Arquitectura Popular de Extremadura

Juan Carlos Rubio Masa

 


VI. Arquitectura del llano: Tipologías centroextremeñas

Llanos, vegas, penillanuras y sierras componen el paisaje centroextremeño, cuyos límites se sitúan entre las estribaciones del Sistema Central y la margen derecha del Guadiana: otro río, el Tajo, sirve de divisoria comarcal. En esta amplia zona se desarrolla una arquitectura popular muy distinta de la serrana, pues mientras ésta tiende a la altura, la casa del llano tiende a extenderse en superficie, con un claro componente horizontal como el paisaje circundante. Sus precisos volúmenes geométricos están culminados por amplios y poco inclinados tejados a dos aguas, de los que sólo las chimeneas sobresalen como ejes verticales. Es una vivienda de paredes encaladas, terrosas o esgrafiadas, cuyos huecos frecuentemente aparecen enmarcados por bloques graníticos. Pero es, sobre todo, la casa en la que la bóveda de ladrillo se convierte en el sistema ideal de cubrición: aunque no por ello se excluyan los techos de madera.

La casa centroextremeña suele catalogarse, en los libros sobre arquitectura popular, como la más autóctona de todas las extremeñas. Pero, en realidad, ¿existe un sólo tipo de vivienda? Como esta es una amplia zona de variado paisaje y aprovechamiento económico, el número de tipos de viviendas será prácticamente igual al de comarcas naturales: más aún, si tenemos en cuenta la situación socioeconómica de sus habitantes, observaremos dentro de cada comarca una gran heterogeneidad y, por tanto, diferentes modelos de viviendas de acuerdo con la posición social de sus moradores.


Montehermoso.
 

Los llanos de la margen derecha del Tajo

Entre el Sistema Central y el río Tajo se extienden una serie de llanuras y vegas surcadas por los ríos Tiétar, Alagón, y sus afluentes. Estos delimitan comarcas bien diferentes: al oeste, las Vegas de Coria y, al este, el Campo Arañuelo. Los caracteres de las viviendas de estas comarcas nos ofrecen el tránsito entre las casas serranas y las del sur del Tajo, pues en ellas todavía se observa un abundante uso de la madera en elementos estructurales, techos, aleros, etc, y comienza a introducirse la bóveda de ladrillo.

En las Vegas de Coria, el pueblo de Montehermoso, típico en muchos aspectos, conserva viviendas muy originales, que han sido estudiadas con todo lujo de detalles por Ángeles González Mena. La casa es generalmente de dos pisos, con muros de mampostería pizarrosa, revocada y blanqueada, y huecos guarnecidos con bloques de granito, cuando existen balcones se realiza un voladizo compuesto por una gran losa de piedra apoyada en ménsulas, de idéntico material, que allí llaman marranos; normalmente no llevaban barandilla, pero sí unas lajas de pizarra incrustadas en la pared, llamadas pasaeras, que servían para colocar macetas. En algunas casas pueden verse solanas retranqueadas, cubiertas por las aguas del tejado.

Traspasando la puerta nos encontramos con un gran espacio cuadrado: es el patio o patrio, que se pavimenta con grandes losas irregulares de piedra. y se cubre con un techo holladero de madera con varias jácenas o vigas, perpendiculares al eje de entrada. El patio da paso a los cilleros o «habitaciones guapas o de vistas, con las camas noviales» y los baúles que guardan la ropa de fiesta, normalmente no llevan ventilación y se iluminan a través de la puerta de la calle, Otros espacios que comunican con el patio son las salas de dormir o alcobas y el pasaizo, pasillo que da a la bodega y al corral. En la bodega se guardan las tinajas de aceite y vino, las queseras y la matanza. El corral sirve de alojamiento de “toda suerte de animales, principalmente cerdos, gallinas y vacas”, y comunica con una calle trasera por una puerta llamada  frontera.

El piso alto, al que se accedía desde el patio por una pequeña escalera, posee una distribución parecida de los espacios. Sobre el patio está la cocina, llamada juego, que va a tejavana y no lleva chimenea. Una gran losa de piedra o lancha servía para que sobre ella se encendiese el fuego, otra vertical impedía que las llamas quemasen el muro. Alrededor de la cocina, se habilitan una alcoba y las trojes o graneros, algunas con chiqueros, zonas acotadas por tabiques bajos para evitar que se esparza el grano. El pavimento del piso alto suele ser de baldosa.

Un tipo más sencillo lo encontramos en las localidades de Calzadilla, Torrejoncillo y Guijo de Coria. Se construía con muros de adobe, tapial o mampostería de pizarra, siempre enlucidos y encalados. Como pavimento usaban la baldosa, las lanchas de granito o pizarra, y la tierra batida: y como techo la madera, a veces, con palos de jara -ripia- entre los pares.

