Arquitectura Popular de Extremadura

Juan Carlos Rubio Masa

 


VII. Arquitectura del llano: Tipologías al sur del Guadiana

En este amplio territorio, que se corresponde con la mayor parte de lo que hoy es la provincia de Badajoz, encontramos viviendas de fuerte personalidad, a pesar de que en ellas puedan rastrearse influencias de la tierras cercanas -sobre todo en el aparato organizativo y decorativo de fachadas-, y de un claro sentido de la distribución de los espacios. Es, en este último aspecto, donde se observa una gran unidad en todo el territorio, pues los mismos tipos de casas, con ligeras variantes, se repetirán en todas las comarcas, a pesar de su distinta topografia y economia.

Estamos, otra vez, ante una arquitectura marcada por su componente horizontal, con más tendencia a ocupar superficie que altura, con unos espacios claramente delimitados, envueltos por estructuras cúbicas o paralepipédicas, subdivididas internamente. «Es una arquitectura de masas, que se experimentan como volúmenes a los que se les han tallado huecos» (Chanes y Vicente). Únicamente las molduras de puertas y ventanas, las cornisas y antepechos, las rejas sobresalientes con sus poyos y guardapolvos parecen luchar contra esa definida volumetría.

Los extensos núcleos de población se desarrollan por la adición sucesiva de volúmenes en torno a calles, generalmente, amplias y rectas. Al ser blanqueados en su totalidad, conforman una imagen de gran pulcritud nada mimética con el paisaje circundante; imagen que suele relacionarse normalmente con el tópico de la blancura de los pueblos andaluces. En estos pueblos sureños de Extremadura, sólo los hitos urbanos (generalmente las torres parroquiales, que se dejan con el color del material que las conforma) contrastan y se destacan sobre los caseríos de rojos tejados y blancas paredes.


Zafra. Portada resaltada y rematada con una cornisa.


Berlanga. Decoración de fachada de origen erudito.

Pasando a los componentes materiales de la casa del sur del Guadiana, destaca el hecho de ser una arquitectura de tierra. Con el uso del tapial y el adobe se consiguen muros de grosor apreciable, necesarios para soportar el empuje de las bóvedas y como aislante de los rigores climáticos, pues aparecen incluso en casas donde no serían necesarios desde el punto de vista estructural, ya que se cubren con rollizos, tablazón o cañas. En algunas comarcas abunda el aparejo toledano, alternando con tapial o adobe y, también, los muros construidos únicamente de ladrillo; elementos que nos hablan de la pervivencia de lo mudéjar en la zona. Estos paramentos terrosos se asientan siempre sobre una base de mampostería. Donde abundan los berrocales, los huecos se recercan con bloques graníticos, aunque no se excluyen los enmarcados con ladrillos. La madera de cierta calidad, al ser un material poco o nada abundante, resulta cara y escasea en la vivienda. Sin embargo, no debemos olvidar que está muy extendido el uso del rollizo como techo de las viviendas más humildes e, incluso, en áreas determinadas y en casas de economía mediana puede alternar este tipo de cubierta vegetal con la abovedada.

Estructuralmente, todas las viviendas se subdividen en varios muros de carga, siempre paralelos a la fachada, que las distribuyen en crujías o naves: su número dependerá de la situación socioeconómica de la familia. Un corredor o paso, central o lateral, siempre perpendicular a la fachada y a las crujías, corta los muros de carga y se convierte en el eje de distribución de la casa. A sus lados se disponen las diferentes estancias y funciones de la misma. El que este eje se convierta en un espacio unitario o compartimentado dependerá sólo de la relación entre la anchura del paso y la amplitud del vano, abierto en el muro de carga. Cuando es unitario está modulado por los testigos de los muros cortados, y cuando está compartimentado, cada una de las fracciones recibe un destino y una denominación. El paso muestra un enmorrillado central (pavimento de pequenos cantos rodados, que frecuentemente forman dibujos florales o geométricos) con baldosas rojas a los laterales. Su finalidad era impedir que los animales resbalasen al cruzar la casa entera para llegar a las cuadras, situadas al fondo del corral. Este esquema del pavimento en bandas coloristas se mantiene en casas cuyos corrales poseen puerta de acceso o puerta falsa y, por tanto, lo hacen innecesario, o en aquellas casas cuyos suelos han sido remodelados con baldosas de distintos colores.


