Arquitectura Popular de Extremadura

Juan Carlos Rubio Masa

 


V. Arquitectura serrana: La casa de entramados de madera

En los valles más soleados y abrigados de la zona extremeña del Sistema Central se desarrolla una tipología popular basada en la utilización del sistema constructivo entramado. Su aparición sólo fue posible por la abundancia de madera en esas comarcas serranas y por el mantenimiento de una tradición medieval, relacionada con la arquitectura mudéjar y cuyo origen es situado por Carlos Flores en torno a los siglos XIV y XV.

La técnica constructiva del entramado de madera «es ante todo la utilizada por los carpinteros de obra, cuya labor era la de edificar el armazón completo de la casa, con montantes verticales y refuerzos, y la de realizar la techumbre. El relleno sólo puede realizarse después de la colocación del techo, ya que no interviene en tanto que estructura, sino sólo para llenar los vacíos entre los montantes» (Bardou y Arzoumanian). En Extremadura, donde las viviendas presentan dos o tres niveles en altura, se reserva esta técnica para los superiores, pues los muros de la planta inferior se construyen de mampostería o sillería para aislar esa frágil estructura de la humedad del suelo. Para rellenar el vacío entre los montantes se utilizan adobes, ladrillo o tapial, y como protección exterior de esos muros puede usarse el revoco o un chapado de tablazón de madera. El poco peso de las estructuras superiores permite, además, la construcción de voladizos sucesivos, que amplían el espacio de las plantas y protegen eficazmente de la lluvia a los pisos inferiores, ya que los muros de cerramiento de cada nivel se apoyan directamente sobre las cabezas salientes de las vigas del suelo. En el mismo sentido de protección están los aleros, que prolongan los faldones de las cubiertas, pues no en vano la arquitectura entramada aparece en zonas de abundantes lluvias.

Además de lo señalado, que evidencia una excepcional adaptación al medio natural en que se desarrolla, resulta muy difícil una sistematización de todos los detalles constructivos de la arquitectura entramada, debido a la gran cantidad de variantes que pueden presentar los edificios. Por ello, vamos a intentar hacer un recorrido por las distintas comarcas en que aparece. Comenzaremos por la más oriental, La Vera de Plasencia -mal llamada Vera de Cáceres-, hasta la más occidental, la sierra de Gata: para terminar en Guadalupe que, aunque muy al sur y situada en los Montes de Toledo, ofrece una arquitectura popular de características similares.


Cuacos de Yuste.
 

La casa entramada de la Vera de Plasencia

Esta comarca natural, muy admirada desde antiguo por su verdor, frescura y amenidad, posee una arquitectura popular que fue objeto de un interesante estudio -Arquitectura popular de La Vera de Cáceres- debido a dos arquitectos que se sintieron fascinados por ella: Rafael Chanes y Ximena Vicente. Su acertado análisis de la arquitectura verata, a pesar de las románticas conclusiones a las que llegan al final del libro, nos sirve de base para este apartado.

La casa verata suele presentar tres o cuatro niveles en altura para aprovechar el suelo y para aislarse del terreno húmedo. La planta baja está construida con muros de mampostería de un espesor entre 40 cm y un metro. Dentro, y en la entrada, se desarrolla un amplio zaguán, que aquí llaman patio, que alcanza gran altura si se incluye un nivel intermedio o entreplanta que no se manifiesta al exterior de la casa. Este patio suele pavimentarse con grandes losas de piedra o, incluso, con ruedas de molino. Del zaguán se pasa a un nivel, siempre algo inferior, donde están las cuadras, las zahurdas o el gallinero; así como a la bodega y a una escalera que conduce a la entreplanta, si la hay.

