Arquitectura Popular de Extremadura

Juan Carlos Rubio Masa

 


VIII. A modo de conclusión

Las páginas anteriores han pretendido dar un apretado panorama de la arquitectura popular de Extremadura. Apretado porque en la corta extensión de este cuaderno nunca podría plantearse un estudio exhaustivo de esta manifestación cultural.

Podría señalarse que la arquitectura popular no acaba en la casa, aunque ésta sea una de sus expresiones más definidas. La existencia de toda una serie de construcciones (religiosas, como ermitas o cementerios, y civiles, como casas consistoriales, alhóndigas, molinos, alfares, puentes, etc) de marcado carácter popular no incluidas aquí, parece que dejan incompleto este breve estudio. Si de alguna manera ésto puede ser cierto, su exclusión se podría explicar no sólo acudiendo a razones de espacio, sino sobre todo apuntando a razones didácticas, pues de lo contrario alterarían de forma sustancial el planteamiento general de la obra.

La orientación del cuaderno hacia la casa popular viene indicada en el capítulo introductorio y apoyada en citas de estudiosos del tema como Norberg-Schulz y Bachelard y en los niveles de estudio planteados por Pierre George. Así, hemos ido seleccionando una serie de poblaciones, cuyas viviendas de alguna forma creemos son representativas de su comarca: lo que no excluye la existencia de otros modelos, o variantes de ellos. A través de su estudio planteamos la pervivencia de unos tipos generales repartidos por nuestra región, cuya forma y aspecto no dependen únicamente de su adaptación al entorno natural sino también a motivos socioeconómicos.

La pretensión de este cuaderno popular nunca ha sido agotar un tema excesivamente vasto y en cuyo análisis pueden intervenir varios puntos de vista. Sólo se ha pretendido que con su lectura se incite la curiosidad por un fenómeno cultural cotidiano, y a partir de ahí poder captar la importancia de la arquitectura popular: no sólo como definidora de un estilo de vida y una economía ya pasados, sino como portadora de una realidad material de carácter cultural, que necesita de ayuda para su conservación. A fuerza de ser cotidiana se la infravalora, y es frecuente el desprecio por lo que se considera «viejo» y su sustitución por formas foráneas, inapropiadas y muchas veces, las más. de pésimo gusto. Nuestra identificación como grupo humano dependerá, entre otros factores, de la conservación de esta arquitectura popular que es parte esencial del paisaje extremeño.

No quisiera terminar sin precisar que este estudio, como cualquiera otro, es fruto de la colaboración directa o indirecta con otras personas, que aportaron sus conocimientos para la conclusión del mismo. Quiero dejar aquí constancia de mi agradecimiento hacia Ángel Campos que, junto con Luciano Feria, Cándida Navarro, Celia Salvador y Manuel Andrades aportaron importantes sugerencias sobre los originales: a José Luis Rubio y Adela Navarro por su compañía durante los viajes; y, por último, deseo confesar mi deuda de gratitud hacia todas aquellas personas que amable y desinteresadamente me abrieron sus casas, me acompañaron por sus pueblos o me facilitaron información para realizar esta obra. Para todos mi reconocimiento.


Valencia del Ventoso.


Cuacos de Yuste.


Bodonal de la Sierra.


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