La planta baja se destina a vivienda. Un patio en su ingreso, de menor tamaño que el de Montehermoso, servía de lugar de recepción de visitas y en él se mostraba la loza y los muebles más decentes de la casa. Del patio parte un pasillo central que comunica con las alcobas y cilleros, la cocina, la bodega y el corral, en cuyo fondo están las cuadras y almacenes de aperos y, sobre ellos, el pajar. Una escalera, situada en la cocina o al final del pasillo, conduce al sobrado o troje habilitado en el ángulo de la cubierta.


Montehermoso.

La comarca natural del Campo Arañuelo ocupa el triángulo formado por la confluencia del Tiétar y el Tajo. En su llana superficie sedimentaria, los manchones de encinas de las dehesas alternan con las tierra de labrantío en las que surgen los pueblos por la adición de viviendas en torno a viejos caminos. Algunos pueblos, como Casatejada, tienen casas de labradores con un aspecto achaparrado por la gran amplitud de las cubiertas y la escasa altura de las fachadas. Como contrapunto, enormes chimeneas rectangulares se destacan como ejes verticales. La estructura interna es muy similar en todas las viviendas, variando sólo en tamaño de acuerdo con el solar y con las posibilidades económicas del labrador. En la entrada encontramos un gran patio cubierto con un techo holladero de madera, este sencillo artesonado se compone de una gran viga cuadrada o jácena. dispuesta perpendicularmente al eje de ingreso, sobre la que se apoyan los pares con ángulos achaflanados y entre ellos la tablazón. En torno al patio se disponen las salas, alcobas y cocina, y un pequeño pasillo que da acceso al corral, a las cuadras o al huerto. La cocina lleva una gran chimenea que llega a ocupar casi la mitad de la habitación y se sostiene sobre una viga con una repisa para colocar platos y jarras. Del patio parte una escalera de madera, protegida con tablazón, que conduce a la troje. Algunas viviendas llevan un bodegón bajo el suelo de la casa, cubierto con bóveda de ladrillo y ventilado por un pequeño vano a ras de suelo: se llega a él desde el patio o desde el pasillo que da al corral. Una nota característica de estas viviendas labriegas, que abren su puerta principal al mediodía, es la de llevar un portal retranqueado de profundidad variable sobre la línea de fachada, cuya cubierta a tejavana es el mismo faldón del tejado.

Los terratenientes poseían casas de dos plantas con portadas recercadas con bloques monolíticos de granito y balcones volados sobre grandes ménsulas de idéntico material. La distribución de la planta baja es similar a la de las casas de labradores: un gran patio, alrededor salas y alcobas, la cocina y el pasillo a los corrales. El piso alto repite el esquema. pues se utilizaba para vivienda de invierno, mientras el piso bajo. más fresco, se usaba en verano. En estas casas no faltan los bodegones. Los espacios puramente económicos aparecen aislados, en edificios construidos junto a los corrales. Como influencia manchega pueden señalarse los grandes portones de los corrales, con tejadillo a dos aguas sobre canes de madera.

Mucho más sencillas eran las viviendas de los jornaleros. Su reducido espacio se compartía entre un patio, que servía de cocina, y varias habitaciones que se utilizaban de dormitorios. La cubierta era a tejavana. No llevaban troje, acaso  un pajar sobre una de las habitaciones, al que se accede mediante una escalera de mano.

En la comarca arañuela está muy desarrollado el uso del adobe, del tapial y del llamado aparejo toledano. También se utilizan mucho los muros de mampostería de granito o pizarra en los pueblos cercanos al Tajo. La madera pasa por ser un material fundamental en la casa, la encontramos en techos y cubiertas, en escalones, en soportes de estructuras internas y en aleros, buena muestra de estos últimos los podemos ver todavía en Navalmoral de la Mata.


Casatejada. Casa de labradores con portal.



Casatejada. Viviendas de labradores.
 

Entre el Tajo y el Guadiana

Las penillanuras trujillano-cacereña y del Salor muestran un paisaje ondulado, con escasos y poco pronunciados accidentes geográficos, y un clima riguroso, tanto en invierno como en verano. El granito, en forma de berrocales, y la pizarra son los materiales pétreos característicos de la zona. Sus viviendas de claras y lineales formas geométicas aparecen blanqueadas o en su color terroso, contrastando con los vanos, perfilados con bloques graníticos. Las curvas se reservan para las bóvedas, que cubren todas las subdivisiones de la casa, y para algunas chimeneas cilíndricas, aunque lo normal es que éstas sean rectangulares.