Sobre los muros de la planta baja se apoyan las soleras y vigas que componen un entramado de variada disposición y sin ningún tipo de ensamblaje, al resolverse las uniones con clavos de hierro. Como relleno suele utilizarse el adobe que puede ser revocado o no; cuando lo está o se blanquea o recibe un esgrafiado de falsa sillería. Frecuentemente se construyen voladizos de grandes dimensiones. La segunda planta está ocupada por los dormitorios y, a veces, por una habitación llamada vasar donde se conserva la vajilla y la loza fina. En la tercera planta se sitúa la cocina que, al igual que en otros tipos de vivienda serrana, no posee chimenea. Sobre el hogar se dispone un emparrillado de madera para ahumar la matanza. Además de la cocina, existen espacios para secadero de frutas, sobrados para guardar grano y una solana, un gran balcón en voladizo, que se utiliza de secadero.


Sección de una vivienda entramada de La Vera de Plasencia.

Externamente, las casas presentan una mayor variedad compositiva y siempre aparecen formando parte del volumen de un grupo de viviendas como si necesitaran apoyarse unas en otras. Podemos encontrar portales con pies derechos de madera y grandes zapatas o columnas con capiteles platerescos, siempre soportando vigas de madera, nunca arcos. Las portadas pueden ser en arco de medio punto o adinteladas. con inscripciones religiosas o el nombre del dueño o la fecha de construcción del edificio. Los cuerpos superiores llevan balcones o ventanas, que utilizan como marco los elementos verticales del entramado, y solanas voladas o retranqueadas con antepechos de madera de variada factura. En resumen, todo un variado muestrario de elementos arquitectónicos dificiles de sintetizar. Pero quizá, lo que mejor define la arquitectura verata es su carácter orgánico, que ya observó Unamuno y citan los autores señalados anteriormente: «Las casas, de trabazón de madera, con sus aleros voladizos, sus salientes y entrantes, las líneas y contornos que a cada paso rompen el perfil de la calleja. dan la sensación de algo orgánico y no mecánico, de algo que se ha hecho por sí, no que lo haya hecho el hombre».


La Vera de Plasencia.
Detalle de una casa de Garganta la Olla.

Valverde de la Vera.
 


Por los Valles del Jerte y del Ambroz

La arquitectura popular del Valle del Jerte ha sido también objeto de estudio, esta vez a cargo del historiador F. Javier Pizarro, cuya obra, Arquitectura popular y urbanismo en el Valle del Jerte, nos sirve de base de esta parte de nuestro recorrido por la vivienda entramada.

Pueblos como Cabezuela del Valle dan gran importancia a los soportales. Su larga calle principal, paralela al río, viejo camino que remontaba el Puerto de Tornavacas y unía a Extremadura con Castilla, está determinada por la adición de viviendas con un amplio soportal en su planta baja. Altos pies derechos de madera con grandes zapatas salvan la altura del patio y la entreplanta para soportar los niveles superiores de las viviendas o amplias solanas, El soportal amplía de forma importante la casa al abrirla al exterior, así permite la comunicación del vecindario, protegiéndolo tanto de la lluvia como del fuerte sol.

Las solanas, de frecuente utilización en estos pueblos del Valle, abren igualmente la casa hacia la calle, pero además tienen una importante función dentro de la economía campesina, ya que se utilizan para secadero y oreo de frutas y pieles. Su situación en la vivienda es variable, aunque lo normal es que se dispongan en la fachada de entrada a la casa, pudiendo aparecer una o varias solanas superpuestas. El esquema compositivo es similar en todas ellas: tres pies derechos, dos en los extremos y uno en el centro, con zapatas molduras a la manera del siglo XVI y antepecho de madera con balaustres planos o redondos. Los canes, o cabezas de las vigas que soportan la solana, son interesantes por ir decorados con molduras o cabezas humanas de gran primitivismo.