Villanueva de la Serena. Paso y "verea".


La Puebla de Sancho Pérez.
Enmorrillado -pavimento de cantos rodados- del "paso".

La casa del sur del Guadiana suele estar doblada, es decir, presenta una planta alta destinada siempre a granero o pajar y muy raramente a vivienda. Esta planta, que aísla a la inferior de las temperaturas externas, se acoge a la vertiente de las aguas del tejado y suele tener una baja altura en sus extremos, en los que se ubican unos pequeños vanos de ventilación, de número variable, generalmente entre uno o tres. Con mucha frecuencia, el doblado o sobrado se enmascara externamente, simulando una planta habitada. Para ello se agrandan los vanos y se disponen balcones. Todo ello con un sentido de ocultación de una función económica, en un afán de prestigio y distinción social.

Un aspecto destacable en las casas de la mayor parte de la zona sur del Guadiana es su tendencia al decorativismo de fachadas. Más sensible cuanto más al sur nos encontremos y cuanto más elevada sea la clase social de sus moradores. Nos referimos a esas fachadas subdivididas mediante molduras y pilastras, a las portadas resaltadas y molduradas y a las ventanas con rejas colocadas sobre un poyo sobresaliente y retamadas por un tejadillo, dosel o guardapolvo. Todo realizado en ladrillo, revocado y perfectamente encalado. Este gusto por la ornamentación de las fachadas con estos elementos debe enlazarse con la difusión de modelos de la arquitectura popular sevillana: pues no debe olvidarse que para esta zona sur de Extremadura, Sevilla ha sido, y aún lo es, un importantísimo foco de atracción por su cercanía. Sin embargo, esta inclinación andalucista no pasa más que por ser puramente pintoresca, ya que la estructura interior de la vivienda remite a modelos autóctonos.


Azuaga. Fachada con motivos decorativos cultistas.
 


La Puebla de Sancho Pérez. El "paso".

Carlos Flores al estudiar la vivienda sevillana se plantea el origen de esos elementos decorativos a los que aludíamos anteriormente. Sus conclusiones nos sirven también a nosotros si aceptamos la relación existente entre ambas regiones. En cuanto a las portadas observa un indudable origen en modelos de «arquitectura profesional de inspiración clásica o mas concretamente renacentista», siendo una de las pocas veces en que un elemento culto es plenamente aceptado y difundido dentro de la arquitectura popular. En lo referente a la ventana enrejada no ve fácilmente su relación con la arquitectura erudita. Es más, plantea que el poyo y el guardapolvo, elementos que particularizan a este tipo de ventana, «basan su existencia en razones esencialmente funcionales y constructivas». La reja sobresaliente del plano de fachada permite el avance del espectador y la vista lateral de la calle. Ese adelantamiento de la reja debe ser compensado por unos elementos protectores de sus partes inferior y superior. Nace así la función del poyo y del guardapolvo.

Tanto portadas como ventanas presentan esquemas variados. En las portadas podemos encontrar ejemplos desde los muy cercanos a modelos clásicos, donde se mantiene la composición de pilastras y entablamento, hasta aquellos que reducen el esquema a un simple recuadro. Este recuadro, adelantado unos pocos centímetros sobre el plano de fachada, a veces va moldurado con una simple cornisa. En cuanto a las ventanas, pueden llevar o no el poyo, o ser éste sustituido en los vanos del sobrado por una ménsula de sencillas líneas. El guardapolvo, que siempre aparece, varia desde modelos de gran tosquedad y elementalismo hasta modelos con innumerables molduras.


Fuentes de León. Ventanas enrejadas con poyo y dosel.
 

Al este del sur: De La Serena a La Campiña

En este apartado incluimos tres comarcas, según la clasificación -que hasta ahora venimos empleando- realizada por Ricardo Sosa: La Serena, La Siberia extremeña y La Campiña. Comarcas en las que se puede observar cómo la vivienda va perdiendo los caracteres externos centroextremeños para ir adquiriendo matices andalucistas.

