinada de uno de los lados de mayor longitud respecto al que debiera
ser paralelo, desviación que provoca una sensación de inestabilidad
formal en la concreción de la planta, sin que parezca que esta sorpresa
compositiva tenga por motivo el respeto a ningún imperativo exterior, ya
que la edificación es totalmente exenta y está situada en medio del
olivar, coincidiendo su fachada inclinada, que es la principal, con el
espacio baldío en forma de amplia explanada que le separa del resto de la
zona cultivada. La irregularidad de la planta se transmite exclusivamenre a los espacios
abiertos importantes, es decir, a los dos patios, el de labor y el del señorío,
que aparecen excepcionalmente en este modelo con forma trapezoidal. Las
construcciones que les rodean, sin embargo, se construyen con una gran
rigidez formal mediante el paralelismo de las direcciones estructurales de
cada unidad, formando crujías de ancho constante a través de todo su
desarrollo. Lo expuesto nos lleva a considerar la organización sobre el plano de la
hacienda de Los Molinos, como una respuesta concreta a un problema
funcional desde un punto de vista global y sin que esto sea la única
prueba, ello nos habla ya de la presencia de una arquitectura culta con un
cuidado esquema compositivo. Distintos aspectos parciales del conjunto se
analizan a continuación: * Patios: Los dos
patios principales de la hacienda son los únicos centros focales,
independientes entre sí, que polarizan una serie de actividades agrícolas,
industriales y sociales que tienen su apoyo físico en las edificaciones
que les rodean. Ambos cuentan con una comunicación directa con el campo a
través de huecos de paso de parecidas características en lo que se
refiere a su amplitud y a la calidad de las dos bellas portadas que los
enmarcan. A pesar de ello, la comunicación entre ambos se produce a través
de espacios interiores que coinciden con un eje longitudinal casi central
que atraviesa la zona de edificación común a los dos patios en el limite
que en la planta baja tendría la zona ocupada por el señorío y el
oratorio, con la vivienda de los campesinos. Esta comunicación pasa
absolutamente desapercibida y no facilita ningún tipo de jerarquización
entre ambos espacios; podría ser considerada como una comunicación
auxiliar dispuesta solamente para evitar caminos innecesarios. El patio de labor es el principal en la hacienda Los Molinos, debido con
toda seguridad al hecho importante de servir de soporte a las tareas
industriales, ya que en uno de sus lados mayores se sitúan las naves de
la prensa y el molino aceitero. De forma sensiblemente rectangular y
alargado en la dirección perpendicular al eje longitudinal del caserío,
sólo se limita con alguna de las edificaciones que lo rodean en dos de
sus lados contiguos ya que los otros dos lados opuestos se enmarcan por
una zona porticada construida por gruesos pilares de piedra, arcos de
medio punto y cubierta de tejas. * La almazara ocupa las dos crujías de la edificación que
cierra uno de los lados mayores del patio y se cubre mediante tejado a dos
aguas con faldones de diferentes tamaños y pendientes, uno de los cuales,
el que vierte al patio, es el mayor y provoca el cierre gradual del
espacio interior que viene enmarcado por las dos torres-contrapeso que se
sitúan al fondo en los dos ángulos extremos que cierran la fachada de la
almazara. El lado contiguo también está cerrado por la edificación cuyo
espacio interior se dedica a la ganaderia y a las actividades agrícolas.
En el ángulo opuesto, los dos lados con arcadas y porche corresponden
respectivamente a la zona posterior de la fachada principal al campo en
cuyo centro está el acceso y a la edificación y los corrales intermedios
en los que se incluye la comunicación con el patio del señorío. El patio del señorío es de planta sensiblemente cuadrada y de
superficie notablemente inferior a la del patio de labor. La zona
porticada en este caso está situada en los lados paralelos que
corresponden al trasdós del muro de la fachada principal y al frente del
señorío, situándose en un extremo del primero, la portada barroca
importante por donde se accede desde el olivar. Exceptuando el lateral
correspondiente a la portada, el patio del señorío está limitado por
las edificaciones destinadas a usos sociales y religiosos sin olvidar los
dos patios secundarios que limitan con uno de sus lados. El frontal a la
portada lo ocupa el señorío con dos plantas edificadas, precedido en su
acceso por el pórtico antes citado; a continuación, está la capilla, y
el señorío está ligado perfectamente a ella en los aspectos funcionales
y arquitectónicos, seguida ésta del paso de comunicación con el patio
de labor y la edificación dedicada a la vivienda del capataz. El espacio
cerrado del patio del señorío es de bellas proporciones y paramentos
ordenados destacando la composición de los huecos en las fachadas de la
edificación en la que resaltan dentro de la seriedad, los balcones del señorío
y aún con más fuerza la sencilla portada de la Iglesia coronada por la
clásica espadaña junto con la ordenada composición de los arcos y
pilastras y el bello colorido de luz y vegetación en los que se nota el
continuado olvido a que está sometido, con el peligro que supone la
degradación y pérdida de tan importante recinto. La superficie del patio de labor casi duplica de la del patio del señorío.