Los modos de construcción de estas viviendas son similares o con pocas variantes respecto a los de La Vera. Pizarro indica dos tipos de entramado: uno, basado en el predominio de montantes verticales, que al parecer es el más antiguo; otro, en el uso de lineas verticales y diagonales. El primero «no suele emplear solanas y el voladizo es único, de forma que abarca desde la primera planta a los pisos superiores». En el segundo «los voladizos son sucesivos y mucho más acusados que en el tipo anterior». Las casas solían ir revocadas y blanqueadas. Hoy muchas han perdido el revoco y dejan ver su estructura entramada. Las portadas de gran anchura pueden llevar dintel de madera o piedra, en este último caso abundan las que llevan inscripciones y signos de tipo religioso o cronológico.


Cabezuela del Valle.

En cuanto a la distribución interior de la casa encontramos pocas diferencias con las casas veratas por tratarse de una zona serrana y campesina. El patio o zaguán es menos plástico que en La Vera, pero quizás más racional: frente a la puerta están las cuadras y unos escalones llevan a la meseta de la entreplanta desde la que se distribuye la vivienda. Los niveles intermedios se reservan para alcobas y para la cocina que, al igual que en Piornal, suele llevar sobre el hogar un hueco rectangular con un emparrillado de madera para ahumar la matanza que canaliza los humos hacia el sobrado, aquí llamado zarzo, nombre que alude a la trama de cañas y mimbres que se disponía sobre las vigas de la cubierta y sobre la que reposaba la teja.

En la zona serrana del Valle de Ambroz, Hervás y Aldeanueva del Camino muestran una arquitectura popular que merece destacarse. Hervás posee un barrio, La Judería, a la sombra del viejo castillo y de la iglesia, con viviendas de dos y tres alturas construidas de entramado de madera de caracteres similares a las que venimos aludiendo. Sin embargo es muy frecuente encontrar como relleno, entre los montantes, el ladrillo, no utilizado en las otras zonas: así como los canales de tejas en vertical, elementos de protección de muros y medianerías, que han servido para relacionar estas muestras populares extremeñas con tipologías castellanas, a pesar de que no faltan como elementos de protección los chapados de tablazón de madera. Así Feduchi señala que Hervás, «junto con Cabezuela y Tornavacas forman un núcleo interesante, por confluir en él los caracteres salmantinos y abulenses y marcar la transición entre la zona de la Sierra de Gata y la comarca de La Vera».

Aldeanueva del Camino, pueblo surgido en los márgenes del antiguo Camino de la Plata, muestra también estructuras entramadas en viviendas de dos plantas, cuyo elemento más característico es la solana, que ocupa todo el frente de la casa y da homogeneidad al pueblo.


Hervás.
 

La arquitectura entramada de la Sierra de Gata

Los pueblos con entramado de la Sierra de Gata conservan bastante íntegra su arquitectura popular. Prácticamente desconocidos, sorprenden al viajero, pues parecen sumergirle en alguna época remota de la historia.

Las calles de San Martín de Trevejo, estrechas y más o menos rectas, con edificios de igual altura, surcadas por un canal de agua o ribazo, se unen perpendicularmente con otras calles creando efectos de una enorme plasticidad y armonía. Las viviendas siguen las normas ya señaladas de la arquitectura de entramado: planta baja de mampostería y dos niveles superiores de igual vuelo, realizados con entramado de madera relleno de adobe. La solana aparece siempre retranqueada sobre el plano de fachada.

La distribución interna varía con respecto a las de La Vera y del Jerte. Estas viviendas se asemejan a las casas de piedra de otros pueblos de la misma comarca serrana: la planta baja lleva dos puertas, una ancha, aquí siempre con dintel de madera, que da a cuadra y pajar, y otra más estrecha y elevada, con escalones en la propia calle, que conduce a los niveles altos de la casa. Salas y alcobas se distribuyen en el nivel intermedio, y cocina y sobrados a tejavana en el último.