En Sierra de Fuentes, Malpartida de Cáceres o Arroyo de la Luz encontramos un tipo de vivienda de labradores muy peculiar. Consta de dos plantas, con corral y cuadras en su parte posterior. Sus muros perimetrales son de tapial, alternando con hiladas de mampostería; los muros interiores, de gran grosor para aguantar el empuje de las bóvedas de ladrillo, suelen ser de adobe. El encalado, que se generaliza en todo el interior de la casa, se reserva para la fachada principal, dejándose en el color terroso del revoco las que dan a corrales o trasera de la casa. La fachada delantera lleva pequeñas ventanas y a sus lados, o bajo el alféizar, dos ménsulas de piedra tallada o dos lajas de pizarra incrustadas. Son las alpoyatas que se utilizaban para secar ropa, colocar macetas y para poner colgaduras los días de procesión.


Malpartida de Cáceres. Casas de labradores.

Traspasando la puerta, se accede al zaguán, que aquí es un espacio más o menos cuadrado y de medianas dimensiones, cubierto con bóveda de arista. Solía utilizarse como lugar de estar en torno a la camilla. El zaguán comunica con alguna alcoba o sala, y con el pasaizo, que lleva al corral; a un lado o a ambos del pasillo se disponen más alcobas o salas. Repartidas por esta planta existen hornacinas con varios anaqueles: unas, los chineros, servían para exponer la loza fina; otras más grandes, las cantaeras o tinajeros, guardaban los recipientes de uso diario, generalmente de alfarería basta. El pavimento de esta planta baja es variado, predomina el de baldosa roja.

Del zaguán, o del pasaizo, parte una escalera, de ladrillo con catoneras de madera, que lleva al piso alto donde se encuentra la cocina y los doblados. La cocina, que se eleva sobre el zaguán, se caracteriza por tener una gran chimenea, cuya campana ocupa prácticamente todo el lateral de la medianería sobre la que se apoya. Va sobre arco rebajado o sobre un gran rollizo de madera, y a su lado una alacena para la loza. El resto de la planta alta se divide en habitaciones, destinadas a almacén de productos del campo, o para la cura de la matanza, siendo normal la existencia del doblao chacinero. El pavimento es un simple estirao de cal sobre las bóvedas inferiores, y el techo, la tablazón y los rollizos que componen el tejado.


Arroyo de la Luz.

Algunas viviendas de esta zona, como la reseñada por Carlos Flores en Malpartida, llevan la cocina aislada en el corral. Parece que así se evita que la casa se llene de humos.

Las familias de jornaleros vivían en las llamadas casas a tejavana, viviendas de una sola planta, sin doblar. No poseían bóvedas y dejan a la vista la estructura de rollizos y cañas de la cubierta. Dentro constaban de dos crujías -espacios entre muros de carga- y un pasillo central, los laterales de la primera están ocupados por las alcobas, y los de la segunda. por la cuadra y la cocina con una gran chimenea al fondo. Tras la casa, el corral, que no posee salida, lo que obliga a los animales a cruzarla. El pavimento normal de estas casas era de tierra batida. Es muy rara la casa, con esta distribución, que tenga bóvedas. Distribución espacial que, por otra parte, es muy similar a la de las casas del sur del Guadiana.


Sioerra de Fuentes. Cocina de una casa de labradores.


Sierra de Fuentes. Plantas de una casa de labradores.

Al sur de las ciudades de Cáceres y Trujillo, y en torno a la Sierra de Montánchez, se desarrolla un modelo de casa que lleva su puerta principal protegida por un portal,  bajo arcos de medio punto o rebajados, que puede adoptar diferentes soluciones. La más sencilla, pero también la más elegante, la encontramos en Ruanes, donde el arco, que forma el portal, se muestra en línea con la fachada, retranqueándose unos centímetros la puerta. Este equilibrado juego entre las formas curvas del arco y las rectas de la puerta se realiza generalmente con piedra para jambas, impostas y dinteles, reservándose el ladrillo para los arcos, aunque no faltan aquéllos cuyo despiezo se realiza con dovelas de granito. Otra solución, que hallamos en Puerto de Santa Cruz, Botija o Aldea del Cano, muestra un portal sobresaliente del plano de fachada, constituyendo un espacio cubierto de variable profundidad. A los laterales lleva unos poyos que servían de enlace de la casa con el exterior, permitiendo las relaciones entre vecinos, ya que se utilizaban para tomar el fresco de la noche, o para coser en el buen  tiempo. Normalmente sobre este pabellón adelantado se disponía una terraza protegida por un sencillo cerramiento de celosía de ladrillo: otras veces, se cubría con un tejadillo a dos aguas. Más raros son los ejemplos de puertas protegidas por un arco sobresaliente, a la manera de vierteaguas, sobre ménsulas de granito.