Las casas de La Serena son bastante homogéneas, lo que implica un alto igualitarismo social que, por otra parte, no excluye la presencia de construcciones más selectas. Estas casas se adosan unas a otras en torno a calles rectilíneas o a espacios amplios.


Villanueva de la Serena. Plano de una vivienda de labradores.

Un interesante modelo de vivienda popular lo encontramos en Villanueva de la Serena. Sus muros se construyen con tapial o aparejo toledano y suelen revocarse externamente pero, muchas veces, debido a condicionantes económicos, no reciben tal revoco y simplemente se blanquean, lo que permiten ver su textura. En alzado, la casa muestra una planta baja, dedicada a vivienda del labrador, a la que se añaden en su parte posterior el corral y la cuadra, y una planta alta (el doblado) acogida a los ángulos de la cubierta.

En fachada posee una gran puerta que unas veces viene enmarcada por bloques graníticos y otras con ladrillo. A ambos lados de la puerta, se disponen ventanas de mediano tamaño, recercadas por un filete sobresaliente. Estas suelen llevar reja, unas veces en línea con la fachada y otras sobresaliente con su poyo y guardapolvo. Sobre la puerta una pequeña ventana con una repisa moldurada en el alféizar, servía para iluminar y ventilar el doblado.

En planta se reproduce el esquema general de casa señalado anteriormente: cuatro crujías cortadas por vanos de anchura y altura similar a la puerta principal, que generan un paso central compartimentado en tantos espacios como crujías. A la casa se ingresa por un zaguán, espacio cuadrado que sirve de antesala, en sus laterales hay una alcoba y una sala. Tras el zaguán, y ya en la segunda crujía, aparece la cocina-comedor, con una gran chimenea cuya campana se apoya sobre una gruesa viga de madera y una medianería. Esta pieza de la casa no se utilizaba para cocinar, a pesar de su nombre, sino sólo para hacer fuego y como lugar de estar o recepción. Allí estaba el chinero o alacena para exhibir las mejores piezas de la vajilla. Al lado contrario, una pequeñísima alcoba y un pequeño cuarto para guardar la olla del agua y los vernagales, especie de tinajas pequeñas, destinadas a contener agua para beber. La tercera crujía está ocupada por una alcoba, la despensa y la puerta que conduce al doblado. Por último, la cuarta crujía comparte su espacio entre una cocina, dispuesta a la inversa que la anterior pero utilizada como tal, y una bodega con conos de vino. Si observamos, el paso se compartimenta y se une en algunos momentos con otros espacios: su pavimento es un enmorrillado, llamado verea. Todas las paredes internas de la casa llevan un zócalo muy bajo, unos 20 cm, llamado cincho. Los techos de la casa son de rollizos de madera y cañas o de bóveda, dependen sólo de las posibilidades económicas de sus ocupantes.

El doblado se pavimenta con baldosas, sea cual sea la cubierta del piso inferior. Se subdivide en pequeños espacios acotados por muretes de unos 30 ó 40 cm de altura, llamados celdillas: son las atrojes que servían para guardar el grano.

Tras la casa, y sin salida al exterior, está el corral. Allí encontramos el atajaíllo, o zahurda para criar los cerdos destinados a la matanza de la familia, la cuadra, el pajar, la letrina y el hoyo para arrojar el estiércol, que más tarde servía de abono.


Campanario.

En otras poblaciones como Medellín, Castuera o Campanario se usa abundantemente el granito en jambas y dinteles, a veces con elementos decorativos tallados de origen culto. Interesantes resultan algunas fachadas articuladas en franjas verticales de sillería que alternan con otras enlucidas y blanqueadas.

Magacela, elevada sobre un monte-isla, posee un carácter eminentemente serrano: sin embargo, sus viviendas no difieren tanto de las anteriores, como lo hacen las casas serranas del norte de Extremadura de las del llano. No obstante, el desnivel provoca alteraciones sobre el esquema general. Así, la casa muestra tres niveles: el intermedio, generalmente fragmentado en dos crujías seccionadas por un paso central, se dedica a vivienda; el superior a doblado y el inferior, que aprovecha el desnivel del terreno, a cuadras. El acceso a esta planta inferior o sótano se puede practicar por la calle posterior, siempre más baja. o mediante la ubicación de una puerta falsa, de menor altura que la principal, en un extremo de la fachada de la vivienda.