Aquél presenta una mayor rigidez en la disposición de la planta así
como una mayor complejidad en las soluciones plásticas de su
arquitectura. Además, en Los Molinos no existe una clara diferenciación
formal dentro de su caserío en zonas en que la solución arquitectónica
es eminentemente popular y aquellas otras en las que predomina el carácter
culto de la misma, no obstante es en el patio en que está situada la
almazara donde se localiza con mayor precisión la arquitectura de tipo
urbano, seguida muy de cerca por el conjunto interior del patio del señorío. Cada uno de los patios está precedido de bellas portadas en el acceso
desde el campo, con planteamientos estilísticos de clara inspiración
barroca, siendo la portada que da acceso al patio de labor de mayor
complejidad que la del patio del señorío. Estas portadas son los únicos
elementos que rompen la monótona originalidad del cerramiento. LOS ALZADOS Frente a las soluciones casi constantes de los paramentos verticales
exteriores en gran parte de los modelos analizados y que consisten en la
utilización del muro continuo en el que aparecen algunos huecos
recortados sin una situación precisa y ordenada, la composición de las
fachadas exteriores de la hacienda de Los Molinos es absolutamente
diferente. En ella la relación hueco-macizo responde a un preciso
ordenamiento en el que el módulo y el ritmo se han tenido en cuenta. En efecto, los paramentos exteriores del caserío están formados por
muros continuos con claro predominio de la componente horizontal sobre la
vertical y del macizo sobre el hueco. Donde son necesarios, como ocurre en
las fachadas del señorío y la almazara, responden a un orden tanto en la
posición dentro del paramento como en su forma y dimensiones que son
constantes, en las fachadas del señorio y en la almazara.. Estos huecos
de luminación tienen forma rectangular vertical, son amplios y están
situados en los espacios entre las lesenas en la almazara, y en la fachada
al olivar del señorío su colocación responde a necesidades funcionales
y a soluciones compositivas importadas de la arquitectura doméstica
sevillana. Esta fachada curiosamente no puede ser admirada en su conjunto,
absolutamente inmersa al encontrarse en el olivar. La tradicional reja es
la protección a los huecos abiertos directamente al campo, sin que el
ambiguo espacio íntimo del jardín privado se interponga entre el olivar
y la edificación. Los huecos desordenados al exterior son escasos y generalmente de
factura reciente. Los paramentos están enfoscados y pintados de color
albero, a veces uniformes y continuos como el que corresponde a la fachada
principal y parte de la posterior y modulados por la colocación de
lesenas en la fachada de la nave de la prensa, o bien de composición
diferente en las dos plantas debido a añadidos probablemente no muy
lejanos en el tiempo de la primera obra. Ello, junto a los elementos
emblemáticos que los limitan, como son las dos torres de prensa o las dos
portadas, determinan la fisonomía exterior de la hacienda. La situación
y factura de las portadas, torres y miradores, hacen referencia a
lenguajes clasicistas de arquitecturas cultas. No se usan columnas y los
arcos se apoyan sobre pilares ochavados. Las fachadas de los patios
centrales son más ricas y complejas en lo que se refiere a su
arquitectura. Las zonas porticadas rodean en gran parte de su perímetro
estos dos espacios. La utilización de esgrafiados en el patio y en la torre de la almazara
es una novedad en estas edificaciones. El aspecto plástico y decorativo
de los paramentos verticales que cierran el espacio exterior, las técnicas
compositivas y la resolución de los problemas de iluminación de los
espacios son notablemente diferentes de las técnicas utilizadas en la
mayor parte de los modelos del tipo. En éste, sin dejar los sistemas
constructivos tradicionales, se enmascaran mediante el color, la textura y
los tratamientos decorativos de los morteros empleados como recubrimiento
de la fábrica primitiva que actualmente es visible debido a su deterioro
progresivo. ELEMENTOS SINGULARES Las Portadas En las portadas exteriores, se emplean formas y modos de hacer de la época,
en los que se observa la influencia urbana, la solución a base de lesenas
o pilastras, entablamentos insinuados, frontones curvos, así como
remates, pinturas, proporciones, objetos cerámicos y la insistente
utilización de la línea curva, no deja ninguna duda. Las diferencias
formales se acentúan concediendo una mayor riqueza decorativa a la
portada que se sitúa junto al patio de labor. Las Torres El resto de los elementos emblemáticos que sobresalen del conjunto
horizontal, están absolutamente de acuerdo con la traza del conjunto. Con
un planteamiento funcional perfecto, el mirador se presenta como un
elemento de uso especifico, además de su significado, por lo cual se
hace necesaria su presencia en los extremos de la edificación, si bien en
la semizona considerada especialmente urbana, su construcción responde
casi exclusivamente a estas exigencias, encontrándose la bella
torre-mirador.
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