En una empinada ladera se asienta el pequeño y escondido pueblo de Robledillo de Gata. Sus casas se agrupan en torno a la iglesia que ocupa la parte más elevada del caserío. Robledillo es un pueblo muy diferente a San Martín de Trevejo, a pesar de la proximidad, tanto en su estructura viaria, acomodada a la irregularidad de la ladera, como en su arquitectura. Aquí, la casa al adaptarse al desnivel del terreno presenta en una calle tres o cuatro alturas, y en otra más elevada dos o, incluso, una sola altura. Teniendo en cuenta que el entramado sólo se utiliza en muros que están aislados de la humedad del suelo, observaremos que, en las casas de Robledillo, únicamente se usa en la última planta o para conformar las paredes que subdividen internamente la vivienda. Generalmente ese entramado es de montantes verticales y horizontales con un relleno de adobe que no se revoca, al igual que el resto de los muros que dejan al aire sus paramentos de mampostería pizarrosa. Como contraste,  los huecos llevan su perímetro revocado y blanqueado. Las solanas pueden aparecer voladas o retranqueadas disponiéndose casi siempre en la última planta de la vivienda. Los aleros son muy sobresalientes y pueden llegar a cubrirlas.

El espacio interior de la casa ofrece, asimismo, algunas novedades. La planta baja se dedica a cuadras (tan sólo para animales de tiro o cerdos) y para bodega. El segundo nivel se utiliza como establos para cabras. En el tercero, generalmente con entrada por una calle superior, se encuentra la vivienda propiamente dicha, con pavimento de tierra batida sobre madera. El cuarto y último nivel está ocupado por los sobrados dedicados a granero, almacén de patatas, sequero y a la cura de la chacina.


San Martín de Trevejo.
 

La Puebla de Guadalupe

Excepcional en muebos sentidos, Guadalupe lo es, también, por la arquitectura popular de su Puebla. Sus casas de dos plantas, con soportales en la baja y entramado de madera en la alta, rompen con el esquema constructivo de los otros pueblos de Las Villuercas. La Puebla muestra un tipo de arquitectura que algunos autores relacionan con La Vera de Plasencia. Así, Carlos Flores opina que «la semejanza que ofrece el pueblo de Guadalupe y su arquitectura popular con las tipologías de La Vera plantea la necesidad de que haya existido una relación directa entre ellos (...) Una hipotética relación entre los monasterios de Yuste y Guadalupe en la época en que los pueblos veratos poseían ya la estructura y el aspecto que hoy les caracteriza es la única hipótesis que podría apuntarse para explicar tal coincidencia». Probablemente, Flores olvida que ambas zonas, La Vera y Las Villuercas, son tierras serranas con abundante madera y que, lógicamente, al construir utilizan el material más abundante en la zona, Pero el hecho de que Guadalupe sea un punto aislado dentro de su comarca podría interpretarse como una reploblación temprana del lugar en relación con los de su entorno y la difusión en la Puebla de unas formas constructivas de clara raigambre medieval. Además, no debemos olvidar que la Puebla de Guadalupe a diferencia de los pueblos de alrededor, nace como resultado de la existencia del Monasterio que, como se sabe, es una extraordinaria muestra de la arquitectura mudéjar. Si al comienzo de este capítulo hemos vinculado la arquitectura popular de entramado de madera con lo mudéjar, cómo no relacionar las construcciones de la Puebla con la del Monasterio que le da origen. Los albañiles o alarifes mudéjares, que levantaron el monasterio, construirían también sus propias viviendas y cómo no iban a utilizar una técnica popular enraizada en su mentalidad artística. Por otro lado, la proliferación de soportales en la Puebla podría explicarse como el resultado de la demanda de un elemento arquitectónico con una clara función económica. Si Guadalupe era un importante centro de peregrinación, allí acudirían mercaderes y artesanos que pedirían la construcción de sus tiendas y talleres, en los que el soportal funciona como una ampliación de los mismos, pues en él se mostraban los productos tal y como hoy, todavía, pueden verse. No hay, por tanto, necesidad de buscar hipotéticas relaciones con una comarca natural lejana y con una arquitectura popular cuyo único parecido con la de Guadalupe es el mero uso de una técnica constructiva.


La Puebla de Guadalupe.


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