Magacela.


Azuaga.

Ya en la Siberia extremeña, Herrera del Duque tiene blancas casas con puertas decoradas con elementos arquitectónicos de origen indudablemente culto. Algunos de filiación renacentista y otros, la mayoría, barroca. Pueden encontrarse desde los enmarcados por pilastras, entablamentos y frontones partidos, hasta los coronados simplemente por un entablamento o una cornisa apoyados en tarjetas recortadas, a la manera del barroco dieciochesco. Sin embargo, no debe olvidarse que se tratan de reinterpretaciones populares, a veces bastante tardías y alejadas de los modelos eruditos.

En Esparragosa de Lares vuelve a encontrarse el modelo de casa que ya hemos visto, aunque aquí suele llevar sólo dos o tres crujías -naves, en el habla popular- de acuerdo con el solar y la capacidad económica de la familia. Como nota distintiva, el patio, espacio acotado que precede al corral, lleva a uno de sus lados la cocinilla que era la cocina de verano: normalmente cubierta a tejavana y con el horno construido dentro de una tinaja de barro. Al otro lado se sitúa la despensa o bodega. La casa, a pesar de tener puerta falsa en su corral, conserva el pavimento enmorrillado del paso.

En La Campiña está muy extendido el uso del ladrillo, cuya forma de utilización recuerda modos mudéjares. Azuaga, que pasa por ser el núcleo más importante de la comarca, es un pueblo blanco con calles rectas perpendiculares. Algunas de esas calles tienen un cierto aire monótono al repetirse indefinidamente unos mismos volúmenes y un idéntico esquema compositivo de fáchada: puerta sencilla, adintelada o bajo arco, con ventanas alargadas flanqueándola. Encima un vano más pequeño, centrado sobre la puerta, con reja adelantada y guardapolvo siguiendo la traza de un arco rebajado. Estas casas que pertenecerian a labradores sencillos tienen un esquema interno en tres crujías y corredor central.

En torno a la iglesia, magnífica obra del siglo XVI, se encuentran las casas más antiguas de la población. En ellas, es frecuente ver una ventana en el doblado de indudable gusto musulmán, al llevar arcos lobulados y alfices, que -según Feduchi- son de influencia cordobesa.

No lejos, Llerena tiene una bellísima plaza porticada. Sus soportales se disponen bajo arcos de ladrillo con alfices, y columnas de fustes reaprovechados. Las plantas superiores repiten con insistencia un mismo tipo de vano y balcones de hierro. Se remata con una balaustrada clasicista que imita la de la fachada de la iglesia de La Granada, que llena uno de los laterales de la plaza. Tampoco faltan en Llerena las ventanas geminadas ni los aleros de ladrillo de gusto mudéjar. Es, sin embargo, la tipología popular más destacada «la casa unicelular, de una sola planta (muy baja), con un patio-corral y casi ausencia de huecos, salvo el de la puerta» (Feduchi). Suelen situarse estas casas en la parte más externa de la ciudad, fuera del recinto murado.


Llerena.


Llerena.

Pero es Berlanga el pueblo más atractivo desde el punto de vista de la arquitectura popular. Se trata de una población blanca con calles rectas y amplios espacios abiertos, rodeados de casas de labradores de una sola planta y doblado. En sus fachadas existen magníficos juegos de molduras y elementos vegetales. Algunas viviendas llevan aleros resaltados y blanqueados sobre largos y delgados canes de madera. Los corrales suelen llevar grandes portones con un tejadillo a dos aguas sobre un apoyo de ladrillos escalonados.


Berlanga.
 

La Tierra de Barros

En esta uniforme y fértil llanura, con ciertas elevaciones hacia el sur, el uso del tapial adquiere un enorme desarrollo, si bien en algunas poblaciones, como Zafra o Feria, es visible el uso del ladrillo.