Volviendo al norte de la penillanura, el pueblo de Garrovillas sorprende por su bella e irregular plaza porticada, de indudable carácter popular, con soportales y solanas bajo arcos. Donde la cal se extiende incluso a las columnas y pilares de granito. Sobre la línea horizontal de los tejados  surgen las monumentales chimeneas de las viviendas.

Traspasando el soportal, se penetra en un gran espacio rectángular. Es el medio de la casa, o mediu e casha, en uno de cuyos laterales lleva una enorme chimenea, con la campana apoyada sobre una viga de madera. Un escaño, asiento de madera con un alto respaldo y cajones en su parte inferior, sirve de divisoria entre la cocina y la puerta principal. A través de un arco se pasa al patio, espacio alargado de disposición perpendicular al medio de la casa, su misión es dar acceso a las alcobas, a la bodega o despensa, a la escalera que lleva al piso alto, al corral y a las cuadras. El pavimento de esta planta es de lajas de pizarra irregulares, gorrones -cantos rodados de mediano tamaño- y baldosas. La cubierta se lorma con un techo holladero de madera. La planta alta de la casa lleva sobre el soportal una solana, que se usaba para secar frutos, tender ropa y para asistir a las corridas de la fiesta de Nuestra Señora de Agosto. El resto se utiliza de sobrado o almacén de grano, picón, etc. Algunas viviendas pueden incluso habilitar algún espacio como alcoba o sala.


Ruanes. Casa con portal.
 

Garrovillas. Plaza Mayor.
 

Aldea del Cano. Casa con portal y terraza.
 

Roturas. Vivienda de la Sierra de las Villuercas.
 

Yéndonos al otro extremo, concretamente a los Montes de Toledo, encontramos una comarca pobre y aislada: Las Villuercas. Su topografía montañosa y sus relativas altas precipitaciones generan una variada vegetación, pero sus suelos de escasa profundidad sólo permiten una economía austera. Dejando al margen la Puebla de Guadalupe, que como se sabe es un ejemplo aislado de arquitectura entramada, se observa en Las Villuercas unas construcciones trabajadas con el material más abundante en la zona: la pizarra, que suele dejarse a la vista en múltiples ocasiones, lo que imprime a los pueblos una tonalidad oscura y un cierto aspecto de pobreza. También la madera de sus castañares se utiliza abundantemente, apareciendo en solerías de pisos, subdivisiones internas, solanas, antepechos, etc.


Roturas. Sección de una vivienda.

A la umbría de la Sierra de las Villuercas, existe una pequeña aldea, Roturas, que en otro tiempo fue dominio del abad de Cabañas-, con viviendas extremadamente bajas, pues en sus 3,50 metros de altura en fachada se incluyen las dos plantas habitadas que la componen. Una pequeña y nada pretenciosa puerta da acceso a un zaguán de tamaño regular, con él comunican los cuartos de dormir, la bodega, que suele estar ligeramente excavada en la roca y, a través de una escalera de peldaños y barandilla de madera, el piso alto. El pavimento de esta planta baja es de baldosa y la cubierta un techo holladero de madera de castaño con pares bien trabajados. En la planta alta, el centro está ocupado por la cocina que va a tejavana, pero con lumbreras -tejas corridas que dejan pasar el humo-. Sobre el muro frontal va el hogar, ligeramente elevado sobre lajas de pizarra para aislarlo de la madera de los suelos y, en un extremo, la cenicera -vasija empotrada en un poyete que servía para depositar la ceniza antes de ser retirada-. Un delgado rollizo atraviesa toda la cocina a media altura, de él colgaban las llaves y la chacina. En las paredes, varias alacenas guardaban la vajilla de uso común. De la cocina se pasa a los sobrados, divididos, como en otras partes, en atrojes para guardar el grano. Precediendo a la cocina, y de la meseta que forma la escalera en su parte más alta. se pasa a la sala, aislada por un cerramiento de madera. Era un cuarto de respeto usado como lugar de estar y ocasionalmente como dormitorio. La sala hacia la fachada de la casa es muy baja y se ilumina por un vano, que apenas alcanza 1,20 metros de altura. Al exterior se forma una galería o solana de madera con tejadillo protector, prolongación del faldón de cubierta.

En Berzocana son frecuentes las casas con fachada retranqueada cutre medianerías, creando un portal en la planta baja y una solana en la alta. Algo más al sur, pero en la misma comarca de Las Villuercas, Logrosán tiene casas muy diferentes, con puertas enmarcadas por arcos graníticos de claros resabios cultistas, grandes chimeneas y ventanas con rejas  «de gruesos barrotes y tejadillo» que nos acercan a los gustos populares de la zona meridional de la región (Feduchi).


Logrosán.


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