Zafra, al sur de la Tierra de Barros, posee un recinto amurallado que -al igual que en cualquiera otra ciudad del centro o del sur de la región- tiene viviendas con sus funciones distribuidas en varias alturas, debido a la escasez de espacio en el interior de la cerca. Sus dos plazas, Grande y Chica, donde el ladrillo se hace presente, mantienen algunos detalles de origen hispano-musulmán: alfices, paños de sebka, cornisas, etc. En las calles cercanas pueden verse algunas ventanas geminadas y lobuladas de claro sabor mudéjar. Pero son más abundantes dentro de la muralla los edificios con motivos decorativos de origen culto y las ventanas enrejadas con su poyo y dosel. En Zafra, intramuros, la influencia sevillana es sensible, al menos en lo que a su aspecto externo se refiere. Fuera de la cerca de murallas las calles son más anchas y las casas remiten al esquema del sur del Guadiana.


Zafra. Plaza Chica.

A escasa distancia de Zafra, la Puebla de Sancho Pérez nos facilita tres modelos de viviendas populares que, aunque son variaciones sobre el esquema ya conocido, sirven para apreciar cómo éste puede ser alterado, de acuerdo con las condiciones socioeconómicas de sus ocupantes originarios. El modelo más simple lo muestra la casa de bracero agrícola. Consta de una sola planta, sin sobrado, dividida internamente en dos crujías, como siempre paralelas a la fachada, y con un paso central, ancho, cuyo espacio en la primera crujía sirve de zaguán, y en la segunda de cocina, Se cubre con la tejavana realizada con palos y cañizo. A los lados del paso se disponen la sala y las alcobas, comunicándose las de la segunda crujía con las de la primera, y no con la cocina. Estos espacios laterales se cubren con un techo de rollizos y tablazón.


Puebla de Sancho Pérez. Casa de labradores.

El segundo modelo, la casa del labrador, es muy parecido al que encontramos en Villanueva de la Serena. Suele llevar cuatro crujías y paso central. Los laterales de las dos primeras crujías se dedican a sala y alcobas y se cubren con un techo de rollizos y tablas, al igual que el paso. Sobre esta parte va el doblado. Las otras dos crujías sin subdivisiones, van a tejavana. La tercera es una sala y de ella parte la escalera del doblado y la cuarta se dedica a cocina. Detrás el corral, el tinaón o cobertizo y las cuadras.

El tercer modelo pertenece a las clases más elevadas, generalmente terratenientes. Es una casa de enormes proporciones comparada con las anteriores. Lleva igualmente varias crujías y paso central compartimentado en zaguán. estancia, cocina y paso propiamente dicho. Toda la vivienda se cubre con bóvedas de ladrillo. El doblado tiene una gran importancia, suele ser muy elevado y muestra unos grandes arcos de medio punto sobre los muros de carga para sostener la techumbre de la casa. El corral es, también, otro espacio económico, pues en él aparecen las cuadras, los cobertizos, la bodega de vino, el lagar, etc. Precediendo al corral, y junto a la casa, está el patio cerrado por un murete de celosía de ladrillo. Externamente, este modelo de casa se destaca por su mayor volumetría, por sus vanos de gran tamaño, que contrastan con la pequeñez de los huecos de los otros modelos, y por la utilización de materiales más costosos o por la introducción de motivos decorativos.


Alconera. "Media casa".

Cercano está el pueblo de Alconera. Sus viviendas de labradores presentan un progresivo escalonamiento para adaptarse a la ladera en que se asientan. Encontramos aquí lo que en toda la zona se llaman medias casas o casas mancas. Se trata de viviendas similares a las anteriores, pero que sólo llevan habitaciones a uno de los lados del paso, y la cocina en la segunda crujía. El techo es de madera y tablazón y el pavimento del paso de piezas irregulares de mármol. Una nota distintiva de este pueblo son unos curiosos ojos de buey, redondos o gallonados, que en número de tres sirven para ventilar el sobrado.

Feria es un pueblo de gran atractivo al encontrarse en un bello paraje serrano dominado por su castillo, y por conservar de forma adecuada su arquitectura popular. Las casas que, a pesar de situarse en una ladera, no sufren alteraciones como Magacela, muestran un aspecto y una estructura similares a las viviendas del llano. Aquí, como en otros pueblos, el espacio del paso situado en la última crujía se destina a almacén de aperos, y se le denomina colá.


Feria.

Feria.


Feria.
 

Por las Sierras de Jerez y Tentudía

Su accidentado relieve, que forma parte de Sierra Morena, permite la actividad ganadera y olivarera, bases de la economía de unas comarcas de gran belleza paisajística y con unos pueblos serranos en los que la influencia andaluza -sevillana y onubense- se puede observar en múltiples detalles compositivos. Los tipos de plantas de las viviendas sin embargo, siguen manteniendo los modelos extremeños del sur del Guadiana.

En Valencia del Ventoso, ya en las proximidades de las sierras, las casas de los terratenientes suelen ocultar externa e internamente la función económica de los sobrados. Fuera, la vivienda simula poseer dos plantas habitables, al recrecer la fachada y disponer balcones y grandes ventanas con rejas. Dentro, la escalera se dignifica al situarse en la segunda crujía tras el zaguán y construirse de cantería bien trabajada con barandilla de hierro forjado. El sobrado es de grandes dimensiones, pudiendo aparecer dividido en habitaciones o como un gran espacio único con arcos para soportar la cubierta. Como pavimento se usa la baldosa y no faltan las atrojes.

Otro elemento que varía el esquema general de casa que venimos viendo es el traslado de la cocina a otra construcción añadida al fondo de un patio abierto a la manera andaluza. Como testigo de la primitiva, que existía a uno de los lados del paso, se mantiene en la segunda crujía una especie de estancia con una pequeña chimenea de pared. Además de la cocina, señalada anteriormente, existe otra aún más atrás: es la cocina de los mozos, único lugar de la casa donde tenían acceso los jornaleros. Allí comían y recibían su jornal. A veces, lleva un horno para cocer el pan. Tras esta edificación añadida al bloque de la casa se encuentra el corral y otros espacios productivos, comunicados con la calle por una puerta falsa de gran tamaño. Estas construcciones se cubren con bóvedas de variado trazado, aunque también pueden aparecer habitaciones cubiertas con techos holladeros de madera. Asimismo se mantenía el enmorrillado a lo largo del paso, pero en algunas ocasiones se sustituye por otro de placas de cantería.


Valencia del Ventoso.

Fregenal de la Sierra tiene un marcado carácter andaluz por «la blancura de los paramentos y la proliferación de rejas y balcones» (Feduchi). Sus rectas y alargadas calles llevan casas construidas de mampostería y tapial, con grandes portadas resaltadas de granito y arcos adintelados, y grandes ventanas con su poyo y guardapolvo. Internamente, mantienen el esquema de vivienda extremeña, concebida como una agregación de crujías y paso central.

Jerez de los Caballeros, ciudad de gran atractivo, posee caracteres ambientales similares a los de Fregenal. Pero aquí las calles son más estrechas y tortuosas al estar enclavada sobre un accidentado terreno, y haberse limitado el espacio urbano a una cerca de murallas. La topografía irregular permite la aparición de un modelo de casa serrana, que recoge Feduchi, con una planta inferior o sótano, que ocupa el espacio de desnivel entre dos calles. Tanto en Fregenal como en Jerez abunda el ladrillo en bóvedas, chimeneas y celosías.

Más al sur, Fuentes de León es un pueblo serrano extraordinariamente blanco, con casas de una volumetría precisa que se escalonan para adaptarse a la pendiente de la ladera, en un equilibrado juego de volúmenes reiterados. Otras calles de trazado perpendicular a la ladera llevan un gran escalón, también blanqueado, para salvar el desnivel.


Fuentes de León.

Fuentes de León es, por otra parte, un pueblo heterogéneo con diferentes tipos de viviendas de acuerdo con la posición social y económica de sus moradores. La casa más sencilla es la vivienda del jornalero, que no se construía de una sola vez, sino poco a poco, de acuerdo con sus posibilidades económicas. Lo primero que se elevaba era la crujía delantera, con un zaguán a la entrada, una cocina a un lado y una sala-dormitorio a otro. Encima el pajar. Más tarde se añadía una segunda crujía, que solía constar de una alcoba y una saleta, o lugar de estar. Al fondo. el corral y la cuadra.


Fuentes de León.

El labrador-ganadero poseía una casa de mayores dimensiones, pero de una sola planta y doblado, normalmente dividida en tres crujías. En la primera aparece el zaguán, la saleta -pequeña habitación para coser- y la sala; de ambas se pasa a varias alcobas sin iluminación, que junto con un recibidor, forman la segunda crujía. La última, lleva la cocina con una gran chimenea sobre arco rebajado y un horno detrás, y la bodega con sus tinajas de vino y aceite y la chancla, hueco rectangular practicado en el suelo y destinado a salar jamones. Detrás de la casa está el corral, con su cuadra y el pajar encima, ambos espacios se comunican a través de la pajareta, especie de embudo por el que se echaba la paja.

Estos dos modelos de viviendas usan la pizarra para elevar la base de los muros, que se rematan con tapial. La casa del labrador lleva, además, suelos de planchas cuadradas de pizarra y paso realizado con teselas de tamaño regular, blancas y negras. La bóveda de ladrillo se usa abundantemente, pero sólo se destina a cubrir las dos primeras crujías. La última, al igual que toda la casa del jornalero, lleva un techo de madera y tablazón, llamado tille en el lugar. Algunas casas, para aprovechar el desnivel del terreno, construyen una bodega-sótano.

Los vecinos más acomodados del lugar añaden alguna crujía más a la casa o construyen un piso superior, cuya parte anterior se destina al servicio doméstico y el resto a doblado. La fachada principal suele decorarse con molduras, pilastras y ventanas enrejadas con su poyo y dosel. Todo minuciosamente encalado. Tras un patio abierto, se disponen ciertos espacios económicos, como molinos de aceite o bodegas, y la cocina de los mozos que, al igual que en Valencia del Ventoso, tenían vedado el acceso a la casa. Para llegar a esa cocina utilizaban la puerta falsa, que puede abrirse en una calle lateral o posterior, o bien en la propia fachada principal, generando entonces, otro paso o corredor en un extremo de la vivienda.

Olivenza, arquitectura popular del Alentejo en Extremadura

Aunque desde el punto de vista geomorfológico podría incluirse dentro de la Tierra de Barros, la ciudad de Olivenza debe ser tratada aparte, ya que constituye un modelo individualizado de arquitectura popular dentro de Extremadura. Su peculiaridad histórica -fue de soberanía portuguesa hasta 1801- obliga a la pervivencia de modelos constructivos y ambientales portugueses, concretamente de la región del Alentejo.

Un elemento característico de la casa popular oliventina es la chimenea, que se eleva como un gran eje vertical sobre unos tejados de vertientes poco inclinadas. Lo normal es que la chimenea se sitúe en el plano de fachada, prolongándolo más allá de la primera linea de tejas y, en muchas ocasiones, doblando la altura de la vivienda. Otras veces las chimeneas apoyan sobre medianerías, pero en la parte delantera de la casa. Unas simples tejas en ángulo cubren la salida de humos, en otras unos ladrillos verticales soportan un tejadillo a dos aguas. En el interior, la campana suele apoyarse sobre un gran arco rebajado.

Estas chimeneas varían de los modelos encontrados en el centro de la región, pero son bastante similares a los del sur del Guadiana. Sin embargo, en esta última zona, la chimenea suele colocarse en las partes medias o traseras de las casas, y siempre sobre una medianería, lo que dificulta su visión, y no produce el efecto de verticalidad y dominio de la chimenea de Olivenza.

Pasando a modelos de viviendas, Feduchi señala en su estudio uno de gran sencillez, pero de indudable interés, perteneciente sin duda a familias jornaleras. Constituye una tipología que -si bien recuerda en su composición interna a otras ya señaladas en algunas áreas de la región- muestra una gran originalidad en su composición externa, al reiterarse indefinidamente un mismo tipo de casa horizontal, de una sola planta y un solo hueco, la puerta, dominada por un eje ascensional, la chimenea Su blanca fachada, con su zócalo grisáceo, contrasta con el terroso oscuro de la chimenea.


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